Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 ene. 2011

Texto 2.13

2.13 "Por estos gestos, por la forma de mover las manos ante un vaso, de tocar la nariz ante una duda o de encajar las mandíbulas ante una decisión, algún analista de la conducta en la modernidad un psicólogo conductista podría atreverse a dibujar un mapa de carácter, podría incluso arriesgarse a deducir las causas de ciertos estados, manías o desviaciones sin sonrojarse, y hasta creyendo que curan y cubren una importante labor social. En la mayoría de ocasiones, el paciente ser humano conocido por su analogía con el Job bíblico estaría de acuerdo con los descubrimientos del experto y aceptaría sin dudar la conclusión de que es necesario que suba su nivel de autoestima, perpetuando con firmeza su inmutabilidad."

32 comentarios:

Manolo dijo...

Ni autoestima ni autoflagelación. Lo primero suele recomendarse como receta para salir de estados depresivos donde se practica en exceso lo segundo. Y como medicina coyuntural no me parece mal. Pero también recelo de esa propensión social al cultivo de la autoestima. Sobre todo porque, si te lo crees, te convierte en un ser satisfecho de sí mismo tentado de mirar por encima del hombro al resto de los mortales. Te anula la motivación para seguir cambiando.

De mi educación cristiana me quedó una especial predilección por la parábola de los talentos. Aquella en la que un padre dejaba a cada hijo un número diferente de talentos (se decía que eran monedas) y que, a la vuelta de su viaje, reprendía al hijo que se había limitado a guardarlos, en lugar de multiplicar su valor. Es obvio que cada uno nacemos con diversos talentos, unos más otros menos, pero siempre he entendido que el deber de cada uno es hacer crecer los que le han tocado en suerte. Desde hace un tiempo hago una lectura más amplia: no sólo se trata de los talentos que ya me funcionan; también hay que incluir los que están ahí, inadvertidos para mí mismo. Mis talentos son muchos más de los que yo imagino. Visto así, privilegiar la autoestima solo sirve para anular el impulso por desarrollar tus propios talentos. Sirve para quedarte como estás. Y encima felicitarte por lo magnífico que eres.

Creo, sin embargo, que los psicólogos (y antes los curas) pueden hacer un gran papel, si lo saben hacer. Siempre habrá gente que necesite en algún momento un sabio consejo para salir de su hoyo emocional. Pero, ni vale cualquiera para esa función (por muchos cursos que hagan) ni eso sustituye la responsabilidad que uno mismo tiene de multiplicar todos sus talentos.

Eolo dijo...

Y que tenemos sino el sujeto, dirían los filósofos decimonónicos, en su avance del espíritu renacentista.

“Así hemos de tratar al individuo, pues si no es sujeto, siempre ha de volver al acto de religión, del que tanto estamos luchando para liberarlo.”

Sujetando al sujeto, la filosofía resultaba demasiado elevada para la incipiente clase media, que por su carácter de medio ocre, no conseguía hacer suyas propuestas de un alcance supreterrenal. Había de nacer un nuevo oficio, mejor dicho, un antiguo oficio renovado por estas propuestas diferentes. El redimista de imprenta.

Impulsados por la ocurrencia vienesa, que por sus conocidos bollos y café calentito, habría de cubrir el vacío creado por la falta de conversación, con algunas nuevas temáticas que hicieran del acto algo más constructivo que de costumbre, ese sujeto empezó a jugar con las causas desconocidas, aplicando el paradigma causal de la razón ilustrada a los fenómenos psíquicos, que en la actualidad, al restringir el pitillo, pierde la poca fuerza creativa que habría que tener.

Me queda la duda de si Job era tan santo, o, si por el contrario, un obstinado que contempla pasivamente como el recorrido realizado por su sujeto era aniquilado sin acción alguna que lo limitara, aunque la contestación ya la dio C.G. Jung en su Respuesta a Job.

Por mi parte asimilar el carácter de sujetador, sostén, que todo humanista tiene introducido en los desarrollos de su actividad.

Qué talla era: ¿80, 100 ó 90? Contéstame cuando puedas Super Nanny.

Enrique dijo...

El conductismo, una de las variantes de la ley de la causa y el efecto, es uno de los refuerzos, o de las consecuencias, de nuestra forma binaria de pensar, de elegir repetidamente entre dos alternativas hasta llegar a una conclusión.

Pero, no es lo mismo la causa y el efecto que el acto y sus consecuencias. No es lo mismo concebir el mundo de una forma que de la otra; porque la consecuencia implica responsabilidad y la ley ciega, mecanicista o conductista, de la causa y el efecto parece que nos exime de ella.

Si nuestro estado es inevitable, si es la consecuencia de la desafortunada conjunción de nuestra genética y nuestro ambiente, ¿qué otra cosa nos queda que justificarlo?

