Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 oct. 2010

Texto 2.6

2.6 "Cada reacción biológica, cada diferencia de potencial electromagnética desencadena una actitud, y como consecuencia un vector de comportamiento, a la vez que define un paisaje en la memoria y en la consciencia. Pero si cada experiencia de acción está condicionada por el estado anímico, a su vez la situación emocional está condicionada por la postura y el movimiento. Naturalmente este matiz significativo fue tenido en cuenta por todas las culturas conocidas desde hace diez mil años. Todas las danzas rituales que acompañan a las doctrinas tienen la misión de alterar el estado de consciencia del acólito y aun del oficiante, y si están convenientemente diseñadas, lo consiguen."

22 comentarios:

M. A. dijo...

"Pero si cada experiencia de acción está condicionada por el estado anímico, a su vez la situación emocional está condicionada por la postura y el movimiento."
Del ancestral conocimiento de esta interrelación surgirían las danzas... y naturalmente, el yoga.

Siempre he tenido grandes dificultades para dar a entender (las pocas veces que me ha parecido pertinente) la eficacia real del yoga, que yo practico desde hace muchos años. Hace unas semanas se me ocurrió una imagen que podría resultar ilustrativa: imaginemos a una persona cuya principal preocupación a lo largo de su vida hubiese sido la de amasar dinero; imaginemos al típico avaro de los cuentos, tacaño, egoísta, inmisericorde. ¿No cambiaría en algo su mentalidad y su forma de encarar sus actividades de cada día si, todas las noches antes de acostarse, se obligase a sí mismo por ejemplo a permanecer diez minutos con los brazos abiertos, el pecho expuesto, las palmas extendidas? Intuitivamente todos sabemos que un gesto que se hace repetitivo acaba influyendo en la actitud mental del que lo hace, para bien y para mal. Nada es inocuo, todo deja su huella. Lo cual ya ha sido suficientemente demostrado por la psicología conductista.
Por supuesto, todo esto las distintas religiones también lo han sabido siempre, y de ahí que todas hayan diseñado y establecido unas determinadas posturas rituales para que sus seguidores hagan sus súplicas y expresen sus agradecimientos a su Dios. Evidentemente, cada una de estas doctrinas persiguiendo también el condicionamiento de sus feligreses hacia su propia filosofía social y política.

Con respecto a las danzas, se me ocurre decir que si las modas (tan superficiales, tan ajenas a las necesidades profundas de la sociedad y de sus individuos) sustituyen a los rituales, como sucede desde ya hace unos cuantos siglos, su influencia no puede ser nada positiva.

Afrodita dijo...

