Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 feb. 2011

Texto 2.15

2.15 "No obstante, si hiciéramos una reflexión jocosa, divertida y profunda de la conducta, se podría deducir qué movimientos, qué posturas, qué gestos están reforzando los miedos y qué reacciones sistematizadas se utilizan como tapones de nuevos vectores de libertad, qué telarañas espesas perpetúan la identidad. Actuar desde lo exógeno a lo endógeno de una manera subjetiva no ritual puede deshacer muchas ligaduras, muchas cirugías restrictivas que han ido ciñendo la vida a la circunstancia y al momento histórico consensuado."

52 comentarios:

The sun also rises dijo...

El autor nos propone una/la reflexión jocosa, divertida y profunda de la conducta, supongo que de la nuestra y la de los otros que alzanzamos a contactar. Luego recomienda actuar desde lo exógeno a lo endógeno de manera subjetiva y no ritual para deshacer ligaduras y cirugias restrictivas. Lo bueno sería que explicara como realmente se consigue eso. Seguro que algún contertulio atento se lo sabe.

Condenado mosquito de los... dijo...

¿Qué posturas, qué gestos están reforzando los miedos?
¿Qué reacciones sistematizadas estamos utilizando como tapones de nuevos vectores de libertad?
¿Qué telarañas espesas están perpetuando la identidad?
¿Seremos capaces de actuar desde lo exógeno a lo endógeno de una manera subjetiva no ritual?
Parece ser que eso puede deshacer muchas ligaduras y que además la subjetividad no es mala cosa.
De toda la vida se ha dicho “veamos las cosas con objetividad”, “hay que ser objetivos”.
No sé qué falta hace exhortar a la objetividad cuando lo realmente difícil es encajar y enfrentarse a la subjetividad.
¿Seremos capaces de enfrentarla y de reflexionar en torno al texto que hoy se nos presenta de manera que sin dejar de ser profunda sea jocosa y divertida?

des-nortado dijo...

Comparto con el autor es posibilidad de descubrir nuestros vericuetos desde una actitud libre, alegre y valiente. Acostumbro con esas actitudes por delante a mirarme al espejo y a encontrar esos gestos, posiciones y maneras que expresen las ataduras que me impiden encontrar un camino vital más libre. A veces acierto a vislumbrar algo, algo que conozco y representa lo oscuro y negativo. Otras descubro un atisbo de nuevas expresiones con aire de mayor libertad, pero lo cierto es que ignoro la forma de consolidar estos y erradicar los otros, aunque a veces lo consiga al menos por una día, o un instante.

Anónimo dijo...

Me pregunto si uno sabe de alguna manera cuáles son esos gestos y esas posturas, me pregunto si uno conoce sus miedos o si parte del trabajo es enfrentarlos en el espejo. Me pregunto hasta dónde uno puede hacerse consciente de sus trabas y eliminarlas. Y me pregunto también si es necesario identificar esas posturas, gestos y reacciones para eliminar esas trabas o si existe una actitud vital que las acaba arrastrando sin necesidad de ponerles cara y nombre. No sé si me explico.

Bárbara

Carmina dijo...

Decía Bergamín: “Si me hubieran nacido cosa, sería objetivo; como me han nacido hombre, soy subjetivo”.
La pretensión de abordar cualquier asunto desde la objetividad para protegernos de acusaciones de parcialidad, de ser posible, resultaría empobrecedora. Tomarnos en broma, reírnos de la propia importancia personal, que proyectamos en la esperanza de que nos tomen “en serio”, nos daría libertad de conducta, difuminando la esclavización a la imagen que nos hemos construido en busca de aprobación exterior ya desde la infancia, a partir de los castigos, rechazos o caricias que caían sobre nuestras cabezas en función de la conducta diseñada como correcta o incorrecta por adultos, erigidos en propietarios de almas. Y ahí seguimos, con una pila de años encima, comportándonos como niños que tienen prohibido colorear fuera de la línea marcada en el dibujo obsceno de las sociedades del bienestar de unos pocos. Si ambicionamos “ser alguien” en un modelo que dirige a la población para que se sienta “nadie”, en contraste con los grupos estudiadamente reducidos que controlan y exhiben el poder, el dinero, el falso saber, el prestigio superfluo, tendremos que ceñirnos a la norma en boga de apuntalar al tonto malvado, que “echa de comer” al listo autosometido. Los líderes políticos, empresariales y creadores de opinión toman lecciones de movimientos, formas de mirar, inflexiones y pausas de la voz, como ya hiciera Hitler, buscando un efecto hipnótico que deje en segundo o en ningún plano el discurso cínico que desgranan. De una u otra forma, cada vez que aceptamos irreflexivamente comportamientos prepotentes, mentiras de toda índole, prohibiciones idiotas impuestas por la autoridad de turno, nos constreñimos, no vemos salida a las tragedias, se vive en fatalismo inducido, convertimos las alas en muñones. Moverse en libertad, percibir la felicidad en las células, olvidarse de vigilarse … Si lo imagino, es que es posible.

Afrodita dijo...

A Bárbara
¿Y quién no se hace esas preguntas?
Yo creo que lo que pasa es que cada pregunta que nos hacemos la entendemos como un algo con una entidad cerrada que requiere una respuesta también cerrada. Quiero decir con “cerrada” que se queda en nuestro ánimo con la estructura, o con la formulación, con que la reconocimos cuando nos asaltó; pero la vida sigue sin esperar a que nos aclaremos, y cada nuevo instante está conteniendo una posible respuesta, que a su vez se va a ver modificada por el instante siguiente, y nos encontramos sin ser conscientes de ello con que tenemos un puñado de respuestas posibles, cada vez más depuradas, para una pregunta que se nos ha quedado vieja; y con que las respuestas ya no encajan, y con que las despreciamos porque no corresponden a qué esperamos de ellas.
A lo mejor (pienso) es un error quedarse prendido de preguntas que están perdiendo su validez constantemente; a lo mejor lo acertado sería, más que afanarse en buscar respuestas que van a resultar siempre desfasadas de qué las motivó, aplicarse a identificar en qué medida se modifica a cada instante la pregunta.
Esto, lo reconozco, se convierte en una especie de carrera un poco disparatada; algo parecido a pretender huir de la propia sombra. Pero también la sombra se va modificando a cada instante, y en ese nuevo instante ya no es la misma sombra la que nos persigue.
Huimos, sin embargo, como si la sombra fuera siempre idéntica.

Retama dijo...

Otra opinión más respecto al blog. (Iba en los comentarios del texto anterior)
Aún estando de acuerdo con los comentarios del día 30 de Escaramujo de no sé dónde y de Eco, me parece ver que los dos ofrecen dos versiones distintas de una misma idea, como poder dar al blog una frescura que lo haga mas ameno.
Uno dice que el libro (textos) es incontestable, y me pregunto ¿Cómo podríamos entonces contestarlo?, y otro comenta que no debemos tomar los textos como dogma de fe o como palabra divina, es decir dos versiones distintas de cómo se pueden ver los textos, pero una idea común, la de cambiar no el blog sino sus comentarios.
Es posible que casi todos los que participamos en este blog, lo consideramos demasiado serio y pesado, pero por mi parte, es que no sé hacer un comentario jocoso y desenfadado de algo que empiezo por leerlo con atención y seriedad, intentando descifrar lo que el autor, creo yo intenta transmitir, lo triste es que muy pocas veces lo consigo y acabo escribiendo mi versión particular, eso sí lo más redonda posible, como tratando de ponerme a la altura del texto. Y claro, mi querido Escaramujo... así empiezan las “pesadeces”, es decir que en vez de aflojarme el nudo de la corbata me lo aprieto un poquito más, que quieres que te diga, y como además lo hago con seudónimo pues miel sobre hojuelas. Y esto es lo que pasa casi siempre, bueno quiero decir que es lo que me pasa a mí, a los demás será otra cosa.
De todas formas hay que reconocer que el librito se las trae, y que para quitarse la corbata hay que estar muy puesto, ya me gustaría conocer más, entonces no necesitaría corbata. En fin, voy a ver si consigo cuando leo los comentarios, no quedarme solo con si me gustan más o menos y luego soltar el mío, sino tratar de compartir algunos en la línea del texto. Podría ser una forma de refrescar el ambiente, de entablar una conversación.
De todas formas, dadas las características del libo, reconozco que hay comentarios cortos y sencillos, estupendos, hay otros más largos maravillosos y hay otros más, que la verdad no sé de qué van, pero en general el nivel es bastante bueno, (algunos geniales), quizá seamos pocos, pero según anda el modelito de sociedad que disfrutamos, no creo que haya muchos dispuestos a entrar en este tipo de debates.

