"Cuenta la Biblia en su primer libro, el Génesis, que habiendo creado Yahvé la primera pareja, les bendijo diciendo: Procread y multiplicaos, henchid la Tierra, sometedla, y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la Tierra; llama la atención el sentido de propiedad que encierra el primer mandamiento divino, y desde su interpretación literal, que en la inducción hacia esa primera forma de consciencia la obsesión por someter y dominar haya sido uno de los pilares básicos de todas las culturas judeocristianas."
COMENTARIO
Quizás lo que este versículo del Génesis nos quiso transmitir fuese la responsabilidad que el hombre tiene sobre todo lo creado sobre la faz de la Tierra: tierras, plantas y animales.
Si interpretamos todo en su sentido literal, llegaríamos a la fatal conclusión de que Dios creó un ser acabado para que utilizara toda la Tierra y sus recursos según le conviniese.
Esto sería como pensar que nuestra primera forma de consciencia estaba ya conclusa. ¿Somos aún los herederos de aquel primer hombre y de su forma de interpretar la vida?
Este primer hombre engreído de poder y orgulloso por este legado divino se imaginó a sí mismo separado de un todo armonioso y centró su actividad y su creatividad en someter, poseer, dominar y a veces aplastar o destruir todo cuanto su mente era capaz de abarcar. Y todo esto según lo que él interpretó, permitido y animado por un mandato divino.
En esta interpretación aberrante del versículo puede que se esté definiendo solapadamente el origen del mal que tantas veces se plantearon las diferentes corrientes de pensamiento religioso o filosófico.
Puede que hoy el hombre desee imaginarse de otra manera, puede que desee reintegrarse en una visión global de toda la Tierra, pues no olvidemos que al primer hombre se nombró Adam y a la Tierra Adama. Es como si existiera un pacto secreto entre ellos -la Tierra y el hombre- que les propiciara una evolución conjunta.