Todo está, por tanto, muy imbricado. Nada escapa ni está exento de verse modificado por todo lo demás. La actitud por la reacción biológica. La memoria y la consciencia, por la actitud y la reacción biológica. Llegados a ese punto, en el texto, nos encontramos con un “pero” que podría dar la sensación de estar conteniendo un algo de excluyente que rompería, como si dijésemos, la cadena; lo que hace, sin embargo, es llevarnos hacia atrás para enlazar la postura y el movimiento con el estado anímico y de rechazo con cada “experiencia de acción”.
Ahí me quedo un poco desconcertada porque he de reconocer que hay términos que no sé interpretar, y me gustaría que alguno de vosotros que tenga las cosas más claras – que es seguro que lo hay – tuviera la amabilidad de matizarme que ha de entenderse por “experiencia de acción”, pues yo lo asemejo con “vector de comportamiento” pero, al mismo tiempo, me creo que “vector” sería como el nexo, el elemento puente, entre la actitud y esa misma experiencia que estoy a su vez considerando “vector”. También puede ser que esté entendiendo “experiencia” en la acepción que en el manejo cotidiano se le da a la palabra de algo así como la constatación consciente de estar en posesión de un conocimiento y, a lo mejor, me digo también, “experiencia”, en el texto, no se está refiriendo a esa posesión sino a algún otro algo, más alambicado, que con independencia del hecho consciente, como si saltara por encima de él, va directamente a instalarse en la conciencia, aunque no sepamos que lo estamos teniendo, ahí, en nosotros.
En cuanto al movimiento, propiamente y entendiendo que es claro cuánto tiene de elemento tan condicionante como cualquiera de los anteriores – o no entendiéndolo en términos tales que si alguien me exigiese que explicase por qué o como lo entiendo no sabría hacerlo, pero sí aceptándolo sin mayor dificultad (que yo sepa) ―, al hilo de qué escribe M.A se me ocurre que así como el resto de los componentes de ese todo que nos conforma son, algunos, o muchos y a lo mejor todos, ajenos a la voluntad y nos irán modificando sin que pongamos intención manifiesta de cambiar ni podamos ejercer ningún tipo de control sobre ellos desde nuestro deseo, en el movimiento hay mucho de elegido libremente pero – y he aquí algo que es una verdadera lástima – el común de los mortales no tenemos ni idea de cuáles serian esos movimientos, tal vez muy sencillos, que nos pudieran resultar beneficiosos; y beneficiosos no en el sentido bobalicón que muchas personas adjudican al yoga al dar por bueno que su finalidad es tenerlo a uno muy relajado, como en una nube en la que todo está muy bien y muy en orden o, peor todavía, para adelgazar o mejorar del colesterol o de la artrosis, sino en el sentido mucho más universal de que según uno se vaya modificando (para bien, se entiende) los propios beneficios alcanzados redundarán a su vez en beneficio para todo y todos los demás.
Pero entre lo desprestigiado o al menos minusvalorado, de una parte, que ― por culpa de algunos cantamañanas que hay sueltos por el mundo y llaman de buena o de mala fe “yoga” a cualquier coseja parecida a una gimnasia (sin querer hacer de menos a la gimnasia; pero es que cada cosa es cada cosa y no otra) ― está el yoga y, por otra parte, lo del todo imposible que es que uno por sí sólo pueda saber qué movimientos (a veces muy insignificantes y casi imperceptibles tal vez , o muy sencillos) serían los que lo sacasen de estados o situaciones no deseables, me temo que muchos moriremos sin haber tenido la oportunidad de descubrir, ni aun atisbar, algo que parece estar tan cerca, tan ahí mismo, tan al alcance de la mano.

José dijo...

En este párrafo de estudio me vienen a la mente los conceptos de luz y movimiento. El asunto del "Centro" y los polos de atracción. En los ritos y los mitos se busca la luz, la sabiduría y el movimiento hacía esta.

La luz como centro del universo y el ojo como centro del hombre y a través de la "luz del oído" el ritmo. Los ojos miran hacía afuera y el oído escucha lo de dentro. El espacio de afuera y su luminosidad y el espacio de adentro en donde esta el ancestro y que unidos, quizás el destino. La luz que ilumina la consciencia, que abre espacios, que conoce.

Todo se relaciona con la naturaleza exterior e interior. Con el electromagnetismo que es movimiento.Las danzas rituales para atraer la lluvia, para cazar, para el ritual del amor. Todo esta en movimiento, cada respiración, cada pausa. Todo en búsqueda del ritmo a traves de la luz y del silencio.

Son pinceladas sobre un tema complejo y amplio.

Anónimo dijo...

Nada sabemos de las reacciones biológicas y de las diferencias de potencial que se producen en nuestro organismo en el momento en el que hablamos o actuamos y apenas tenemos clara conciencia de nuestras acciones y movimientos. Sí acaso de estos si nos detenemos en ellos... pero el problema es la conciencia. Ahora que nos cuestionamos el Yo, que no es más que una ficción ¿qué decir de la conciencia?. Si sometemos al cuerpo a una postura le adoctrinamos, es la instrucción pero si diluimos el ego le dejaremos que su ser se exprese de formas diversas y nada uniformizadas. La idea del conductismo es instrumentalizar el conocimiento al servicio de un modelo. Qué decir de las huellas mnémicas? no de las huellas psinápticas. Aún no se han localizado en el cerebro pero se sabe que existen.

Aquiles dijo...

Todos aceptamos sin más que nuestro estado influye en nuestras acciones, nuestros movimientos e incluso en la huella que nos deja cada acontecimiento. No hace falta mucha investigación para darse cuenta cómo cambia nuestra percepción de todo cuando estamos alegres o cuando estamos enamorados. Incluso nos movemos y actuamos de otro modo.