Una pregunta para el aventurero, ¿Se podrían numerar los comentarios?.

L.A.Z. dijo...

Llevo más de tres meses leyendo los fragmentos del libro y los comentarios que las personas que escriben en este blog hacen sobre ellos, y tengo que decir que en general me interesan mucho. Casi no pasan tres dias sin que vaya a leer lo nuevo, sin atreverme a escribir nada. Hoy me he animado porque... no sé muy bien porqué. Espero ser aceptado, porque me parece que es un sitio de libre concurrencia podríamos decir, aunque al principio no estaba muy claro para mi.
Ahora para entrar en el tema, una vez hecha la presentación, diré que sí que estoy de acuerdo con eso de que hacer una "reflexión jocosa profunda y divertida" de los tics, trucos y cucamonerías que hacemos para esconder nuestra verdadera identidad puede ser muy sano.
Leyendo los fragmentos del libro de las 49 Respuestas (que aún no me lo he comprado pero que lo tengo pedido), veo que hay siempre en los textos una especie de llamamiento a una mirada más sabia de un uno mismo "interior", como un Yo más profundo, profundísimo diría, que es a la que parece que tenemos que acudir para encontrar las respuestas. Esa especie de Dios personal, íntimo, me llama mucho la atención. Y me gusta la idea. Es como un Dios sin posibilidad de intermediarios (¿sacerdotes?), o en tdo caso el intermediario es la propia conciencia, que está atrapada entre los dos Entes: el mundano o sea el que ha "ido ciñendo la vida a la circunstancia y al momento histórico consensuado" y el sabio, que es capaz de reirse de si mismo. Y ahí estamos, yendo y viniendo del uno al otro. O al menos intentándolo.
Pero repito, eso de que no tengamos que tener intermediarios me encanta. Aunque también... parece que se queda uno un poco solo ante la dura batalla. ..... Bueno, mejor solo que mal acompañdo, ¿no?. ;-)

Escaramujo de los pedregales dijo...

Pero, Retama, si no pretendo que cada comentario tenga que ser gracioso; y tampoco pretendo que el blog, como cosa, u objeto en sí mismo, tenga que ser ameno cara a nada ni a nadie que hubiera de juzgarlo desde fuera. Sólo pretendo — quiero decir “me gustaría” — que lo abordemos con menos envaramiento.
Creo que no es difícil estar todos de acuerdo (los que ya estamos y los que puedan ir llegando) en que para abordar algo sin envaramiento hace falta sentirse medianamente cómodo; y que para estar cómodo el ambiente ha de resultar acogedor, y que ese ambiente acogedor sólo puede lograrse si cada cual trasmitimos a “cada otro” una cierta sensación de cercanía.
Hasta ahora, en mi apreciación al menos — que es de la única que dispongo para saber si me duele una muela por más que el dentista me asegure que objetivamente el dolor no está justificado — el blog ha desprendido una enorme frialdad y una constante cerrazón al diálogo; y sin dialogo no es posible (creo yo, porque la muela es mía) que descienda sobre nuestras cabezas el acercamiento que nos posibilite de, entre todos y en la armonía que en cada momento depare el combinado de las respectivas subjetividades, encontrar el puntito de luz que andamos buscando.
Y lo de la corbata y el nudo era metáfora; si te notas más cómodo con ella no te la aflojes, pero si en algún momento sientes la necesidad o el impulso de hacerlo te ruego (si no es atrevimiento el expresarme desde mí y desde mi metafórica muela) que por favor no te cortes.

Enrique dijo...

Tenemos la convicción de que, conscientemente, podríamos cambiarnos si nos pusiéramos en ello con el suficiente empeño. Desde el análisis (que no es lo mismo que la reflexión), puliendo aquí y retocando allá, quitando esto y mejorando lo otro, pretendemos llegar al arquetipo (estereotipo) que tenemos de nosotros mismos. Olvidamos que hay partes desconocidas de eso que somos y del modo en el que estamos que ya están haciendo su trabajo. Bastaría con que no dificultásemos su tarea.

Si, desde mi razón, me invento en qué consiste eso de “actuar desde lo exógeno a lo endógeno de una manera subjetiva no ritual” y me pongo a practicarlo, puede que, en el mejor de los casos, consiga que los demás se descojonen de risa o me manden a hacer puñetas, depende del grado de excentricidad que sea capaz de alcanzar.

Anónimo dijo...

Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?
Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?
Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?
Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?
Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?
Yo también me hago esas preguntas. Pero en el fondo si que creo que sabemos, que posturas nos están haciendo sentirnos mal e impidiendo cambiar un estado. Porque una vez modificada vemos el resultado.
Lo que me preocupa es cuanto tiempo puedes mantener esa otra postura.¿qué te impide seguir en ella? ¿la pereza? , ¿no querer cambiar el estado?, ¿la fe, al no ver una ayuda tangible que te diga como seguir adelante?

Pizquita dijo...

Para L.A.Z:
Si te ha costado tres meses entender que el blog es un sitio de libre concurrencia — y de tu comentario no parece desprenderse que seas persona torpe —ha sido sin duda porque no ha estado claro que lo fuera. Defecto por tanto de los que ya estábamos, que no hemos sabido mostrar esa apertura. Pero, en fin, te has animado y ha sido para mí muy grato leer tu comentario (que espero no sea el último) y tu apreciación tan rápida, tan espabilada (lo que has podido leer hasta ahora es poco más de una veintena de páginas) de que el autor nos está de continuo invitando a buscar ese “Dios interior”.
Me ha gustado también lo de “solo ante la dura batalla” que, desde luego, cada cual podrá ganar sólo por y para sí mismo; pero imagino que nunca estarán de más ni serán mal recibidas las pistas que cada cual pueda ir aportando.
Para Enrique:
¿Y qué tiene de terrible que los demás se descojonen o te manden a hacer puñetas?
Para anónimo:
No sé distinguir si la media docena de veces que se repite el texto idéntico es un error de impresión o hay un mensaje subliminal en ello; me inclino por lo segundo.
En cuanto a qué te preocupa a mí me parece que a cada nueva postura hay que dejarla ir, igual que a la anterior, antes de encariñarse demasiado con ella.

Anónimo dijo...

Actuar de manera subjetiva...eso dice el texto. Esto da a entender que se puede actuar de forma objetiva y que por tanto existe la objetividad. ¿Existe realmente?. Yo creo que lo más importante del texto es "no ritual", no estancarse.

Enrique dijo...

Para Pizquita:

No tiene nada de terrible, esa no es la cuestión. El problema reside en que desde la razón me invente cómo va a ser mi actuación subjetiva no ritual.
El problema no es el ridículo ni el que dirán, sino la inutilidad de diseñar un comportamiento desde un pensamiento binario, tomando como referencia un modelo de lo que deberíamos ser.

Atila dijo...

Nosotros vivimos en un pequeño pueblo muy cerca de Madrid. De este queda una calle principal y después dos callejuelas con sus tabernas donde los hombres juegan al domino o cartas, una peluquería para ellos, un zapatero remendón, una parroquia y alguna tienda de comestibles, sonde las mujeres siguen comprando, algunas hasta lo hacen bata de guatiné. Este pueblecito esta rodeado chalets lujosos, una calle con peluquerías elegantes, tiendas de moda y muchisimos bancos, también hay urbanizaciones. Nosotros vivimos en una calle muy corta, al lado nuestro vive un señor que tuvo un alto grado militar con tres hijos ya mayores casados y una chica soltera que nunca habla y siempre esta pegada a su madre, mujer bondadosa que dice ser una mimada de la vida. Cuando se reunen todos los domingos podíamos oír los gritos del General y como le contestaban sus hijos varones y los portazos cuando se iban.
Enfrente vive un matrimonio joven con dos niños,la familia perfecta siempre tan contentos. Ella es noruega y el español, Los dos guapisimos hasta que un día ella vino llorando diciendo que se volvía a su país ya que él, aparte de embarazar a las muchachas también era un obseso. Al lado de ellos una familia numerosa,vive con ellos la madre de ella. El hijo mayor tenia una enfermedad mental, a veces nos tocaba el timbre para preguntar si parece negro o pedir cigarrillos. La madre de ella no podía saber que venia a nuestra casa para desahogarse de su madre que no dejaba entrar a nadie en la suya y de su pobre hijo.
-¡Dios se lo lleve antes que a nosotros, que va a ser de él!
Una noche a las tres de la mañana nos despertó el teléfono, el hijo había muerto del corazón.
Fuimos al entierro y la madre no para de gritar, lo incineraron y las cenizas las tiene en una caja dentro del armario de su ropa, cada vez que lo abre , esta llorando una hora, como siempre hay que coger algo pues pues se pasa el día vertiendo lágrimas.
-¿Porque no pones la caja en otro sitio-? le dije-
-Me gusta tenerla ahí-.
-Ya se sabe que el sufrir es como una diversión para algunos. Otros deciden que son felicisimos y además hacen ostentacion de ello. Otros no quieren ver los problemas y como la hija de la señora se niega a hablar, su madre dice que prefiere pensar. El día que murió el padre la chica se volvió una cotorra.
A veces nos ponemos una venda en los ojos, otras queremos dar una apariencia, otras estar con gente, da igual como sea con tal de no estar con nosotros mismos, otros se pasan la vida jugando al bridge o viajando sin parar pero desde luego cuanta mas gente haya mucho mejor.
¡SI estar con unos mismo nos tan terrible,muchas veces es un placer estar en silencio solo!