Dentro de este juego de la verdad y la mentira, de lo justo y lo injusto y lo bueno y lo malo, la autoestima no deja de ser una forma más de juicio, de valoración de lo que uno se cree que es y de lo que uno se cree que hace, la absolución o la condena de cómo nos encontramos. Un juicio que juzga la sentencia de otro juicio; aquel que supuestamente han hecho los demás sobre nosotros.

Un juicio que se sustenta en la idea de que siempre se nos da menos de lo que merecemos, de que no tenemos aquello que se nos debe. Como si el mundo fuera un libro de cuentas en el que se anota lo que se pone y lo que, a cambio, se recibe.

Beucis dijo...

Estamos en el Nuevo Año; ha empezado la llama del sol a crecer; son días oscuros, que van abriéndose a nuevas esperanzas, dentro de incertidumbres y zozobras generalizadas. El hombre ha seguido, desde lo remoto, las huellas del héroe solar, que le ha mostrado el camino. Cristos, ungidos, nacidos en cada era para enseñarnos, para ayudarnos, imprimiéndonos carácter y fuerza. Cuando nuestros padres nos marcaban con la mano la señal de la cruz, nos decían: la primera en la frente, para borrar los malos pensamientos; la segunda .en el pecho, para borrar los malos deseos, después esos dedos se deslizaban al hombro izquierdo y de ahí, al derecho y marcábamos esa gran cruz que en nuestra imaginación, podía alargarse hasta el infinito, engendrando una esfera, símbolo del Uno y del Todo. Gran gesto, indeleble, que llegará a borrar manías, tics, gestos repetitivos.

Gestos, manías, es cierto, los tenemos, pero también somos portadores de la huella imborrable de Jesús el Cristo, con su mensaje de redención; al igual que el de Shiva, absorbiendo el mal del mundo; y el de Mitra, Zoroastro, Dionisos, Orfeo… Todos ellos portadores de ritos y gestos sagrados.

Al alzar juntos la copa, cáliz, grial, lleno de líquido que transmutamos por nuestra convocación, en sangre, en soma, en elixir de vida, bebemos envueltos por el ritmo y por la luz, y brindamos por lo nuevo, por lo desconocido, por el amigo que va a traspasar la puerta abierta por Jano y va a navegar por mares de cristal y violeta.

Es bueno también brindar por aquellos que leen este blog y por los que lo escriben, y es bueno desear que se rompan fronteras y vengan otros a compartir y a debatir, a decir sí y a decir no; pero a decir. Porque creo yo, que son tiempos en que debemos expresarnos y vencer timideces, abulias, dejar de ver los toros desde la barrera. A mi parecer, este libro que comentamos es difícil, pero tratamos de leerlo, llegar a los textos, dar opiniones que nos cuesta expresar, pero que, una vez hecho el esfuerzo con humildad y osadía, por lo menos se ejercita un músculo de responsabilidad y de compromiso ante nosotros mismos.

En la epopeya india del Mahabbharata, Arjuna, el gran guerrero, no quiere presentar batalla como es su deber, le horroriza las consecuencias de la acción. Entonces Krishna le da la suprema lección que un discípulo puede recibir de su Maestro, en el Bhagavad Gita se le exige empezar la lucha y consumarla hasta el final, con independencia del resultado; sin anhelar la victoria; sin temer la derrota.

Sísifo, el rey astuto y engañador, elude la muerte, se burla de los dioses. Es castigado por ellos a subir una piedra a la cima de una montaña, una vez y otra vez. Y otra vez y una vez la piedra vuelve a caer, hasta que piedra y hombre se transforman, llegan a ser lo mismo y en esta ascesis, hombre y carga se funden y son distintos en cada instante. Es la doctrina que Krishna enseñó a Arjuna y que este olvidó, y que Sísifo el hombre, el héroe, hace suya, y admitiendo y abrazando su carga, logra evadirse del sufrimiento y alcanza la felicidad. Llega a amar el trabajo, sin esperar recompensa; liberando trabas, es decir, ejerciendo la No Acción, camino del hombre para llegar a ser dios.

Es difícil quitarnos ritos y acomodos de rutinas, y amar lo desconocido que cada instante nos brinda, pero es un reto. ¡¡Buen Año¡¡, ¡¡buena Página en Blanco¡¡

Pulgarcita de tardío despertar dijo...

A Beucis

Gracias por tu bello comentario

Teapot dijo...

Un día conocí a una conducente. Tenía mucha ornamentación a su alrededor. Era una conducente actualizada y en su sitio. Cuando hablaba, la conducente es posible que se dirigiera a un auditorio imaginario en el que probablemente en una de las filas estuvieran los gesticulantes. Así eran las cosas. Las conducentes trabajan para auditorios comunes.

Gustaba de la palabra autoestima. Como buena conducente no se detenía en lo sentido.

Algunos de los gesticulantes comenzaron a seguir sus credos y uno estalló un globo en la cara de otro, después le piso el dedo gordo y luego le quitó el bocadillo de a mediodía.