Sin embargo, nos cuesta más aceptar que también nuestras posturas y movimientos inciden en nuestros estados, a pesar de que sabemos que normalmente un camino puede recorrerse en los dos sentidos. Es decir, si desde el estado, desde las emociones, hay un camino que nos lleva directamente a las acciones y los movimientos, sería lógico pensar que desde éstos también se pudiera incidir en aquéllas. Esta perspectiva abre algunas interrogantes: ¿sería posible generar determinados sentimientos a partir de una determinada postura? ¿existen posturas o acciones que nos impulsan y otras que nos hacen cerrarnos sobre nosotros mismos?.

Si respondiéramos afirmativamente a esas preguntas ¿cómo podríamos saber qué posturas nos impulsan y cuales nos detienen?. Parece difícil estar continuamente pendiente de las posturas que adoptamos. Quizá lo más importante sea cobrar consciencia de la importancia del movimiento en nuestros estados y estar alerta para no aceptar sin más aquellas posturas que, ritualmente impuestas por un determinado modelo, normalmente sólo constituyen verdaderos frenos a la aventura del pensamiento.

Zascandil dijo...

Podría ser que el estado anímico nos venga, en parte, inducido genèticamente, propiciando la tendencia a adoptar determinadas posturas que ya están relacionadas con estados anímicos específicos.

Así, el texto me lleva a reflexionar en las actitudes con las que abordo situaciones o circunstancias en la vida, cómo elijo opciones, cómo tomo decisiones, en tal o cual sentido, cómo me conduzco...la conducta (curioso esto de conducirse a uno mismo).

Casi sin darme cuenta y de forma prácticamente automática la mente busca referentes y encuentra experiencias acumuladas (no sé ya si reales o imaginarias, el caso es casi siempre las hay), y como consecuencia me comporto ante las situaciones que se me presentan como si no fueran nuevas (que lo son), sino que como si ya tuviera una experiencia previa de ellas (cosa imposible, puesto que cada momento es nuevo).

Por otro lado, también me veo desplegando un impulso hacia una acción determinada buscando un efecto. Posiblemente, mientras llevo a cabo este proceso, estoy ya adquiriendo posturas de defensa o apertura, según los referentes que los estén condicionando, entre otras cosas.

Por ejemplo, entiendo que si me acerco a una experiencia que siempre va a ser nueva, con una determinada actitud postural, pongamos de repliegue, es que ya me acerco con miedo y me voy a perder muchas posiblidades de esa vivencia.

Quizás todo esto pueda entrar y analizarse dentro del campo de los estereotipos, còmo discernirlos, en cómo adquirir valor suficiente que sustente en el tiempo la voluntad de trascenderlos.

¿A lo mejor la atención a lo que sucede en cada momento facilitaría adoptar una postura distinta que ayudara a vivir de otra manera situaciones que creemos temer?

Atila dijo...

Era una niña y vivíamos muy cerca de los teatros de Madrid. En una ocasión fuimos a ver a Antonio "el bailarin", bailo un zapateado tan maravilloso que apenas se oía la respiracion de la gente aunque el teatro estaba lleno. El escenario era pobreton como todo lo de la posguerra pero el lo suplía con creces. El sudor le cubría la cara y al final lo hacia con los ojos cerrados. Cuando acabo la gente tardo en aplaudir pues todos estábamos hipnotizados. Claro que esta interpretación cambio nuestro biorritmos. Nos estaba entregando su arte, sudor, emoción, lo mejor de si mismo que esto los humanos si sabemos captarlo.
Lo mismo pasaba con Conchita Piquer: cuando cantaba con amargura, con despecho, con desilusión, con sentido del humor, toda ella se transformaba. El gesto cambiaba, sus ademanes, su cuerpo, las manos.
Ellos y otros entregaron a una España rota, triste y despreciada por los países por tener una dictadura pero que el fondo les convenía un arte, sentimientos y esfuerzo que a las personas les ayudaba a salir adelante.

José dijo...