Retama dijo...

Dicen que cuando nos reímos, salen arrugas y resulta curioso que las arrugas formen parte del mapa epidérmico donde parece se encuentran escondidos los condicionantes que conforman nuestro estado, esa identidad superficial que es de donde se alimenta el ego, que a su vez es la mayor fuente de fabricación de miedos.
Yo no se leer ese mapa, (por no saber, no se ni los de carreteras), pero me pregunto si de verdad quiero aprender, porque creo que la reflexión que nos ofrece el texto, además de jocosa y divertida, tendría que ser profunda, es decir con la intención y voluntad suficiente de descubrirme.

A las preguntas que se hace Bárbara y que tantos nos hacemos, yo añadiría dos más, ¿estoy dispuesto a reírme de mi mismo?, ¿estoy dispuesto a descubrir mi conducta?,
porque la conducta, como su propio nombre indica, es la que nos conduce y nos condiciona, o sea, el dichoso ego. Sólo quien quiere dominar, conduce.

En una ocasión escuché, que la respiración incide en una serie de características y situaciones que condicionan el comportamiento de la humanidad que tiene una misma situación de evolución o estado, determinando el modelo social en cada momento histórico. Y que cada respiración consta de tres fases o conceptos: acción, reflexión y concentración.

Es decir, una concentración lo menos dual posible, una reflexión exenta de deseo, y una concentración con la responsabilidad, voluntad y subjetividad necesaria, para que lo que devolvamos al aire, sea lo más limpio posible, sin doctrinalismos ni ritualismos condicionadores que sigan perpetuando el modelo.

Y como soy un poco vago, me pregunto que como narices se hace todo esto, y voy y me respondo, pues trabajando monín, que aquí no se regala nada.

Por cierto, bienvenido L.A.Z, me alegro de tu decisión de participar en el blog.

Pizquita dijo...

Yo creo, Enrique, que inventando desde la razón siempre tropezaremos en las mismas piedras, o en piedras muy parecidas. Creo también que guiado desde la razón cualquier acto humano será una vez tras otra repetición de otro anterior en el intento de desde la comparación obtener en cada nuevo intento mejores resultados que en el intento anterior.
La razón, tan viciada y dependiente de todos sus lastres a que la condenan la memoria y la experiencia lo tiene muy crudo para inventar nada nuevo.
A veces juego a imaginar cómo sería el mundo si los humanos, al igual que hizo Dios con su Creación, hiciéramos cada cosa (cada cosa esencial, o trascendente, no las cosillas a que obliga la cotidianidad) una sola vez; olvidándonos de retocarla ni de rectificar.
Nos quedaríamos con frecuencia atascados en “y ahora que hago”, pero como la vida no se iba a parar a esperarnos, antes o después algo saldría.
No lo sé expresar mejor y puede parecer que no hablo en serio. Pero lo digo de verdad; nos pasamos la vida rectificando y tomando como referencia para cada nueva acción otra acción realizada anteriormente. Comparándonos con los demás y con nosotros mismos.
Para zafarse de esa rueda de noria habrá que inventar no desde la razón sino desde la intuición, o la emoción, o el sentimiento.
Que son tres cosas que, eso hay que reconocerlo, están muy, pero que muy mal vistas.

Una nueva dijo...

Es interesante el momento o “arrepío” –como se dice por aquí- que te lleva a ponerte delante de algunas palabras enlazadas por otros y conducirlas hacia esos circuitos interiores tuyos, con la intención de que te hagan de lluvia. Por tanto cada uno de estos fragmentos se me antojan nubes que están flotando en un cielo de mentes ajenas y que, estando ahí en esos cielos, de pronto llega el instante en el que los ves como elefantes, terrones de azúcar o incluso bajan hasta tu nivel y te envuelven como una niebla.
Esta por ejemplo se mueve mucho por el viento, cambia de forma y gesticula. Es como uno de esos mimos de rostro pintado de blanco y labios rojos que te dice muchas cosas sin ni siquiera hablarte. Tiro entonces del hilo y lo voy desenredando, y entonces recuerdo esos momentos en los que me sentaba delante de mi madre ayudándole a desenmarañar la lana, para que ella la convirtiera en el arte de un calentito jersey.
Ya tengo los dos ingredientes fundamentales: El gesto de ese mimo que como imagen de una conducta desinhibida y libre va pasando a través de mis capas, desde la epidermis más exógena hasta los mismísimos cardiomiocitos, y el hilo, invisible pero poderoso, que tomo de rienda para deshacer esas conductas rígidas en las que las sonrisas son de papel, las palmaditas en la espalda te revuelven por dentro, y cuando tienes ganas de gritar y no lo haces, la sangre se sube a las mejillas y los ojillos se te salen de las órbitas.
Es una de las infinitas formas en que a veces me siento a desligar la madeja de mis emociones, lo hago, dejando que cada pensamiento sea libre y salga, junto con mi gestos de alegría, dolor o enfado y que vaya solito a enmarcar un cielo de nubes de colores que se lleve el viento.
De fondo la música. Siempre.

Atila dijo...

No se porque no salen mis correos

J.C.E dijo...

Desde el total desconocimiento de todas las “ias” (psicología, mitología, etc.), creo haber entendido que el ser humano desde su concepción, ya en el vientre materno se ve influenciado por las cosas que pasan a su alrededor, y que a lo largo del tiempo, con sus vivencias va conformando consciente e inconscientemente su comportamiento, por lo que al día de hoy me encuentro que soy como una cebolla, con múltiples capas cada una de ellas de cosas que se me grabaron condicionando mi comportamiento.
Los gestos, movimientos y posturas que muestro son a veces reflejo de los que hacían mis padres, y otras veces imitaciones de algunos que hacen o hacían seres queridos o personas a las que quiero parecerme, ya que representa valores que considero ideales.
Con todo esto se me plantea que si soy consciente en algún momento de cierto gesto, el modificarlo o intentar evitarlo puede ser contraproducente ya que ignoro el origen del gesto y por lo tanto la consecuencia de no hacerlo, además que su origen puede estar en las capas profundas de la cebolla y mientras no desate los nudos últimos que hice, este no lo podré desatar.
También indicar que creo que sí se puede actuar desde lo exógeno en lo endógeno, a través de la grafología por ejemplo, aunque en este caso la influencia es lenta y tiene que ser constante la actuación.
Si alguien tiene la capacidad de realizar la reflexión que indica el autor, debe ser una persona que dado su estado evolutivo a el no le afectan estos gestos, además como dos personas no es imposible que sean iguales y también es imposible que hayan tenido las mismas vivencias, ¿Cómo puedo analizar el porqué dos personas hacen un gesto que parece igual?.
A mi por todo lo dicho no me queda otra opción que la de influir en mi comportamiento de forma exógena desde la “A TITUD”. Lo pongo así aposta ya que tendría que trabajar la actitud (la intención de cambio) y la aptitud (estudio)

Por ejemplo dijo...