Otro gesticulante se cambió de país pero dicen que desde su nuevo lugar guiña mucho un ojo y frunce la nariz. Eso es que no se leyó el tema 4.

Hay dos de sus gesticulantes que ahora caminan por la Gran Vía poseídos de autoestima en cantidades ingentes y, la verdad, ahora gesticulan poco. Son hieráticos pero no gesticulantes.

Publicaron ayer en Internet que, oh pena, ninguno de sus gesticulantes entiende por qué todavía les lloran los ojos, la nariz y el estómago cuando escuchan un violín, es un gesto que no consiguen vencer. Cáspita. ¿Creerán los paseantes, viandantes, habitantes, cantantes, amantes, que se les escapa la autoestima cuando suena Re? Simplezas de conducentes.

DesvariadaIrracional dijo...

Hola en realidad en ese post que hize referencia a leyes de la espiritualidad no fue aludiendo a alguna religión,sino como filosofía de vivir mejor.
Igualmente si soy católica prácticante pero no me se todo de memoria.por eso mismo,este post es algo autonomo que estas escribiendono?.
Y comentando algo a lo que escribiste que creo que no entendi muy bien.El señor nos dio inteligencia por lo cuál nuestra decisión tener autoestima y humildad cuando se debe y cuando no,mejorar nuestras cualidades,etc.
Saludos y Feliz Año Nuevo!.

Nada original dijo...

Bozales y dogales de lujo en todos los tamaños y gran variedad de diseños. Con ellos usted se sentirá un amordazado diferente.
Guerra a la vulgaridad, ¡¡¡claro que sí!!!

Atila dijo...

Una persona que para mi gusto era de las personas mas egoístas que he conocido me comento muy contenta que había ido a un conductista que entonces gozaba de mucho prestigio y este le dijo:
-Ya va siendo hora que pienses un poco en ti y no tanto en los demás-
-¡Valgame Dios!, pensé para mis adentros-
Estos conductistas modernos te convencen que lo primero eres tu y que el resto de las personas se arreglen. Pasan al "yo,mi me, conmigo", encantados de haberse conocido. No se trata de que te sientas como un gusarapo siempre ni mucho menos pero tanta autoestima es inaguantable.
En las revistas salen las señoras mas elegantes por orden, entonces se pone el peinado de la primera de moda. El otro día por ejemplo leí:
-La mujer de Beckham ha cambiado de look, esta vez lleva un bolso cuadrado que le ha costado no me acuerdo si eran 5000 o 50000 euros. Seguramente ahora todas según sus posibilidades se compraran el bolsito cuadrado.
Nunca se publica o muy de pasada que Ana MARIA MATUTE DESPUES DE 25 años volvió a escribir y acaba de entrar en la Real Academia de la lengua o de una mirada limpia de alguien en un acto social.
Una vez en Oxford me comentaban de chicos que iban en bicicleta:
-Ese es hijo de un premio novel o de un catedrático. No iban bien vestido pero si con cierta elegancia, sacaban los trajes de sus antepasados no demasiado lustrosos porque lo de las vestimentas de marca porque esto era un signo de vulgaridad.
Un día una amiga del colegio me invito a comer a su casa, aquella tarde no teníamos clase.
Había una mesa muy larga eramos bastantes, pues en aquellos tiempos existían muchas familias numerosas, incluida la abuela paterna y en la cabecera se sentó el padre al como de costumbre fue servido el primero incluida la abuela paterna. Con el tiempo y lo que me contaba mi amiga aquel hombre debía ser un bipolar y aquel día llego en son de guerra, una de las hijas estaba justo enfrente y sin motivo le dijo que le enseñara los dedos (se comía los padrastros). La pobre iba sacando uno a uno todos estaban bien y suspiramos aliviados pero faltaba el ultimo el padre la obligo a ponerlo encima de la mesa y este si estaba herido, el padre la mando a la cocina después de un bofeton, nadie rechisto, a mi aquel señor me pareció siempre encantador porque los días de euforia era divertidisimo.
Lo que me sorprendió es que al final de la comida que se me hizo interminable la madre le pidió a mi amiga:
Por favor tu que le haces tanta gracia a papa,vete al despacho y dale coba, eso es lo que le quitara el mal humor.
Fuimos a verlo, su gesto hosco echaba para atrás pero las dos dijimos que encontramos a un señor por la calle amigo suyo y que como lo había ponderado El señor que era portugués y muy fino cuando nos vio se quito el sombrero y siguió su camino.
La cara del padre empezó a cambiar y nos hizo explicarle todas las alabanzas varias veces. Yo ayudaba a mi amiga y añadía alguna mas.
Nunca he vuelto a hacer esto mas en mi vida.
:

Eco dijo...