Cuando M.A habla del tema de las posturas repetitivas, se me viene a la mente el movimiento de cabeza de los judíos enfrente al Muro Occidental, conocido como el de Las Lamentaciones. Menciono los dos nombres porque el visitante no judío puede interpretar los movimientos como una "mea culpa" o como una sujeción a una doctrina muy militante, cerrada y ortodoxa. La razón historica y religiosa es más amplia y que no viene a cuenta relatarla.

Esta apreciación podría valer para todas las religiones o suplicas. Por ejemplo lo llantos y los arrepentimientos cristianos en la tumba de Jesús, en la misma Jerusalén. El movimiento que podríamos definir como "eternamente apenado" .

Recuerdo también a las "plañideras" en los pueblos americanos que se contratan para llorar en las procesiones de Semana Santa o en los entierros. Repetir el llanto, "hacer teatro" y todo relacionado con movimientos repetitivos. Que, como dice M.A, crean conducta.

Incluso la definición de ritmo es como de algo repetitivo y es, aquí, en donde quiero hacer una inflexión que es, la de que, también el ritmo puede tener una connotación de liberación. Cuando M.A menciona el yoga y da el ejemplo del empresario que al distenderse puede "liberarse". Todo esto me lleva a pensar que el ritmo es algo, por lo menos, más espontáneo.

Enrique dijo...

Pudiera ser que la materia (y su equivalente, la energía) fuera el medio empleado por algo, que podríamos llamar ser o espíritu, para transformarse; y que la evolución tuviera lugar a través de la transformación de la materia misma, de su sublimación, empleando el lenguaje de la alquimia. Utilizar la danza, el cuerpo, la materia, para alcanzar el éxtasis, tal como pretenden los derviches giróvagos.

Lo cierto es que vivimos en un mundo de ritmos. El día y la noche, las estaciones, el año, la sucesión de las eras del Zodiaco, el latido del corazón, la respiración… son ritmos que se contienen unos a otros y en los que estamos incluidos. Son parte de una danza cósmica que, casi siempre, ejecutamos anacrónicamente; fuera de tiempo y de lugar.

Tal vez las danzas rituales fueran un medio de integrarse en estos ritmos, de encontrar los momentos y los lugares adecuados y ejecutar las posturas y movimientos necesarios para integrarse en el tiempo real.

José dijo...

Enrique, si el ritmo esta relacionado con el espiritu, podriamos afirmar que sobrepasa el espacio y el tiempo. Eso que llamas tiempo real es, de acuerdo a mi interpretación, la potencia que se vuelve acto. Pero siendo asi no sería repetitivo, por lo que el ritmo es, digamos, individual.

Goyo dijo...

Desde un estado seudo hipnótico, de pensamiento único, nuestras actitudes son repetidas una y mil veces, generando comportamientos similares, comportamientos de costumbre. …… La fuerza de la costumbre nos conduce a través de una continua repetición de estados anímicos sin que nada se inquiete en nosotros, proporcionándonos el argumento para aceptar ese modo de realidad y concebirla como única.
Unicidad en la concepción de la realidad, unicidad en el sentir de nuestro estado, y uniformidad en reglamentos éticos y legislativos para conseguir que no nos “descoloquemos”, que día tras día transcurran sin inquietarnos más allá de lo estimado como correcto. La fuerza de la costumbre es garante de la elementariedad de nuestros movimientos, y da continuidad a un sistema de formas de vida en el que el paso siguiente está anunciado antes de darse, pues es pronunciación monótona y de mucho monosílabo .
Todo adiestramiento conlleva movimientos fijos y repetitivos, y una satisfacción de premio que relativiza y minimiza el esfuerzo y sufrimiento empleados para su consecución. Cuando este premio está avalado por la ponderación del ego, por la multi-posesividad, por la satisfacción de lo consumido ( cuantos más mejor ), y la vanidad personal por haber conseguido metas, venciendo dificultades que otros no lograron, el futuro se vislumbra con claridad en un ser humano, y su dirección se define con el movimiento sugerido por el son de una marcha militar.

Acostumbrados a la luz tibia y ensordecedora de las autopistas, adiestrados a mirar en una única dirección para no salirnos, no hallaremos otra AUTO VIA en la que poder movernos a no ser que nuestros pies des-nudos sean capaces de estremecernos por los pasos no dados.