No se trata, imagino, de tomar arbitrariamente determinados gestos inocentes, naturales en uno y probar a modificarlos o suprimirlos con el fin de hacer un experimento, ni de sospechar de cada gesto por si está siendo el culpable de algo. Pero sí hay gestos en los que se puede perfectamente detectar que son perjudiciales.
Puedo contar de mí mismo el impulso que por lo general me lleva (sin estar deseándolo conscientemente) a apretar muy, muy fuertemente los puños en momentos de enfado; no hace falta que haya alguien enfrente, no es un gesto amenazante, puedo estar solo y que mi mal humor vaya sólo encaminado a algo que sale mal, a algún objeto o cachivache doméstico que se niega a funcionar. En algún momento me di cuenta (o alguien me advirtió) de que el apretar los puños facilitaba que el enfado fuera en aumento; y de que no hacerlo podía dar un resultado bastante espectacular.
Reconozco que en determinados momentos es difícil estar alerta (cuando uno está furioso acierta nada más a estar furioso), pero empecé a prestar atención, y a detener el gesto (con bastante esfuerzo, a decir verdad, pues hacía falta casi más vigor y energía para reprimirlo que para realizarlo), y a los pocos minutos, quizá sólo segundos, podía notar como el enfado no había ido en aumento, y que el mal humor se me pasaba mucho antes.
Estoy en ello desde hace mucho tiempo, y a veces la verdad es que se me escapa, y me digo entonces (sin apretarlos, cuando por fin y con retraso la ira se me pasa) “eres idiota, ¿por qué has cerrado los puños?”; vamos, que no es sencillo desprenderse de determinados gestos de un plumazo, pero creo que cualquiera puede saber perfectamente qué gestos hace en momentos difíciles, o adversos (no creo que se puedan meter en el mismo saco los gestos que se hacen desde actitudes serenas, o desapasionadas) y que el reprimirlos puede dar ciertamente unos resultados asombrosos.
Y es que quizás (colijo)no siempre el reprimirse es malo.

Afrodita dijo...

Tengo una pregunta, por favor, creo que para Enrique, pero posiblemente podáis responderla cualquier otro, y es qué diferencia, existe entre reflexión y análisis. Desde el punto de vista del “significado de” puramente idiomático (como lo pudiera buscar un extranjero que desconociese nuestro idioma) el diccionario me da, sí, definiciones diferentes. Pero desde el punto de vista vital, de actitud, de “postura pensante” que adoptar para aplicarse a lo uno o a lo otro, y entendiendo que el análisis me puede llevar por un camino y la reflexión por otro, me sospecho que alguna de las cosas no sé hacerla, y que de alguna manera me estoy “perdiendo algo”.
No pretendo una receta, naturalmente. Pero si alguien me pudiera dar… no sé, algo así como un pequeño truco para distinguirlas sensitiva (o sensorial; otras dos palabras que se me trafucan) – mente, lo agradecería.
Tengo la sensación de que cuando analizo "algo" hago exactamente lo mismo que cuando reflexiono acerca de "algo".

Por ejemplo. dijo...

Nota:
Entiéndase que los buenos resultados de no cerrar los puños recaen sobre mí, pero que el cachivache que no funciona sigue igual.

Ángela dijo...

Quería llamar la atención sobre la última frase del párrafo del que se deduce que la vida puede no estar "ceñida" por las circunstancias y por el momento histórico consensuado.
Se puede vivir entonces más allá de las circunstancias y sin que estas sean una escusa.
Sólo pensarlo ya me produce una sensación liberadora, que me da pie a otras posturas.

Retama dijo...

A Pizquita.
No comprendo como se puede imaginar un mundo sin rectificaciones ni retoques, porque todo está en continuo cambio. Dice el autor del libro en otro texto “Todo es cambiante en el ser humano y hasta su yo esencial está esperando para trascender a otro estado”.
Dicen que el rectificar es de sabios, la verdad es que no se si los sabios rectifican o no, pero siguiendo con los refranes, cuando el río suena…. Y en cuanto a lo de que Dios creó el mundo sin retoques ni rectificaciones, te diré que en estos momentos no tengo capacidad de conocer como creó Dios el mundo, pero precisamente en el Génesis después de crear al hombre, macho y hembra, una vez terminada su creación, los separó y del barro de la tierra hizo al hombre por un lado y a la mujer de una costilla de él, y si tenemos en cuenta algunos escritos teosóficos, te puedo asegurar que no opinan a ese respecto como tú nos dices.
Con todo mi respeto hacia Dios y por su puesto a ti, no sabría decirte si esos cambios se podrían denominar rectificaciones. De todas formas, creo que las rectificaciones que van dirigidas a facilitar el camino a los siguientes paseantes, están bien y la razón nos ayuda a ello, pero estoy de acuerdo con la última parte de tu comentario, llega un momento en el que hay que tratar de transcenderla. Leyendo tu comentario me acordé de uno de los aforismos de Aurobindo “Cuando dejamos atrás los saberes, entonces tenemos el conocimiento. La razón fue la ayuda: la razón es el lazo”

Enrique dijo...

Para Afrodita:

El análisis tiene la pretensión de la objetividad, supone que siguiendo un método se llega a alcanzar un propósito establecido de antemano. Su forma de proceder es la separación en partes de un todo, la disección, la continua elección entre dos posibilidades. Intenta resolver un problema o conseguir un objetivo dividiéndolo en problemas más pequeños.

La reflexión, el pensar detenidamente sobre algo, es un proceso más abierto, donde tienen más cabida las analogías y las sensaciones; un proceso en el que muchas veces se llega a conclusiones por caminos que, después, son difíciles de reconstruir.

Además, la palabra reflexión, está asociada tanto con el pensamiento como con el reflejo, la imagen que devuelve un espejo. No se si ambos significados tienen la misma etimología, pero dan mucho juego si nos ponemos a divagar; por ejemplo, podemos reflexionar sobre nuestro reflejo, sobre la imagen que recibimos de nosotros mismos, tanto la que nos devuelven los demás como la propia.

Pizquita dijo...

Precisamente porque todo está en continuo cambio, Retama, es por lo que yo no puedo imaginar la posibilidad de rectificar o retocar.
Supón que mañana domingo, a las 16 horas, 47 minutos, 32 segundos, le largas a alguien una patada en la espinilla. No creo que quepa discusión al respecto de que ya nunca más dispondrás de un domingo, 6 de febrero de 2011, en el que a las 16 horas, 47 minutos, 32 segundos se te presente la ocasión de no dar una patada en la espinilla a alguien.
Que siempre se haya dicho que rectificar es de sabios no me va a hacer cambiar mi idea de que el verdadero sabio no se equivoca.
En cuanto a los refranes todos tienen su contrario:
Al que madruga Dios le ayuda/ No por mucho madrugar amanece más temprano.
Cuando escribo que Dios hizo las cosas una sola vez estoy refiriéndome a que no creo un universo para ensayar y después otro en serio. Ni dos veces el cielo y la tierra. Ni dos veces el día y la noche.
En lo de la Creación tienes razón; lo de la costilla queda como si dijéramos fuera de plazo, y choca con qué hizo Dios el día sexto. Enigma irresoluble con el que los humanos habremos de seguir viviendo aun a pesar de los teósofos y de sus opiniones, tan sujetos a la especulación como el resto de los mortales.
Donde escribes “creo que las rectificaciones que van dirigidas a facilitar el camino a los siguientes paseantes, están bien y la razón nos ayuda a ello” no estamos tú y yo dando a “rectificaciones” el mismo sentido.
Yo entiendo que rectificar es imposible porque sobre el hecho realizado, igual que sobre el trazo que podemos dibujar en un papel, no cabe esperar que un nuevo hecho o un nuevo trazo puedan borrar de ninguna parte la verdad de que el primer hecho o el primer trazo existieron.
Me he explicado fatal. Tan mal que he considerado muy seriamente el borrarlo todo y empezar de nuevo.
Y estoy, si así lo quiero, a tiempo de hacerlo.
Que nadie se enterase de que yo escribí muy mal el comentario, que no quedase constancia mediante la que poder demostrar que lo hice mal, no me redimiría del hecho de haberlo escrito mal.
Pues a eso es a lo que me estoy refiriendo.
A todo esto empecé el sábado y es en este momento la 1:13. Todo el tiempo empleado en discurrir cómo hacerlo lo mejor posible ya es pasado, e irrecuperable e irrepetible e irreparable.
Ya no puede volver a escribir un comentario que sea ESTE COMENTARIO.

Manolo dijo...

Me interesa el planteamiento que hacía Bárbara el día 2. Yo no creo que para eliminar nuestros miedos y trabas sea necesario identificar los gestos y posturas que los refuerzan. De lo contrario, aquí no avanzaría nadie. Creo que existen actitudes vitales que ayudan mucho a diluir esos tapones. Pero son actitudes tan finas y sutiles que no admiten normas ni recetas. En parte el autor las está insinuando al hablar de actuaciones “de una manera subjetiva no ritual”. Son propias de cada persona, en cada momento. Y abiertas a la novedad de la situación, a que la propia novedad te inspire tu respuesta. Desde una actitud de limpieza, hacia el mundo y hacia tus propias telarañas. De limpieza y de humor.