El comentario de Manolo me sugiere algunas reflexiones:

Un psicólogo no es en absoluto un consejero, lo cual no quita que en determinadas circunstancias, se decida a aconsejar, pero esa no es su función. es más, el hecho de aconsejar, puede incluso desviarle de una de las tareas fundamentales que es -al menos en gran parte de las intervenciones psicológicas-, la de favorecer la introspección, es decir, la capacidad de mirar hacia dentro. Se parte de la base de que si se dan las condiciones adecuadas, nadie mejor que uno mismo para descubrir que es lo que tiene que hacer.

La comparación de un psicólogo con un cura, podríamos entenderla desde la perspectiva, de que en el mejor de los casos, ambos se colocan en situación de escucha activa, exentos de juicios de valor. Sin embargo, mientras que el cura nos incita habitualmente al acto de contrición, y a reparar la conducta casi exclusivamente a través de la penitencia, el psicólogo utiliza técnicas que nos llevan no sólo a darnos cuenta de lo negativas que pueden ser nuestras acciones -y por supuesto nuestras inhibiciones-, tanto para nosotros como para los demás, sino que también nos invita a responsabilizarnos de la necesidad de superar nuestros temores,de tomar contacto con nuestros recursos -talentos- y, en definitiva, de crecer como personas.

Un psicólogo cuando ejerce la psicoterapia, puede limitarse desde la modificación de conducta, a intervenir para erradicar un síntoma (son los psicólogos conductistas a los que alude el párrafo que analizamos), o puede, desde una orientación dinámica, percibir al paciente holísticamente, como un individuo en proceso, proponiéndole una tarea que no sólo tenga que ver con realizar cambios en su modo de actuar, sino que más allá del carácter -del "yo es que soy así", esté relacionada con el descubrimiento de aspectos mucho más esenciales de su personalidad.

Ampliar la perspectiva -rompiendo la visión dualista-, cuestionar los sistemas de creencias, ganarle terreno al inconsciente para conquistar mayores grados de libertad, es parte de la complejidad del trabajo terapeútico.

Miguel Ángel diferenciaba la vía de porre, propia de la pintura, de la vía de levare, que es la que caracteriza a la escultura y que consiste en ir esculpiendo la materia, hasta desvelar la figura que encierra. Esto significa que Miguel Ángel no creó el David o el Moisés de forma totalmente consciente, se limitó a descubrir el alma que palpitaba en el interior de la piedra. Así, podría decirse, que un terapeuta, cuando trabaja desde la inspiración, va poco a poco levantando resistencias, desvelando la psique, el alma que se agazapa tras los miedos y sus defensas. desde la vía de porre, traza líneas donde anteriormente no han sido trazadas, pone en valor los contenidos del paciente y resignifica su historia; a menudo expone sus propias percepciones y emociones, sobre todo, cuando la imaginación y la expresión emocional del otro están bloqueadas. Se trata, en última instancia, de que en el aquí y el ahora de la sesión, se produzca un acontecimiento sin objetivo, propiciando el encuentro, dejando el yo es suspensión, actuando como canal, para que la vida fluya.

Eco dijo...

El terapeuta actúa con frecuencia como un espejo, -espejo que en la sesión se transforma en bidireccional e intersubjetivo-, donde no sólo se refleja lo aparente. Si por elevar la autoestima entendemos el "estar encantado de haberse conocido", y el decidir que si volviera atrás "no modificaría nada de lo hecho hasta el momento", estaríamos haciendo un análisis muy simple de la dimensión de la persona. En cambio,si la autoestima no la interpretamos como una inflación del ego, sino como un cesar en la realización de conductas autodestructivas, y como un respeto profundo a nuestras potencialidades y a nuestra capacidad de reparar y de redimir el pasado, entonces estaríamos hablando de una cualidad que no nos coloca en una posición de inmutabilidad sino que, desde una perspectiva de proyecto, nos impulsa hacia una actitud más amorosa hacia nosotros mismos y, por ende, hacia los demás.

Afrodita dijo...

Son, esas que tanto se cuidan de su autoestima, personas que suelen alardear de darse mucho a los demás, de ser muy generosas y desprendidas, personas que dicen muy cargadas de razón “tengo que quererme más a mí misma”.
Una se queda un poquito perpleja preguntándose “¿Cómo… Más todavía?”.
Y ganas dan de sugerirle —pero Dios la libre a una, en su supina ignorancia {la de una, no la de Dios, que obligado estaría a hacer seres humanos un poquito menos tocinones… (y esta vez no lo digo por una sino por la cuidadosa de la autoestima, que no sé si no me estoy liando malamente entre paréntesis y corchetes ni tampoco, además, si a la hora de pegar esto en el blog lo de los corchetes va o no a funcionar)}, de tomarse tal licencia — que se quiera más, mucho más y sin reparar en gastos, aunque, eso sí, también se sugeriría “pero, chata, ya que te quieres que sea por lo menos bien”.
No sé si ha quedado claro con tanto trajín de guiones, corchetes y paréntesis.