…… Acostumbrados a estas andanzas ¿ quién no necesita de Danzas apuntadas por Maestros ?

Es hora de que las ciudades anuncien un tiempo de movimiento abierto, danza de ciudadanos no uniformados que se muevan haciendo encarados guiños a la dama de la costumbre. Pues ésta es dama que cautiva con su monótona mirada y su sonrisa fija, y va acompañada por una procesión de incautos, que persiguen tocar los pliegues de su falda para que se repita continuamente el encantamiento de vivir el mismo momento anhelado.

Enrique dijo...

A José:
Yo no he dicho que el ritmo esté relacionado con el espíritu; sino que el ritmo es uno de los medios o las técnicas que se utilizan para aproximarse a él.

Tampoco he hablado de ritmos más allá del espacio-tiempo. No tiene sentido plantearse si en el más allá hay ritmos o no los hay;o si el ritmo sobrepasa o no el espacio-tiempo.

Cuando hablo de tiempo real, me estoy refiriendo a la percepción de todo lo que sucede en el instante mismo en el que sucede; pero siempre dentro del espacio-tiempo.

Todo está relacionado y cada cambio, por nimio que nos parezca, en la partícula más insignificante del lugar más remoto del universo, nos incide inmediatamente; aunque nuestros sentidos lo perciban después, si es que llegan a percibirlo.

Nuestra razón, que se nutre de nuestros sentidos, no funciona a tiempo real, siempre está desfasada. Cuando hablo de integrase en el tiempo real, estoy pensando en intentar que este desfase sea cada vez más pequeño; en seguir el ritmo o los ritmos de este Universo.

Anónimo dijo...

Goyo: ¡Olé!

Mandrágora dijo...

Leyendo este nuevo párrafo casi se podría decir que si uno está mal es porque quiere. Si se es capaz de no dejarse arrastrar por el pensamiento reiterativo y centrarse en la dinámica del momento, de generar una actividad física que produzca la oxigenación suficiente como para transformar el estado actual y, como dice el texto, de variar el estado emocional mediante la postura y el movimiento, parece irremediable abocarse a que si se venciera la tradicional frustración cultural que nos viene dada donde a la dificultad, es verdad, se le da más carta de naturaleza que a la facultad, nos encontraríamos con un estado de consciencia más saludable y con una capacidad para enderezar el timón sobre la marcha mucho más ágil.

Sin embargo, hay lastres, carencias, dolor, que parece acompañan a lo largo del recorrido por la vida sin que tenga visos de poder modificarse desde una actitud o un comportamiento previo. Se me ocurre el hecho de percibir, por ejemplo, parcelas y estadios de conocimiento atisbadas y no conquistadas; el vivir la infelicidad por no saber escapar de ciertas cárceles; el no encontrar premio y sosiego al reiterado esfuerzo supuestamente merecido… Son vivencias compañeras de viaje a las que uno se encuentra sometido frecuentemente, y aquí parece que las reglas de juego operan de otra manera.

Tánatos dijo...

Cualquier variación biológica nos afecta directamente al carácter y esto nos puede llevar a pensar que al ser reacciones que no controlamos “aparentemente” estamos sometidos al cuerpo. Como contrapartida se destaca que el movimiento del cuerpo y la postura puede ser por un lado represivo, como por ejemplo el paso monocorde de un ejército desfilando pero, por otro lado, el movimiento puede ser liberador como todos aquellos bailes que alteran la consciencia, que facilitan el aproximarse a ritmos diferente, que rompen la inercia del cuerpo acostumbrado a posturas defensivas o gestos cargados de “tics”llenos de miedos y obsesiones.

La armonía en la forma de andar, de expresarse, la plasticidad del cuerpo, delata el estado de una persona por mucho que se intente ocultar tras palabras elocuentes. El movimiento se puede educar y por tanto incidir desde lo exógeno a lo endógeno en el entramado bioquímico.

El movimiento tiene mucho que ver con la valentía, con ser capaz de romper con la mirada de los demás, es decir, con ese protocolo establecido por todos e ir en busca de un movimiento mucho más genuino, más acorde a nuestros ritmos, a nuestra sensibilidad.

Antipodas dijo...