Coincido con Enrique en que no es desde la razón desde donde deben emerger nuestras respuestas vitales, porque intervienen sensaciones, analogías y quizás más cosas. Pero la razón también interviene y no creo que haya que condenarla. Es uno de tantos instrumentos que tenemos y hay que saberlo usar bien, pero usarlo. Por otra parte, dudo que seamos capaces de deslindar cuándo usamos la razón y cuándo no. Sospecho que está todo mezclado. ¿Podríamos hacer una reflexión profunda de nuestra conducta sin utilizar para nada la razón? Lo que veo más difícil es que esa reflexión sea jocosa y, por tanto, relativizándose uno a sí mismo. Ahí ya si que no quedaría espacio para complejos ni autoestimas.

Eolo dijo...

Sospecho que debajo de las costillas una alondra me ha anidado, y me dice de la contradicción permanente del hombre entre su adaptación y su designio.

Quizás se haya dejado pasar la relación que establece este autor premeditadamente ambiguo, para desesperación de los conclusos impacientes y sus conspiraciones del comienzo de este epígrafe, entre lo endógeno y la mitología. Sería tan largo de desarrollar como excitante establecer una relación entre los distintos seres mitológicos y los procesos biológicos de cada una de las vísceras del cuerpo humano, donde el Zeus cerebral anda poniendo en orden patriarco-celestial a todo su patrimonio reprendiendo al pectoral y ventilador Apolo, al gutural y pineico Narciso o al hepático y biliar Vulcano cuando la diafragmática Afrodita expande los genitales de los Dígitos.

También estemos pasando por alto, la conexión de lo exógeno con la Voluntad de cada hombre, y la acepción de lo subjetivo en término de aquello que está “sujeto”, es decir, de lo que no es posible deslindarse: el designio exclusivo de cada individualidad, que, para mayor redundancia, es aquello de lo que no nos podemos dividir.

El flujo respiratorio, el mantenimiento del eje meridional entre cabeza, cadera y planta de los pies, la diagonal de la lanza que atraviesa desde la espalda hasta el pecho las dos enemigas invisibles que son las lumbares y las cervicales, los colores asimétricos cambiantes que se van formando permanentemente en los cuatro espacios tridimensionales resultantes del pálpito de la cruz sagrada, los traumas requetepensados escondidos en los huecos de la celulitis, son unas pocas de todas las posibilidades de observación, contemplación y rezo, que nos pueden ir acercando al conocimiento.

Y ¿a qué tanto razonar?, dice la alondra antes de lanzarse al vuelo.

Afrodita dijo...

Me lo has explicado muy bien, Enrique. Ahora sé en qué consiste analizar y en qué consiste reflexionar.
He hecho una pregunta y tú me has dado una respuesta; y te doy las gracias.
Una vez dadas me quedo mirando la pantalla, fumando cigarrillos, con la mente en blanco o no tan en blanco preguntándome para qué quería saberlo si a la hora de la verdad, la de enfrentarme a mis propios pensamientos (o a la ausencia total de pensamientos asibles) sigo sin saber si reflexiono o analizo.
No sé distinguir tampoco si es que soy especialmente torpe o si es que reflexión y análisis se interfieren ineludiblemente, ni si esa interferencia se da en mí o se da en todos los seres humanos.
Pero ese es mi problema, sólo mío aun en el supuesto de que otras personas vivan el suyo de manera que en el lenguaje común pudiera denominarse “idéntica”, o tal vez fuera más correcto, más a justado a la ¿realidad? decir “en el supuesto de que otras personas vivan un problema idéntico”.
Y es que hay muros que sólo se pueden salvar en solitario, sin que nadie aun con la mejor de las intenciones pueda ayudarnos.
Me revolotea al mismo tiempo la alondra de Eolo por la cabeza; la alondra que es lo único que sé sacar en claro de su comentario que intuyo muy profundo pero encajo demasiado enigmático (o hermético) para mí y para mis alcances.
Y me pregunto lo mismo que esa alondra a qué tanto razonar.
Vamos, que no hay remedio.
Veo en el ordenador que hasta “remedio” he escrito 259 palabras; pero 259 palabras se pronuncian en ¿cuánto?, ¿un minuto, tal vez?, ¿medio minuto?
Pero he fumado entre tanto varios cigarrillos.
Algo no cuadra; y no puedo saber dónde ha ido lo que no supe percibir pero “estaba siendo”.
Siento endilgaros esta elucubración tan sin sentido; pero es lo que hay, y lo que tengo para comunicarme en este momento.
¿Y qué necesidad hay de comunicarse?
Pero se intenta.
¿Y para qué se intenta?

Ulises dijo...

Cuando el autor del texto dice “actuar desde lo exógeno a lo endógeno de una manera subjetiva no ritual” no creo que se refiera a la posibilidad de que cada uno, con ayuda de su razón, pueda encontrar los movimientos, posturas y gestos que refuerzan sus miedos y frenan su proceso evolutivo. Ni tampoco creo en la eficacia de actuar por medio de ritos comunes a muchas personas, como son, por ejemplo, las posturas que se adoptan para rezar en las distintas religiones.

Creo más bien, que son las artes evolutivas, como el zen, el yoga, el sufismo, o cualquier otra, las que, con ayuda de un Maestro, pueden identificar los movimientos, posturas y gestos negativos en cada persona. Y, una vez identificados, actuar desde lo exógeno de forma personalizada para deshacer sus ligaduras y cirugías restrictivas.

Pasaba por aquí dijo...

Mientra leía el texto que nos ocupa, mi mente iba haciendo una ráfaga de fotografías de mi postura interior e exterior: cierta tensión en los hombros; latido del corazón pelín acelerado según pasara la idea de escribir o no; la respiración, que cambiaba en función de una u otra opción. Cerré los ojos, recompuse movimientos, advertí las zonas más calientes de mi cuerpo, expandí el tacto, las imágenes que se fueron aquietando y desde ese actuar de lo exógeno a lo endógeno …llegó el asombro .

Parece que la vida, o al menos lo que yo percibo de ella, es la concurrencia de múltiples flujos (imágenes internas, respiración, circulación…) que ejercen su misión, sea yo consciente o no. Lo que me asombra siempre es la emergencia de los fenómenos, cómo convertimos esos flujos en nuestra particular realidad, si no estará la consciencia relacionada con la atención y la intención que cada cual sea capaz de enfocar.

Hay momentos y situaciones en los que las palabras y los ruidos se apagan, la luz cambia de intensidad y cómo a cámara lenta mis relaciones con los demás se convierten en arte escénico, pura gestualidad, danza de movimientos que dejan una impronta especial. No puedo traducir desde la razón los mensajes que recibo, pero su lenguaje es tan significativo o más que un argumento racional.

Es como si emergiera un metanivel que me ayuda a relacionarme con los demás con mayor veracidad que con el lenguaje hablado. Cuando atiendo sólo a los argumentos, no me salen con tanta facilidad la caricia, el guiño o la total aceptación de los demás. Pero en el baile ejecutado, mi cuerpo se va acoplando a todos estos estímulos y mi mente percibe la multidimensional que me hace abandonar cualquier estado preconcebido, ofreciendo la posibilidad de una novedad, y un volver a empezar.

Ese instante de darse cuenta, es para mi el mayor de los misterios. Y lo más esperanzador es que se deja influir desde una acción montada sobre una atención (sentidos abiertos) y una intención (la voluntad) que cada vez contenga menos ego.

Tánatos dijo...

Cuando se tiene miedo, por ejemplo al ridículo, el cuerpo juega muy malas pasadas. Una de las sensaciones más claras es cuando pierdes el equilibrio o sientes que tus pisadas no son firmes. Quizás estos sean casos extremos en los que estamos tomando conciencia de que nuestro movimiento es reflejo de nuestro estado anímico, pero en la mayoría de las veces se producen movimientos automáticos que están reflejando muchas inseguridades y que no somos conscientes de su realización, y mucho menos de su significado, es decir, hablando constantemente utilizamos muletillas y no será casualidad que en la adolescencia se acentúe especialmente este hecho, puesto que se funciona con un grado de inseguridad respecto al grupo muy elevado; luego se mantiene pero se tiene más recursos para ocultarlo.

La forma de andar es algo que me llama la atención desde hace tiempo. Puedes observar a una persona de espaldas y según como arquea las piernas al andar, te imaginas un carácter determinado. Una mujer con tacones y un movimiento especialmente exagerado como queriendo decir a todos ¡¡¡miradme por favor !!!, te sugiere un talante y, como no, una carencia.