Eolo dijo...

Hoy el paisaje no tiene contrastes,
hoy las piedras cesaron el parloteo intrascendente,
hoy las violetas son erizos de rojo,
hoy las barcas se sumergen y aguantan la respiración,
hoy las lágrimas saben dulce,
hoy los dedos quieren gritar y las antenas alcanzan el cielo,
hoy el eco, ridículo, no sabe dónde mirar.

Ayer el mar batía con fuerza porque estaba de fiesta,
ayer la puerta sonreía sintiéndose desnuda y tímida,
ayer el círculo lo hacías esferas,
ayer la mañana, la tarde y la noche eran hermanas guiñosas,
ayer tu voz eran los poros del silbo alegre del aire.
Ayer se quiso fugar con el tiempo a jugar con nosotros.

Mañana tu abrazo será nuestro manto,
mañana serás la médula de mi espina,
mañana las fuentes dejaran de ser cristal,
mañana tu voz será el sonido de mi pisada,
Mañana tu victoria convertirá el valor de mi fe.

El amor que repartiste se hace cosmos, y el misterio se torna virgen.

Divina tu caza, esperaste a los tres para marcharte con la charla de los caminantes celestes, no dejaré que el ilustre combate cese su fragor.

Afrodita dijo...

Eolo, qué poemas tan bonitos escribes.

Ulises dijo...

Destaca el autor la facilidad con que, en general, se suelen aceptar los descubrimientos del experto y aceptar sus conclusiones. En el texto que comentamos esta afirmación está referida a un campo concreto, al de la psicología conductista; pero con toda facilidad podría aplicarse a otros muchos campos.

Yo recuerdo, hace ya bastantes años, cuando el hombre llegó a la Luna y el prestigio de la NASA estaba en su cúspide, lo corriente que era en los medios de difusión o cuando en una discusión alguien quería aportar un argumento definitivo, que dijese: ésto lo han demostrado los científicos de la NASA. Era algo así como el “magister dixit”. No cabía duda, el argumento era irrefutable.

Sin llegar a ese extremo, es sorprendente la fuerza que todavía tiene la afirmación de que algo está “científicamente probado” y la ligereza con que se utiliza esta expresión. Es irritante ver como en la enseñanza, incluso a nivel universitario, se dice que están científicamente probadas muchas afirmaciones, que en realidad son solo teorías o hipótesis. Y ni digamos ya en el campo de la propaganda. Cuando se quieren destacar las excelentes propiedades de un nuevo producto, por ejemplo, de una crema que quita las arrugas de la cara, la coletilla de que está científicamente probado debe ser bastante eficaz, a juzgar por la frecuencia con que se emplea.

Pero el hecho real es que, cuando se profundiza en la mayor parte de las afirmaciones de los “expertos” en cualquier rama del conocimiento, se da uno cuenta de lo endebles que son los pilares en que se apoyan y que sus conclusiones no deberían ser aceptadas con los ojos cerrados, porque con frecuencia se equivocan. Que el desconocimiento que tienen los “expertos” del mundo que nos rodea es casi tan grande como el que podamos tener nosotros. No los pongamos en un pedestal, que en general no lo merecen.

M. A. dijo...

"La dulce abuelita resultó ser un lobo feroz. Quienes dirigen el mundo no velan por nosotros: buscan su propio beneficio. Nos acechan empachos, fríos y calores más perjudiciales que aquellos de los cuales nos alertan. Aprendamos desde pequeños los riesgos y la dicha de ejercer la libertad y el compromiso. No podemos seguir pensando que “otros” –pongan el nombre que sea– arreglarán nuestros problemas. Somos responsables de su solución. Como adultos. Porque papá es un lobo para el niño."
Esta cita corresponde a un artículo de Rosa María Artal ("La sociedad infantilizada")que he leído hoy mismo en El Público. http://goo.gl/mJZvB
Así es, los que se supone que velan por nosotros, por nuestra salud (mental, pero en muchos aspectos también física --no es fácil definir el límite entre una y otra--) tienen en realidad la misión de integrarnos, de devolvernos con los mansos al rebaño. Sin pelear, sin sufrir, sin dejarnos enfrentarnos a nuestras propias limitaciones, y encima convenciéndonos de que así está bien, de que, si nos conformamos y sabemos valorarnos adecuadamente, podremos ver cómo resplandecemos en nuestra mediocridad.

Narciso dijo...

Eco, desde tus afirmaciones no acaba de entenderse qué es un psicólogo, si un chamán capaz de interpretar el alma del otro, un gurú que suspende el yo del otro en el aire, o un artista que saca del otro lo que lleva dentro.