¡Vaya! Yo que pensaba que el clero se había ido a dormir, y es que ahora se ha cogido el chitti chitti bang bang. ¡Qué desastre!

Por lo menos, esta vez no han venido lo payasos de la tele.

José dijo...

Enrique, es posible que estemos hablando otro lenguaje pero la interpretación puede tener varios caminos. Estamos hablando de movimiento que nos lleva, de alguna manera a la luz. Para explicarme mejor, podría decir que la luz es la fuente y que el movimiento es su resplandor. Para ser mas científico la expansión de sus ondas. En fin podríamos meternos en cargas y reposo, en electromagnetismo, etc. Pero, ciñendonos a lo filosófico se puede plantear lo infinito, el origen, lo atemporal y lo finito, lo perecedero, si queremos poéticamente lo que se puede apagar o encender.

Digamos que podemos estar apagados y que de repente nos iluminamos, que sentimos que coincidimos con ¨nuestro ritmo¨y vibramos de otra manera, que nos hemos cargado. Esa carga puede ser de una emanación lumínica. Y, al decir emanación proviene de algo, que quizás no podamos intelectualizar, lo percibimos. Bueno, tu hablas también de percepción, de alguna manera de misterio. Y es acaso el misterio finito o espacial?. Quizás no, parece que reconocemos algo más allá. Y ese ritmo que,al parecer, tu lo remites al ritmo ¨circum die¨, para mi tiene una referencia espiritual. En fin nos meteríamos en el alma, en la luz.

Manolo dijo...

“Cada reacción biológica, cada diferencia de potencial electromagnética desencadena una actitud”. Aparentemente, sin embargo, las actitudes que tenemos cada uno varían relativamente poco. De hecho, la reincidencia en determinadas actitudes y comportamientos típicos en cada persona son, creo yo, lo que define eso que llamamos la “personalidad” y el “carácter”. Ahora bien, da la impresión de que nuestras reacciones biológicas tienen una variedad mucho mayor que las actitudes y pautas de comportamiento que desencadenan. Algo habrá, entonces, que actúa de filtro, que selecciona y reduce las actitudes que podríamos tener, fruto de esa riqueza de reacciones biológicas, para quedarnos con las que nos son “típicas” en cada uno. Sospecho que ese filtro es una combinación de la educación y la influencia de nuestro entorno, de nuestros recuerdos, de nuestros miedos e inseguridades, y probablemente de más cosas. ¿Qué pasaría si no existiera ningún filtro, si todas las reacciones biológicas que se producen en nuestro organismo desencadenasen las correspondientes actitudes de comportamiento? ¿Seríamos más libres? ¿Más sabios? ¿Mejores, en definitiva? Suponer eso sería tanto como suponer que nuestra biología es una maravilla y que solo tenemos que dejar que se “exprese”. Sin embargo, nuestra realidad física, y por tanto nuestra biología, también tiene sus problemas, y a veces muy gordos. Creo, confío, que en alguna parte de nuestro funcionamiento existirá una “inteligencia” que, aunque sea a tientas, nos sirva para ir decidiendo sobre la marcha qué posturas, qué actitudes, qué matices de nuestra vida son las que nos convienen adoptar para ir creciendo en nuestra libertad y sabiduría. La cuestión, entonces, es cómo hacer crecer esa “inteligencia”.

Gaspar dijo...

Menciona el autor del texto, que las danzas si están convenientemente diseñadas por el oficiante, alteran el estado de consciencia del danzante y de él mismo. Así lo considero, y entiendo que la danza está íntimamente asociada al ritmo, hasta tal punto, que se puede decir de una persona según tenga o no esa aptitud, que tiene o no sentido del ritmo. Y es curioso que se identifique el ritmo con un sentido, cuando no es uno de los sentidos ortodoxamente reconocidos, aunque también según he aprendido ( que no quiere decir que lo tenga incorporado ) es uno de los sentidos por descubrir en el hombre.