Es una pena que a nivel social no se le dé mucha más importancia a la armonía del movimiento. Utilizamos el cuerpo con un registro muy constreñido, y cuando hacemos un pequeño esfuerzo por romper las inercias, por ejemplo a través de una actividad artística, ya sea teatro, baile, etc., descubrimos que ese nuevo movimiento es por lo general feo, poco armónico e impregnado de una sensación de ridículo absoluta. Ese nuevo movimiento es como un niño recién nacido al que hay que enseñarle mucho matices y, sobre todo, llenarle de intención para irle comiendo terreno al miedo. Por eso es muy habitual volver al movimiento referenciado, en el que uno ya se encuentra muy a gusto y no se tiene que plantear si lo hace bien o mal.

Beucis dijo...

Se nos invita a reír; a dejar de lado lo sombrío, la autocompasión, la seriedad forzada, que para muchos es símbolo de reflexión y profundidad de pensamiento.

Durante mucho tiempo, el mensaje de Cristo, de Jesús de Nazareth, se ha desfigurado tras un velo de dolor y lloro por los pecados del mundo. Una niebla de ceniza ha velado la esperanza de su mensaje. Se nos ha encorsetado con lo objetivo, con la conducta respetuosa, con el no inmiscuirse en el terreno del otro: cada uno en su sitio. Ahora se nos invita a romper con este distanciamiento hacia nosotros mismos y hacia el otro; romper la máscara de tristeza, que el artista se colocaba en el teatro clásico, y cambiarla por aquella otra de risa jocunda. Pero ¿ qué es la risa? No sé si la risa puede surgir de un pensamiento lógico, de lo dual, creo que no.

Recuerdo haber oído en conferencias, al autor del libro que comentamos Eduardo Pérez de Carrera, que la risa es como una sacudida, una chispa, que se produce por la irrupción en lo binario de un elemento distinto, analógico, que rompe el aparente equilibrio y nos deja en terreno no conocido, conectando con lo trinitario. No sé si lo interpreto bien, pero yo creo que se nos está invitando a explorar la posibilidad de un nuevo estado, a dar pasos hacia nuestro ser, disparando hacia una diana distinta de la marcada por la rutina, por la comodidad de lo trillado; es decir, ese disparate con el que nos sugiere Bergamín hagamos crecer nuestras alas

El dios Pan, hermano de Orfeo, irrumpe en nuestro universo mandando sus fotones. Orfeo nos enseña el ritmo. Los dos, como en la Biblia, como en todas las teogonías, nos muestran que en “El principio era la luz”, Eurinome, la del Buen Nombre, el Verbo, viene envuelta en una maravillosa melodía. Es un estallido de alegría, que nos debe llevar a emprender el camino de la consciencia: la felicidad . Lo jocundo, Pan con su risa, y el ritmo de la diosa, nos convocan a reírnos de nosotros, de nuestra aburrida, uniforme gris respetabilidad.

Afrodita dijo...

Beucis. Siempre que leo tus comentarios te imagino como una deidad, eterea, por encima del bien y del mal. Escribes tu comentario, nos dejas a todos boquiabiertos - y no es para menos, es asombroso cuánto sabes y lo bien que lo expresas -; luego desapareces dejando una estela de inasibilidad y de misterio.
Tu manto siempre intacto; nunca lo mancha el polvo del camino.
¿Has provado alguna vez a acercarte a los mortales corrientes?

Loli dijo...

Volviendo a lo de trabajar desde lo "exógeno" a lo "endógeno", entiendo que para Manolo sugiere tratar de no anticipar conductas, y estoy de acuerdo.

Lo que pasa también es que veo difícil el tratar que los miedos no interfieran utilizando la razón y poniendo a ésta a trabajar en una búsqueda cuasi desesperada y continuada, prácticamente automática en la búsqueda de referentes en los que basar nuestra próxima acción.

Cambiar y trnsformar actitudes basadas en hábitos que se han ido desarrollando y enquistando desde la infancia, no parece sencillo.

Las palabras "jocoso" y "diversión", están relacionadas entre sí y también con "juego" y hasta con "juglar".

Y al parecer también les une el concepto de "grato" y "alegría".

Una amiga mía me hizo notar que el juego tiene un importante componente simbólico, y por tanto de algún modo acerca a lo trascendente.

Los juglares recitaban o contaban poesías de los trovadores, es decir se relacionaban con el juego, medida y cadencia ¿ritmo en definitiva?.

¿Habría que tratar de buscar un cierto ritmo en esas pequeñas transformaciones conductuales que podamos ir detectando y llevando a nuestra consciencia?

No tomarnos tan en serio, no darle tanta importancia a eso que llamamos "personalidad", o "sentido del ridículo", ¿podría significar entrar en el juego de lo simbólico, de lo integral, de lo más esencial? ¿Supondría ésto una especie de alegría interior que no tendría origen en ninguna necesidad de aparentar?

A lo mejor te refieres también un poco a esto en tu comentario anterior, Beucis

Nuba dijo...

Bueno yo.. era la nueva porque no encontraba mi alias , lo encontré hoy gracias a la musik.
Vuelvo a participar, esta vez integrándome, siendo menos etérea (risas) bajando de las nubes pues, con un poco de humor y swing del nuestro, del más jocosamente castizo.
Haciendo obediente caso del apunte del maestro, ha llegado por muy buena mano hasta mí una cancioncilla... que refleja que las cosas hay que tomárselas con unas buenas indirés, palabra que evoca a una diosa India, muy al hilo de integrar lo exógeno a lo endógeno y bailá al ritmo de cai..
http://www.youtube.com/watch?v=s4bKpVjkFtY
Ahora abierta estoy a ellas (a las diré, claro).
Pero como dice Loli, sentido del ridículo ¿que es eso?
Aunque no lo parezca solo me estoy tomando una infusión de artemisa... y se ser seria, aunque apasionadamente.
Me encanta el símil de J.C.E sobre la cebolla, todos hemos llorado alguna vez con ella, pero también se pueden hacer más cosas porque es una de mis verduras "´místicas". Leyendolo me evocó un poema precioso de Wislawa Szymborska "cebula" que viene al hilo de deshojar, desde lo exo a lo endo, mientras las chispitas de olor y sentimiento van entrando.
Y la risa de Beucis, es.. es el arma de la poderosa transformación. Cuando nos reímos de veras, de esas risas espontáneas en las que se nos ve la campanilla, además de la fsiológica, creo que es el ALMA propia la que se asoma a nuestro rostro y se pone delante, si si reiros reiros que yo puedo mirarla entonces.
Y sabeis lo que me dice. Me dice: date la vuelta y lo verás. Detente y volverás a verlo. Cuando lo hagas, su luz será tan intensa que te cegará, porque el sol de cara no se ve, pero podrás sentirlo. Y además me dice. Solo ante el sol, podrás ver tu sombra.
Por último quiero dar las gracias a aquel que me mostró este blog, porque enseña, enseña mucho, por ejemplo esa frase tan sabia de aurobiondo, al que no conocía, que apuntaba Retama sobre que la razón fue la ayuda y es el lazo..increible sabiduría! ayudémonos con ella sin amordazarnos, creo que también el texto va en esa dirección, que tenemos posturas o gestos, unos son propios y otros adquiridos. Yo creo que los propios se heredan y estos como han pasado por la selección natural deberíamos aprender a amarlos, como las líneas de expresión, que queda más fino. Los otros, que son conductas-cadena, esos deshojémoslos no? hasta el fondo, justo como una cebolla.

Nuba dijo...

Mirarlo, que bello y que a propósito..
tanto que volvió a salpicarme..
http://vimeo.com/7435364

L.A.Z. dijo...

Gracias, Pizquita, gracias Retama, por vuestro amable recibimiento.
Veo que en los comentarios (brillantes e importantes practicamente todos, y en especial me ha gustado el de Beucis) se habla mucho de promover lo jocoso y lo divwertido, como dice el autor, en nuestro comportamiento, pero también veo que en varios casos se dice desde una seriedad y una coherencia argumental y racional tan rigurosa que casi te da reparos ponerte a escribir. Claro, no se van a decir las cosas profundas a base de chistes, o de juegos de manos, o con palabras de encantamiento, pero... (O a lo mejor sí: ¿Quién pudiera saber hacerlo!)
En una palabra, entiendo perfectamente a Afrodita en su comentario del 8 de frebrero.

Me fijo sobretodo en eso que dice el autor de que <>. Y es que siempre me ha preocupado mucho eso de Quién soy yo, si realmente puedo tener una coherencia que no me aprisione, y si soy capaz de sorprenderme a mí misma de vez en cuando, Porque me fio muy poco de quien creo ser, y me gustaria pensar que puedo un día hacer un papel en esta obra de teatro que es l mundo, y luego cambiar a otro personaje... No sé. Como que si me creo demasiado mi rol, mi careta, me estoy perdiendo tantas cosas...