La verdad es que Hegel y Schopenhauer andaban peleados, porque teniendo el primero gran reconocimiento social reafirmando el refinamiento de la razón, el segundo afirmaba que el mundo existe como voluntad del Ser y representación de esta. Los herederos del primero montaron la psicología para defenderse del inconsciente, como tú bien indicas que hay que hacer como el resto de psicoanalistas, los del segundo entendieron por Nieztsche que el alma humana es esencialmente inconsciente y solo a través del ánimo volitivo era posible la trascendencia, que no la curación terapéutica.

El autor, me parece, que no está criticando solo al conductismo, sino la arrogancia de los psicólogos al adoptar un entendimiento del alma humana que no tienen, ni siquiera todo el cuerpo teológico de los curas. Con todo respeto.

Goyo dijo...

No sé si atreverme a afirmar que todos somos capaces de reconoce las manidas manías que nos habitan y particularizan, y que junto a la impronta del carácter nos proporcionan signos de identidad. … Pero, ¿ hasta dónde llega nuestro parecer sobre su alcance, y cómo considerar la limitación que nos impone en el juego de libertades ?, y ¿ por qué derroteros transcurren las propias autoestimas, que por ser muy nuestras, de nuestra pertenencia identificativa, las queremos tanto y somos capaces de guardarlas con puerta de siete cerrojos ?

Conocí un pueblo, como tantos otros, en el que todo el mundo parecía tener muy claro qué hacer, qué decir, qué juzgar y hasta qué sentir. Desde sus tareas de labranza de campo, o de pastoreo de ganado, hasta los pareceres de opinión, era frecuente oír decir a aquellas personas en voz alta y con alzadas manos : - “¡ Pero, ¿ me vas a decir, tú a mí, cómo es esto ? !”
Una vez viví en un pueblo, parecido a muchos otros, en el que casi todos juzgaban a todos, y cada cual hacía lo que se le venía en gana; y al preguntar por qué fulanito tenía un comportamiento tan bruto, o por qué menganito caminaba “pa-tras” , te contestaban sin ningún asomo de duda, con tozuda rotundidad : “ - Es que ése se parece a su agüelo, qué le vamos hacer ; y el otro es igualito al tío Juanangel, que hasta que no se despeñe como él, no va parar. “ … y ahí concluía el asunto, no cabían más opiniones en el cerrado y maniático reduccionismo de autoafirmación de quien se lo sabía todo y no ignoraba casi nada.
En aquel lugar sentí que cada uno podía hacer lo que se le ocurriera y antojara, por ser hijo de quien era, y haber nacido en aquel sitio; por ser de “su pueblo” le serían permitidas todas sus “cadaunadas”.
Hiriente y desquiciadora permisividad la de las tradiciones culturales que amparan la repetición maniática, y los actos de autoestima superlativizados, por el mero hecho de “ser suyo”.

No lejos de ese pueblo, en un lugar sin definición por carecer de fronteras, también conocí a una entrañable persona que, sin necesidad de patria, un buen día logró desterrar de sí la autoestima . Con su “acción de trabajo” me transmitió que no es la hábil contundencia de la fuerza, con la que una y otra vez puede esgrimirse la espada, en habituada forma identitaria, la que proporciona al héroe su fortaleza, sino la entrega en la acción cuando se abre el corazón al sentir del amor.

Eco dijo...

Querido Narciso: ¿Como no hacerme eco de tus palabras? A menudo cuando escribimos, no nos damos cuenta de que quizá no nos estamos explicando con la suficiente claridad y no nos percatamos de que posiblemente estemos generando malentendidos.
Intentaba dar a entender, que el psicólogo, cuando llega a ser realmente terapeuta -y pienso que algunos, en algunos momentos, lo logran-, es cuando entra en un estado de inspiración que lo convierte en artista -nada de chaman o gurú-, tan artista por supuesto, como podemos ser cada uno de nosotros, cuando conseguimos dejar el yo en suspensión, es decir, cuando más allá de juicios y prejuicios,somos capaces de percibir al otro, tratando de comprender con la mayor complejidad posible y ojalá, con la mayor limpieza posible, la situación por la que atraviesa.
Creo que se podría hablar de arrogancia cuando el psicólogo da por hecho que por entender (entre comillas) junto con la otra persona, algo más del porqué está actuando o sintiéndose de una determinada manera, ya diera por hecho que comprende a la persona en su totalidad y por supuesto, que sabe mejor que nadie lo que le conviene.
No creo haber indicado que haya que defenderse del inconsciente, sino ganarle terreno, que es desde mi punto de vista, la forma de ampliar la consciencia y por tanto de ser más libres.

Afrodita dijo...

Eco, ni punto de comparación con tu primer comentario (5 de enero de 2011 19:08) lo infinitamente más claro y convincente que te ha quedado este.
Añado, o puntualizo y a modo de duda (en absoluto de afirmación), que... ¿no será el inconsciente el que está en posesión de la verdad que desde el consciente ignoramos?
¿No sería lo acertado el cederle terreno en lugar de ganárselo?