Estoy convencido que una de las maneras de ampliar el estado de consciencia, puede ser el seguir las pautas de movimiento que te marque alguien con el conocimiento necesario. Sin embargo, es frecuente observar a danzantes moviéndose casi todos igual, con posturas impostadas que no transmiten nada porque sus movimientos son ajenos a su sentir, y que me recuerdan a esos caballos amaestrados del circo que se mueven al son del látigo. Por otra parte, entiendo que toda persona tiene un latir propio interno, quizás este ritmo esté más asociado a la esencia de cada persona que a su estado transitorio; y quizás también una herramienta para poder ampliar el estado de consciencia, pueda ser el tratar de moverse gesticular y actuar, conforme al ritmo interno que uno puede tratar de ir descubriendo.

Ulises dijo...

Sabemos que la tristeza, la depresión, el pesimismo y, en general, los estados en que el ánimo está bajo, no favorecen en absoluto la evolución de la persona, ni que pueda cumplir la misión para la que ha nacido. Deberíamos hacer lo posible para salir de ellos.
Nos dice el autor del texto que comentamos que, con posturas y movimientos adecuados, se podría influir en nuestra situación emocional y levantar ese bajo estado anímico. El problema está en que no sabemos cuales son las posturas y los movimientos adecuados para cada situación. Pero ¿es esto verdad? Yo creo que nuestra ignorancia no es total, que algo sí sabemos.
Si hacemos memoria de situaciones pasadas, veremos que sí tenemos algunas herramientas. Sabemos que en determinadas situaciones de bajo estado de ánimo ha habido posturas o movimientos que nos han ayudado a levantarlo. No hay recetas válidas para todo el mundo. En mi caso concreto me ha sido útil en algunas ocasiones salir a la calle y dar un paseo con marcha rápida, prestando especial atención al ritmo respiratorio. O, por el contrario, sentarme, relajarme y ver fotografías de momentos alegres, de cuando mis hijos eran pequeños, de cuando hicimos tal o cual excursión, de cuando conocimos a fulanito, ….
Pero el luchar contra los bajos estados de ánimo me parece tan importante, que no debemos limitarnos a la influencia benéfica de las posturas y los movimientos. Hay que recurrir a cualquier otro medio que nos pueda ayudar a superar esa situación. Por ejemplo: escuchar música alegre, enfrascarte en un libro que te enganche, buscar una compañía agradable, o pensar simplemente que, por muchos problemas que tengas, eres un afortunado si te comparas con esos niños africanos escuálidos, hambrientos y sin fuerzas ni para sacudirse las moscas que pululan por su cara.
Todo menos recrearte en tu estado depresivo. Si te esfuerzas por salir de él verás como, de una forma u otra, acabas recibiendo ayuda.

José dijo...

Estimado Gaspar, tocas un tema en el que yo he querido insistir en mis comentarios referidos a este tema y lo llamas "latir propio...asociado a la esencia de cada persona" . Más atras hablas del "sentido" del ritmo que refiere de nuevo a la esencia. Nos meteriamos así en que, quizas, es la "armonia" de los sentidos y se vislumbra el tema de la Estetica. Por otra parte, como tú tambien mencionas, algunas investigaciones dicen que se nace con el sentido del ritmo y, por ahora, se dice que se aprende en el útero materno.

Aquiles dijo...

Creo que todos sabemos intuitivamente cuando alguien adopta posturas que lo están acercando a su esencia. Todos hemos tenido la experiencia de ver a una persona que se mueve con naturalidad. Frecuentemente se trata de personas con las que se esta a gusto. Hay otras que adoptan posturas claramente impostadas. Todos podemos pensar en el ejemplo de los gestos típicos de ciertos políticos al dirigirse a sus audiencias.
Por supuesto la autenticidad de nuestros movimientos no solo incide en nuestro estado sino que también depende de el. Cuando estamos enamorados muy posiblemente nuestras posturas y movimientos sean mas libres, mas auténticos. Seria posible recordar nuestras posturas en momentos de felicidad profunda y tratar de repetirlas? O seria una impostura en cuanto no se corresponderían con nuestro estado? Parece claro que la naturalidad en la postura requiere la lealtad a nuestro yo profundo, no a nuestros estados. Por tanto creo que, siguiendo el planteamiento de Ulises, podríamos tratar de incidir en nuestros estados a través de ciertos movimientos liberadores traídos quizá de aqullos momentos en que nuestro espíritu fue mas libre.

Publicar un comentario