A veces los niños te ponen en unos aprietos maravillosos. Porque es que no se creen demasiado las caretas.

L.A.Z. dijo...

La cita que había resaltado yo entre corchetes, del párrafo del autor, y que no ha aparecido en mi comentario era esta "qué telarañas espesas perpetúan la identidad."

Y veo a Nuba que nos trae una frescura y una hondura maravillosa. Gracias Nuba!

Loli dijo...

Cuando en el comentario del día 8 hablo de "alegría interior que no tendría origen en ninguna necesidad de aparentar", en realidad quería decir que su origen estaría precisamente (entre otras cosas), en la no necesidad de la apariencia.
No sé si se entendió así, fue un error de transcripción, perdón.

Pizquita dijo...

A Loli
¿Estás queriendo decir alegría interior aunque esa alegría no se manifieste, no se exprese?
He vuelto a leer tu comentario del día 8 y tanto en él como en el último que haces yo creo que se entiende bien.
De cualquier modo, y eso nos ocurrirá siempre a todos, el idioma (o quizá lenguaje) es como es y todo lo que no sea mesa, silla o ventana, va a tener acepciones más o menos huidizas. Tal vez has pensado que se podía interpretar como la expresión “necesidad de aparentar” que se utiliza coloquialmente en la vida cotidiana cuando nos referimos a ostentación o cosas así. Pero a mí me parece que lo has dicho bien.
Te comento ahora otra cosa:
El día 8, cuando escribías de “la búsqueda de referentes en los que basar nuestra próxima acción” no se puede obviar, desde luego, que a la hora de hacer, de actuar, es prácticamente imposible que el hecho o el acto en cuestión no hayan sido realizados ya (aun con todas las variantes imaginables), anteriormente, por otros o por uno mismo. Será por tanto inevitable que se tenga en la memoria el referente, o el recuerdo, con toda su carga o todo su peso emocional de si aquel, el anterior, estuvo todo lo bien que debía estar o pudo estar mejor.
Pero creo también que es una especie de maldición que nos aqueja a gran parte de los humanos el tener muy presente cualquier error cometido; y entonces todo ese referente parece que se concentrara tan sólo en una especie de voluntad exagerada, casi obsesiva, de no cometer en el acto nuevo el antiguo error.
No pretendo que sea fácil, para mí no lo es, pero aún no siéndolo sigo en la convicción de que todo cuanto se hace debe abordarse como nuevo, con el ánimo limpio de lastres y de sensaciones de culpas que hacerse perdonar aunque ese perdón en ocasiones sólo hubiese de provenir de uno mismo.
Creo que nos renueva más, nos modifica más, implica más cambio (o voluntad de cambio, al menos) esa actitud que la de regresar al pasado, al otro momento y otra situación que se dieron en otras circunstancias y con diferentes connotaciones que las que se puedan dar en las del “ahora” que esté dando pie a actuar.
A Nuba:
Está muy bonito lo de la cebolla. Y muy sugerente en cuanto a lo de “exógeno” y “endógeno” que me hace sentir que si lo esencial y más válido se halla en algún lugar muy profundo del “cada yo” (ese Dios interior, o personal, que nombró L.A.Z), y que si lo que buscamos es que ese Dios aflore, nos invada y trascienda al exterior se lo estaremos poniendo algo así como que más fácil si deshojamos la cebolla que si se tiene que tomar el trabajo de atravesar todo el grosor de la cebolla. También seremos más accesibles una vez desbrozados, deduzco, al Dios interior de los demás.
Y con esto me asalta otra duda. Porque si como dice el texto se trata de actuar desde lo exógeno a lo endógeno, y lo esencial está dentro, no parece factible que sea lo mejor de nosotros mismos quien pele la cebolla desde fuera.
Es posible que me haya hecho yo un lío.

Aquiles dijo...

Me llama especialmente la atención que el párrafo mezcle reflexión con las palabras “jocosa, divertida y profunda”. Como maravillosamente lo expresa Beucis, solemos relacionar reflexión con algo plomizo. Seguramente tiene que ver con el famoso “la letra con sangre entra” que aun hoy, aunque de forma mucho más sutil, sigue inspirando nuestro sistema educativo. Desde pequeños nos han enseñado que aprender y reflexionar es un coñazo (perdón por el palabro pero es expresivo), que interrogarse es inadecuado (niño no preguntes). Con estos lastres parece casi un chiste hablar de reflexión profunda y, al tiempo, jocosa y divertida.

Romper con el adulto aburrido y recuperar la capacidad de diversión seguramente sea uno de los grandes retos. Y es que nada interesante se puede hacer o decir sin que parta de una profunda carcajada. No creo que el párrafo se refiera a la diversión del cínico o del distraído que ríe como bobo, sino a la del tío feliz. Ese que tiene la carcajada sellada en el pecho.

a.p.a. dijo...

Ayer tuve un sueño
de nuevo llegaste a mi
volví a recordar
aquello que llegue a olvidar.

12 son las notas
12 los colores
7 conocemos
5 aún .... no.

A través del Amor
podremos traspasar
esa puerta que aunque invisible
cerrada con 7 llaves esta.

En el fondo del mar
parecen estar
mares y océanos
tendremos que limpiar.

Si con limpieza convocamos
y a Angeloi logramos despertar
sandalias con alas
en nuestros pies podremos calzar.

A nuestro interior debemos viajar
y con el minotauro, ogro y dragón
sabremos luchar.

¡A la frontera llegaremos!
¡A la aventura me quiero lanzar!

Cantare a la Musa
y ella trazará
las rutas por donde llegar
y ver las señales
de los Pájaros de Fuego
que en todas las orillas
de la vida están.

Aerendil Toursson dijo...

Sin embargo, la dimensión simbólica, la que enlaza nuestra memoria emocional con nuestra experiencia personal y la herencia cultural, es, de modo evidente, crucial en el proceso de cambio y de toma de consciencia personal.

La intuición (que no ley) de Jung en nuestro "incosciente colectivo", esa dimension simbólica que modeliza nuestra relacion emocional con lo otro y con los otros y que estructura toda nuestra visión/modelizacion del universo se decubre esencial.

Superemos el mecanicismo para integrar la consciencia. No quiero decir espiritualidad, que tambien, hablo de las dimensiones no espaciales-temporales de la construccion mental de la realidad.

La teoria de cuerdas es coherente con el dharma hindu, y de ahí se deriva todo un modo de estar en el mundo.

Einstein se equivocaba y Feynman tenia razon,

Om shanti

Mandrágora dijo...

Leyendo el párrafo que el autor nos propone sí entiendo que la manera de percibir lo exógeno y llevarlo a lo endógeno debe ser algo subjetivo y no puede ser homologado a nada, desde el momento en que la percepción y luego la interpretación es algo individual y en consonancia con el sentir de cada uno, y nunca establecido previamente y aceptado desde fuera; es un lenguaje propio, de cada uno, donde lo exterior —o mejor lo exógeno— habla, hace de espejo, señala, muestra, evidencia, frustra y ofrece oportunidades de cambio, y donde dejándose arrastrar desde esa sutileza y permitiendo darle carta de naturaleza a los mensajes recibidos, sin poner resistencia ni diques para seguir perpetuando y forzando a persistir en los voluntarismos e imperativos habituales, puede hacer de pauta y mensajero a la hora de buscar una mayor consonancia, mostrando gestos no repetidos y genuinos en cada uno.

Esos mensajes que en el día a día se nos ofrecen, me parecen un escenario idóneo para ir virando e interpretando las fallas en donde habitualmente uno se apoya a modo de referente, esas telarañas a las que se refiere el autor que muchas veces reflejan inercia y esa falsa identidad, evitando una creatividad que entiendo está en todos. El escenario de la vida, me parece entender del párrafo, está más a nuestra disposición de lo que valoramos previamente para modificar con celeridad viejos hábitos que nos dificultan volar más alto y visualizar otras realidades más interesantes, por no saber o no poder, o no querer desarrollar esa capacidad de sorpresa que el autor cita repetidamente en su libro.

Y haciendo referencia a un comentario hecho por L.A.Z, considero necesaria esa soledad. Hay cosas que no se pueden hacer de forma grupal, aunque dé "yuyo".

Loli dijo...

A Pizquita

Pues sí, creo que justamente quería decir eso, una especie de "alegría interior" que no se reconocería como impostada, sino que respondería al atisbo, aunque sea en pequeños destellos y por poquito tiempo, de que existe una verdad profunda en nuestro interior, inmutable y que no está en función de arquetipos, estereotipos, manías, miedos, posturas, conductas etc...