Eco dijo...

Afrodita: tratando de responder a tu pregunta, me gustaría aclarar, que cuando hablo de ganar terreno al inconsciente, estoy hablando de aumentar nuestra capacidad de consciencia, que en definitiva, supone aumentar nuestro nivel de atención, de conocimiento y de comprensión, es decir, ampliar la realidad subjetiva en la que cada uno nos movemos.
Actualmente se dice que la información que nos llega a través de los órganos de los sentidos, es más de 11 millones de bits por segundo y la información que es capaz de registrar la consciencia, es aproximadamente de 16 bits por segundo, todo el resto es inconsciente.
No se trata en absoluto, de que el inconsciente sea menos relevante, sino de que si conseguimos ser cada vez más conscientes de nuestros procesos inconscientes (en esto creo que acertaba de pleno el tan denostado Freud), estaremos desarrollando mucho más nuestras capacidades, y estaremos menos condicionados para poder elegir, ya que gran parte de lo que está oculto, de aquello que ignoramos, nos puede estar influyendo negativamente, y lo podemos transformar, a partir del momento en que lo descubrimos.
Cuando hablo del descubrir, del darnos cuenta, no me estoy refiriendo por supuesto, sólo al plano racional.

Narciso dijo...

Simonianistas, Nicolaístas, Judaizantes, Gnosticistas, Marcionistas Montanistas, Adopcionistas, Mandeanistas. Monarquianistas, Nestorianistas, Apolinaristas, Arrianistas, Puristas, Docetistas , Presbiterianos, Patronistas, Metodistas, Pentecostalistas, Luteranistas, Hermandades de Cristo, Puritanistas, Cuáqueros, Revivalistas, Santidanistas, Cristianos de los Santos, Adventistas del Séptimo Día, Calvinistas, Testigos de Jehová, Evangélicos, Catecúmenos y Neocatecúmenos, Carismáticos, etc.

Todos ellos y sus creencias religiosas son un pequeño ejemplo de la búsqueda de la trascendencia a través de las conquistas de los territorios del inconsciente, y eso solo los de dentro de la Iglesia católica considerados como no heréticos. Cada uno con sus ritos, métodos, ejercicios y pláticas, que han sido y son considerados por cada uno como los válidos y absolutos, para tal realización.

¿Dices conocer la manera en la que conquistar terreno al inconsciente y ampliar la consciencia?

Afrodita, también, pone el dedo en la llaga cuestionando si debemos cederle terreno o conquistárselo, y me parece muy honesto que se lo pregunte, porque los procesos de iluminación narrados por diferentes personas en la historia, simplificando, hablan de unos primeros pasos en los que hay que dejarse llevar por el inconsciente, posteriormente purificarse, luego concienciarlo, y por último redimirse.

La verdad, me parecen muy bien intencionadas tus explicaciones, pero no acabo de creer la mística con la que se quiere envolver a la psicología. ¿No serás del gremio?

Retama dijo...

Reconozco tristemente la limitación de mis sentidos, en estos días, como en todos, unos vienen y otros se van, solo soy capaz de darme cuenta de la importancia de tales acontecimientos, cuando llegan a ese pequeño espacio de percepción de mis sentidos. Unos vienen con el juramento de olvido dado, con la responsabilidad de una nueva aventura que les permita redescubrir lo olvidado, otros se van con un trabajo realizado, con una serenidad y una generosidad determinada. Pero estoy convencido, y no se porque, que el trabajo continúa en los dos estados, creo que tiene que existir una Ley impresa en alguna parte aún más sutil que las células, que nos impulsa a descifrar el misterio del por qué y para qué de Todo.
En fin, quiero desde este blog, dar gracias a todos ellos, a la vez que les pido que disculpen, si es que fuera posible, mi falta de sensibilidad, de consciencia y de no sé cuantas cosas más, por su voluntad de viajar aunque a parajes tan distintos, pero con la misma generosidad, entrega y valentía, para gentes como yo podamos seguir buscando.

Y gracias a Eolo por sus Reyes.

Afrodita dijo...

Está bien, Aventurero, eso de que la presentación aparezca junto a cada nuevo texto, así el que llegue por primera vez entiende en seguida de que va la cosa. Creo que es un acierto.

Eolo dijo...

Dudo que me conozcas, Retama, aunque no sé quién eres. Lo digo porque no he hecho ningún regalo en Reyes, que no me tocaba.
Hay otro que se llama como yo en los boy-scouts, e igual me confundes con él. Escuadra “Los Flechas Negras Almogávares”, parroquia de San Martín de Porres. También sé de otro en una Escolanía que me parece que empieza por pé, algo así como Escolanía “Los Pitufines”, me parece. Un saludo.

Afrodita dijo...

Es que a mi me parece, Eolo, que Retama se está refiriendo a tu poema del día 6.

Retama dijo...

