Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

15 jul. 2012

Texto 4.5



4.5 Parece indudable que cada idioma define fonéticamente, e incluso ideológicamente, una visión distinta del mundo aparencial, pero también de la poesía, el ritmo y del movimiento y de tantos otros matices de la conducta. Pero cualquiera que lo analice deducirá que, más allá de la explicación sintética del diccionario, cada persona tiene su propio idioma, porque cada significación vive en un ideograma distinto y toda palabra desarrolla el dibujo de un pictograma único en cada cerebro.

COMENTARIO DEL AVENTURERO

¿Utilizamos el idioma para comunicarnos o para ponernos de acuerdo?

Si yo hablo de “amor”, el que me escucha quizá entienda lo que pretendo expresar, pero lo que recibirá de mis palabras son los estímulos de su propia experiencia con el amor.

Nuestro idioma, de alguna manera, traduce nuestra experiencia, y nuestra experiencia es única. Sin embargo, en vez de potenciar la propia experiencia a través del idioma o el idioma a través de la experiencia, lo que hacemos es justo lo contrario. Nos pasamos la mitad de la vida (año arriba año abajo) intentando consensuar lo que cada uno entiende por “amor”. Intentamos ponernos de acuerdo porque necesitamos que el otro vea las cosas como nosotros. Necesitamos cómplices de nuestra realidad para que ésta se convierta en algo, efectivamente, real. Porque lo que está sólo en uno, por lo visto, no es fiable. Y finalmente conformamos la realidad según el número de adeptos. 

¿Por qué nos da miedo asumir que somos únicos?

Porque nos da miedo estar equivocados en nuestras percepciones, nos da miedo estar locos, nos da miedo estar aislados en una visión que, aparentemente, nadie más comparte. Quizá porque esa soledad implique descubrir que los caminos a recorrer son individuales y sólo podemos recorrerlos nosotros. Solos.

¿Pero no es mejor caminar solos guiándonos a través de nuestra propia experiencia, que caminar en masa guiados por una ficción consensuada?

Y de repente parece que el mundo existe tal y como lo conocemos porque todos nos hemos puesto de acuerdo en que el mundo existe tal y como lo conocemos. ¿Pero y si todos viéramos el mundo de otra manera? ¿Y si diéramos el paso de transformar lo que vemos sin necesidad de ser secundados por nuestro entorno? ¿Qué empezaríamos a ver si dejáramos de intentar unificar nuestras experiencias?

¿Qué pasaría si nos liberáramos de este agónico  y acogedor cautiverio? 

1 jul. 2012

Texto 4.4

4.4. La mayoría de las personas ven lo que quieren ver porque carecen de la capacidad de sorpresa de un idioma propio, un sistema que anime a su inteligencia a creer en sus escondidas posibilidades


COMENTARIO DEL AVENTURERO


La democracia debería ser un sistema que fomentara el pluralismo. Eso al menos dicen la teoría política y todas las Constituciones llamadas democráticas. Sobre el papel debería ser un modelo que favoreciera que cada individuo aportara su propia visión del mundo. La suma de visiones individuales crearía un vector del cual surgiría una voluntad general que alimentaría el espíritu de las leyes.


Obviamente esa visión ilustrada está a años luz de lo que ocurre en cualquiera de las modernas democracias. El poder de cualquier color aspira a crear sociedades homogéneas en las que todo el mundo piense exactamente igual.

Cada vez que en el sistema educativo se le dice a un niño que una cosa es así y que todas las demás opciones son erróneas se le están cercenando sus posibilidades de un pensamiento creativo y de un lenguaje propio.

Hace tiempo que la psicología ha señalado la importancia del idioma en el pensamiento. El hombre, por el momento, no conoce otra forma de razonar que no sea verbalizada, de modo que lo que no es capaz de expresar en palabras difícilmente lo concibe intelectualmente. Solo en ocasiones un rayo intuitivo cruza nuestra mente y nos da la sensación de que algo se ha resuelto. Es un mensaje limpio, sin idioma, que nos apresuramos a intentar relatar en palabras.

En este sentido tener un idioma propio significaría tener un pensamiento propio, una visión del mundo única. Cada uno enriqueceríamos el mundo con nuestra mirada individual.

¿Es posible una sociedad así o es precisa una mínima uniformidad? El maestro Confucio creyó en una sociedad unida a través de una ritualización profunda, que todavía hoy subsiste en China. Sin una mínima uniformidad y desde una visión auténticamente individual del mundo, los conceptos de tribu o de nación carecen de todo sentido. Según Gellner, "dos hombres son de la misma nación si y solo si comparten la misma cultura, entendiendo por cultura un sistema de ideas y signos, de asociaciones y de pautas de conducta y comunicación".

La idea de la desaparición de la Nación y de su envoltorio el Estado es sugerente pero difíl en un momento de la evolución de la humanidad en el que existen conflictos, desacuerdos y agresiones. Por ahora, parece necesaria una estructura organizativa que permita resolver esos conflictos, pero ¿es precisa la Nación como soporte ideológico de "unidad de destino en lo universal"? ¿Tienen sentido los nacionalismos con o sin Estado?