Y sí también creo que eso a lo que llamo "necesidad de aparentar" englobaría de manera muy general los conceptos anterioress, y que como bien dices en tu comentario del día 9, el lenguaje tiene sus límites o todavía es un gran desconocido, y encima estoy poco acostumbrada a utilizarlo adecuadamente y concretar acepciones me cuesta, también tiene su lado apasionante el profundizar en significados, pero ese es otro tema y yo sí que me lío bastante.

A la vez comparto contigo lo difícil que puede ser abordar las situaciones vitales (no se me ocurre otra frase) como lo que son, espacios nuevos que nunca se han mostrado antes porque la repetición es imposible.

Per ¡Ay! eso de abordarlos con ánimo limpiol de lastres.

Por lo menos a mí cuando lo intento (a lo mejor demasiado tímidamente) aparece otro lastre que estaba como escondido esperando una nueva depuración (como las capas de la cebolla de Nuba).

¿Sería posible llegar a mantener un cierto ritmo en el mantenimiento de nuevas actitudes?, A ver si me explico, ¿se podría manter un cierto hábito en la intención romper estereotipos, miedos, actitudes gastadas basadas en referentes antiguos...., romper esa dichosa inercia (esa "especie de maldición" de la que hablas en tu comentario)?

¿Se podría encontrar un cierto ritmillo del que al final no se pudiera volver al enfrentar con novedad y cada vez con menos lastres el día a día?.

Me gustaría creer que sí, seguro que sí, pero es complicadito.

Nuba dijo...

La cebolla ha estado ahí siempre, igual que nuestro Yo, endógeno. Es muy cierto que el juego entre lo exógeno-los demás como indivíduos, los demás como grupos sociales, el ecosistema – y lo endógeno: nuestras células, los genes las hormonas que los regulan, las conexiones nerviosas, órganos tejidos….- cuantos mundos ¿no? ¡ que lío aparente! Cuantos caminos….!
Como dice la poeta, la cebolla es coherente, acebollada por fuera, puede calar sus adentros con la mirada certera.
Eso es, una caladura fácil, espontánea, que te inunda de pronto, y te ves, como si pasaras a través de rayos x.
He de confesar que jamás he leído a los sabios fuera del ámbito científico. Quiero decir que nada se de filosofía china ni india ni Jung ni Freud ni me pregunté nunca hasta hace poco quien soy o de donde vengo. Mucho menos me planteaba mis pasos futuros. Digamos que estaba dormida….
Creo que a todos nos llega un momento en el que hay encrucijadas tan vitales, que nuestro instinto, ese, el endógeno, nos tira de las orejas de forma vehemente y ay, es tan pesadito el pobre, que empezamos la búsqueda.
Los guías, que no mapas, son de gran ayuda pero el rastro ha de encontrarse de forma individual. En mi caso, gregaria como soy, me aislé del grupo internamente, aunque por fuera aparentemente seguía con mi vida como si tal. Es decir que ni me fui a una montaña, ni desiertos ni mares. Ya me hubiera gustado, pero si he viajado a través de las capas de mi cebolla, y creeme Pizquita, puede hacerse desde fuera, si NO LO PIENSAS. Creo que esa es la clave, al menos fue mi llave. Para eso hay que volverse realmente pasota… pero fuerte, con garbo, yo imagino que lo que me dice la mayoría de la gente es su película, y no me tomo las cosas personalmente (me quito alguna telaraña) –casi nunca, claro, a veces me las llevo, como todo el mundo, tengo mi corazoncito y mi mucho orgullo-
Mi secreto: Escuchar con las orejas para dentro.
Entonces no actúas desde fuera y es fácil. Entonces, haces la travesía encontrando un atajo, no hay que deshojar capa a capa a la cebolla porque su corazón está en cada una de ellas, no hay un lugar central. Como dice Toursson, teoría de cuerdas. Los hilos, no son puntos inconexos, están conectados. En todos, hay algo de luz que descubrir y algo de sombra que robar para aumentarla.
¡ Que bonitas las sombras chinescas! Igual de bellos que los silencios en medio de las sinfonías, de la respiración mientras nadamos, de las paradas para dibujar los movimientos. De las comas, entre las palabras.. de perder algo y volver a encontrarlo..
De aprender a des-aprehender. Volar sin moverse del sitio.
Entonces creo que el ritmo ese no se para. Como cuando aprendes a montar en bici. Ya siempre sabes.

Aquiles dijo...

El matiz de Manolo a Enrique me parece importante. Es cierto que desde la razón resulta absurdo construir un arquetipo ideal de nosotros. Pero es que ese uso del cerebro sería absolutamente irracional. La razón es una herramienta diseñada para generar continuos interrogantes que abran puertas hacia lugares desconocidos donde surjan nuevas interrogantes. Si la razón pretende tener todas las respuestas, hasta el punto de conocer el diseño último de cada uno de nosotros, simplemente muere de puro aburrimiento. ¿No será quizás eso lo que nos pase a los adultos permanentemente aburridos? ¿No será que creemos conocernos y conocer perfectamente al de al lado? Quizás desde una simple interrogante jocosa podríamos vivir y sentir todo lo que nos rodea de forma totalmente distinta.

El´hipo gey dijo...

El símil de la cebolla no lo entiendo, ni cruda, ni pochada.

El comportamiento del hombre endogámico, se me antoja más similar al caracol, cuando le interesa se asoma, cuando no se esconde.

Beucis dijo...

El hacer comentarios sobre el texto de las “49 respuestas ….” Nos permite adentrarnos en lo profundo de un pensamiento libre y enriquecedor, que nos impulsa a salir de lugares comunes, repetitivos, mediocres, tan al uso; nos permite hacer un ejercicio de estiramiento de nuestra inteligencia, esa Sophía que tratamos de desvelar, esos siete velos que, en cuentos, leyendas y mitos, van cayendo, a medida que nos comprometemos con nuestro trabajo de búsqueda espiritual.

Esta es la grandeza y el interés de este blog, cada uno, a su manera, con dificultad, pero con ganas, estamos intentando dar nuestra visión del texto de turno. Y todo es válido y enriquecedor. Se están creando vínculos de reflexión, de búsqueda, que ayudan a ensanchar nuestros límites y que muestran el ancho, estimulante camino, de nuestra ignorancia a transitar.

Todos somos cercanos, Afrodita y nos interesamos y mucho por lo que escribe el otro, porque nos enseña, por los debates, por la personalidad que se dibuja, por lo que se desvela y por lo que se vela. Creo que tanto los que escribimos, como los que leen, como los que ignoran, los que desconfían, y los que fían ¡Todos y cada uno! Desde el asentimiento y la repulsa, somos parte de esa Comunión de los Santos del cristianismo, Prana del Vedanta, y, más rebajado el techo, Inconsciente Colectivo del que nos habla Jung

Un abrazo y gracias a todos por lo que me enseñáis.

Manolo dijo...

Aquiles, lo has expresado muy bien: la razón debe servirnos para “generar continuos interrogantes que abran puertas hacia lugares desconocidos donde surjan nuevos interrogantes”. El problema es cuando nos creemos que con la razón, con nuestro intelecto, podemos llegar a todo. Entonces caemos en la estupidez de creer que la realidad es lo que comprendemos, despreciando el resto. Supongo que el arte está en aprender a utilizar a tope nuestra razón, sabiendo que la realidad es mucho más amplia y que solo podremos captar más de ella si estamos atentos y, además, nos ejercitamos en el uso de los demás instrumentos perceptivos que tenemos. Sensaciones, intuiciones, etc., son nombres que supongo que apuntan a muchos de esos instrumentos. Habituales los unos, y latentes pero desconocidos los otros.

Confieso que hasta hace no mucho yo me tomaba a coña todo ese mundo de arquetipos, mitos, símbolos y demás elementos, que para mí eran tontamente esotéricos. Ahora lo miro con interés y respeto. Pienso que, hasta cierto punto, esa es la forma en que el ser humano traduce una parte de esa realidad que nos llega, para la cual aún no estamos preparados para asimilarla intelectualmente. Ahora me gustaría ser capaz de captar, y traducir, toda esa suerte de señales que nos llegan de esas múltiples capas de la realidad a la que mi intelecto quizás no llegue nunca. Si algún día fuera capaz de captar la realidad tal cual es, probablemente me reiré de la simpleza de los conceptos intelectuales, de los símbolos y de muchas cosas más que ahora me parecen importantes. Pero, una cosa es reírse de las muletas cuando uno ya puede caminar sin ellas, y otra muy distinta es reírse de ellas cuando uno todavía está mutilado.

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