Veras Eolo, solo pretendía dar las gracias a la persona que escribió ese poema el día 6 de enero, por supuesto no al que me responde. Disculpa.
No te conozco y no tengo ninguna necesidad de hacerlo.

Eolo dijo...

¡Ah! Vale. Disculpas y gracias.

Zascandil dijo...

Al buscar la etimologia de la palabra "carácter", me sorprendió que en una de sus acepciones parece significar "hierro de marcar ganado" (según el Diccionario Etimólogico de la Lengua Castellana de Juan Corominas).

También la palabra "estimar", tiene, entre otros, el significado de "evaluar"y "juzgar".

Ateniéndose a estas dos etimologías, la autoestima sería algo así como "autojuzgarse de forma complaciente" "al alza", con toda la subjetividad que este proceso conlleva.

Ponderar el carácter y asegurar las cicatrices de la marca que lo delimitan es siempre algo restrictivo (en la disciplina de la Acupuntura, creo que siempre supone un obstáculo importante en la circulación de la energía, y en la Medicina Oficial se sabe que las cicatrices siempre "retraen" el tejido donde se producen).

Visto así parece que potenciar ambos conceptos no parece muy sano.

También creo que dentro de la Psicología hay profesionales que intentan trascender dichas acepciones etimólogicas, e ir más allá, proyectando los conceptos docentemente estudiados hacia campos más inexplorados en un afán, porqué no, sincero, de ayudar al otro.

Por otro lado, parece que el "Job" bíblico viene de la palabra hebrea "Eyob", que significa "perseguido", "afligido", dos palabras que son suceptibles de ir acompañadas de otra "el miedo".

Definitivamente no parece nada sano "pacer" marcado por "un carácter" y encima sentirnos orgullosos por ello.

Mandrágora dijo...

Comenzando por el final, parece que la analogía bíblica con Job se asemeja más a la pasividad habitual en la que nuestra sociedad se instala, logrando que algo cambie para que todo siga igual. Parece que esa autoestima que cita el autor tiene más que ver con una modificación aparencial, y que nunca alcance el estado de vacuidad necesario en muchas ocasiones para que se produzca la oxigenación y el encuentro con otros registros que haga de impulso a una nueva actividad.

La pregunta que suele asaltarme es si el individuo que se establece en el papel de ayudar, aconsejar o encauzar al que lo solicita, mejor que se quede en la autoestima y en aspectos coyunturales que, por el contrario, tratar de abrir la «caja de los truenos» sin la red adecuada que lo soporte, que la experiencia puede ser nefasta.

Es complicado ese punto de ayuda en el camino, que bien puede servir para invitarte a una prospección, ordenamiento y claridad interna, que cuando sencillamente se deposita la confianza —cuando no delegación— para que otros te arreglen la vida y tu papel simplemente sea el de fiel obediente, y ahí sí entiendo que «perpetuando con firmeza su inmutabilidad».

Aquiles dijo...

Estamos mal. Solución de la psicología moderna: hay que subir el nivel de autoestima. Es decir, debemos inventarnos de otro modo, disfrazando nuestros defectos de virtudes. El mundo se equivoca. Nosotros estamos estupendos. No hay nada que cambiar. Bravo.

¿Que falla? El truco funciona un rato. Mientras nos dejamos engañar por nuestro propio disfraz. Pronto volvemos a ver las mismas estupideces que denodadamente tratamos de encubrir.

¿No sería más honesto fomentar una actitud de auténtica búsqueda de lo que realmente somos, en lugar de ir disimulando nuestros vicios? El modelo social fomenta el estatismo, consciente de que la búsqueda del cambio individual constituye su muerte (y el nacimiento de otro modelo). Ningún poder se autodestruye. Busca perpetuarse y anima a cada individuo a seguir tal cual. Susurra “estás bien. No hay necesidad de cambios”. Pero algo ruge dentro de nosotros y nos chilla lo contrario: sólo en la búsqueda de lo auténtico está la felicidad. Dejémonos de disimulos y falsas autoestimas.

Buen viaje aventureros.

Grafito dijo...

Es curioso. Por una parte, tan solo el movimiento de una mano puede cambiar nuestro estado, y a su vez éste nos condiciona los movimientos de aquella, incluso los ritualiza.
Esta temporada de clima frío triste invernal y depresivo reflexiono al hilo de estos últimos textos, y si bien unos cambios de postura, una aceleración del caminar o de los gestos de mis manos han cambiado coyunturalmente mi estado, es cierto que lo que verdaderamente me ha sacado a flote ha sido el salir de mi y caminar hacia otros, perder de vista mi ombligo por un ratito y brindarme.
Por otra parte ¿cómo es eso de “autoestimarme más”?. Me suena a chiste.
Y sobre todo lo que al menos yo necesito es más inteligencia. ¿Podríamos debatir sobre qué es la inteligencia y cómo se aumenta?

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