Textos recogidos del libro "49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO"
de Eduardo Pérez de Carrera publicados por el Aventurero.
Presentación
Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.
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1 jun 2010
Texto 1.19
1.19 "Desde todos los púlpitos se sigue predicando la igualdad; nadie habla de la necesidad de venerar la diferencia; desde la igualdad se busca la simplificación del pensamiento; y el mensaje único marca estos tiempos en que paradójicamente el hombre tiembla de emoción porque atisba o anticipa su identidad, pues no hay ningún dios ni ningún nada en la Naturaleza que haya hecho fotocopias."
15 ene 2010
Textos 1.9 y 1.10
1.9. "Hay algo que ya habían descubierto los hombres que han buscado la sabiduría en todos los tiempos: “los sentidos sólo abarcan una pequeña parte de aquello que se dice que existe”; hoy se sabe que el arco electromagnético que es percibido por los sentidos convencionales se limita a una mínima porción del espacio definido por la descomposición del arco iris."
1.10 "La capacidad del ojo humano llega a su máxima longitud de onda perceptiva con la vibración del color rojo, y la mínima con el violeta. Esta vibración micrónica del mundo físico está de manera constante definiendo el mundo que cada uno ve, que además, como sabemos, es diferente al de los demás. Cualquier vibración superior a la captación del ojo se escapa de la capacidad perceptiva de la consciencia, al menos así parece; allí empieza el infinito y misterioso campo de los infrarrojos; de forma similar parece ocurrir con las vibraciones inferiores al violeta, adentrándose en el espacio mágico de los ultravioletas. Decían los egipcios que el Sol anunciaba la mañana en rojo y se despedía por occidente, dejando en el crepúsculo, a medida que avanzaba hacia el fin de la Tierra, una manta violeta. De manera similar a la vista sucede con el resto de los órganos perceptivos que definen el mundo exterior."
COMENTARIO
Todo lo físico, lo fenoménico, es vibración; todo está en movimiento. Todo son ondas que se expanden hasta el límite del tiempo.
Dice la física convencional que la luz roja y la violeta, igual que sucede con todas las luces del arco iris y las demás radiaciones del espectro electromagnético, recorren el espacio-tiempo a la velocidad de la luz. Todas viajan a la misma velocidad pero todas son diferentes, cada una tiene su ritmo.
El rojo vibra con calma pero recorre largas distancias, mientras que el violeta tiene que vibrar muchas más veces para desplazarse lo mismo. Uno avanza con pasos largos y pausados, mientras que el otro viaja con pasos cortos y rápidos. Dos ritmos diferentes para llegar, a la vez, al mismo punto. Y entre ambos, el naranja, el amarillo, el verde, el azul y el añil combinan, cada uno a su manera, el espacio con la frecuencia.
El día comienza en rojo y termina en violeta. Como si todo se acelerara, a medida que el Sol se aleja de oriente, para compensar con rapidez lo que se pierde en recorrido.
Hay una compleja relación entre la luz y el pensamiento, una red todavía confusa de procesos en los que están implicados la glándula pineal, la melatonina (la hormona de la noche), la melanina, el calcio y la piezoelectricidad. Lo cierto es que pensamos diferente según la luz que nos llega, lo evidente es que necesitamos la noche para que el violeta vuelva a encontrarse con el rojo.
1.10 "La capacidad del ojo humano llega a su máxima longitud de onda perceptiva con la vibración del color rojo, y la mínima con el violeta. Esta vibración micrónica del mundo físico está de manera constante definiendo el mundo que cada uno ve, que además, como sabemos, es diferente al de los demás. Cualquier vibración superior a la captación del ojo se escapa de la capacidad perceptiva de la consciencia, al menos así parece; allí empieza el infinito y misterioso campo de los infrarrojos; de forma similar parece ocurrir con las vibraciones inferiores al violeta, adentrándose en el espacio mágico de los ultravioletas. Decían los egipcios que el Sol anunciaba la mañana en rojo y se despedía por occidente, dejando en el crepúsculo, a medida que avanzaba hacia el fin de la Tierra, una manta violeta. De manera similar a la vista sucede con el resto de los órganos perceptivos que definen el mundo exterior."
COMENTARIO
Todo lo físico, lo fenoménico, es vibración; todo está en movimiento. Todo son ondas que se expanden hasta el límite del tiempo.
Dice la física convencional que la luz roja y la violeta, igual que sucede con todas las luces del arco iris y las demás radiaciones del espectro electromagnético, recorren el espacio-tiempo a la velocidad de la luz. Todas viajan a la misma velocidad pero todas son diferentes, cada una tiene su ritmo.
El rojo vibra con calma pero recorre largas distancias, mientras que el violeta tiene que vibrar muchas más veces para desplazarse lo mismo. Uno avanza con pasos largos y pausados, mientras que el otro viaja con pasos cortos y rápidos. Dos ritmos diferentes para llegar, a la vez, al mismo punto. Y entre ambos, el naranja, el amarillo, el verde, el azul y el añil combinan, cada uno a su manera, el espacio con la frecuencia.
El día comienza en rojo y termina en violeta. Como si todo se acelerara, a medida que el Sol se aleja de oriente, para compensar con rapidez lo que se pierde en recorrido.
Hay una compleja relación entre la luz y el pensamiento, una red todavía confusa de procesos en los que están implicados la glándula pineal, la melatonina (la hormona de la noche), la melanina, el calcio y la piezoelectricidad. Lo cierto es que pensamos diferente según la luz que nos llega, lo evidente es que necesitamos la noche para que el violeta vuelva a encontrarse con el rojo.