Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.
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1 mar 2011

SEGUNDO MENSAJE. LA NATURALEZA POSIBLE. Texto 2.17

2.17 "Puede que cuando el hombre se proponga dejar de ser carcelero de los demás, se decida a cortar los alambres de espinos que rodean su consciencia y salga del campo de concentración en el que se ha enclaustrado; la repetición es algo físicamente imposible, neuroeléctricamente absurdo y bioquímicamente inaceptable desde un punto de vista científico. Los descubrimientos más recientes han transmitido la idea de que el intento de repetir una situación sólo puede ser planteado como un juego porque es contrario a la Naturaleza. Pero al estar basado el modelo científico en la recreación experimental de condiciones similares, se ha sembrado la extraña sensación de que la identidad está basada en permanecer en estados de consciencia rígidos e inalterables. Es como condenar la identidad a un calco fotográfico que se va superponiendo sobre cualquier situación."

1 nov 2009

Texto 1.4

1.4 "Cuenta la Historia convencional que la realidad antropológica, el modo de vivir e incluso el para qué, no es más que la suma de las vidas de todos los muertos. Puede que la llamada basura genética, esa parte del genoma que la Ciencia ha supuesto que no opera en la conducta, sea más determinante de lo que los genetistas han podido averiguar hasta ahora, y quizá la definición de la consciencia esté determinada por una experiencia o un aprendizaje cuya naturaleza oficialmente aun se desconoce".


COMENTARIO

Una creencia muy extendida en nuestra sociedad considera que somos el resultado de nuestra genética, del modo de vida y de la cultura de nuestros antepasados. A eso también se le añade la influencia de nuestro entorno. De la educación, por supuesto, y de lo que no es la educación. Porque, en definitiva, nadie sabe delimitar hasta dónde llega ese “entorno”, qué cosas lo configuran ni cómo se reparten sus influencias.

Al hablar de la herencia de nuestros antepasados solemos remitirnos a nuestra genética como si ya con eso supiéramos, más o menos, de qué estamos hablando. Sin embargo, del 95% de nuestro genoma, de eso que se ha dado en llamar “basura genética”, no se sabe casi nada. Así lo reconocen los propios biólogos. Ignorar prácticamente todo de la mayor parte de nuestro genoma deja abiertas muchas posibilidades. Es muy posible que ahí, sin que tengamos ni idea de su existencia, esté residiendo un inmenso potencial pendiente de ser adecuadamente activado. A fin de cuentas sigue siendo un misterio para la Ciencia explicar qué fue lo que hizo que, en un momento determinado de nuestra historia, “surgiera” en nosotros la inteligencia, la consciencia y todo eso que nos hace sentirnos humanos. Quizás fuera que, por algún motivo o conjunto de motivos, una porción de ese potencial fue activado. La gran cuestión, claro, es cómo poner a pleno rendimiento la inmensidad de nuestra genética.

Por otra parte, la definición que hacemos de nuestra consciencia, por parafrasear al autor, o ese “darnos cuenta” de la parte de la consciencia que estamos utilizando, nos lleva a otro territorio inmenso e igualmente virgen. No se sabe “cuánta” consciencia utilizamos –dándonos cuenta o sin darnos cuenta- ni cuánta consciencia podríamos llegar a utilizar, si la pudiéramos desarrollar plenamente. Por no saber, ni siquiera se sabe qué es eso de la consciencia. Por tanto, aquí también se nos abren un montón de posibilidades. Todas legítimas, para la Ciencia actual o para la del siglo XXX.

Quizás, como sugiere el autor, la definición que hacemos cada uno de nuestra consciencia viene determinada por una experiencia, o un cúmulo de ellas. Quizás las traemos grabadas en nuestra genética al nacer o quizás se graban en ella desde ese entorno que nos envuelve y del que apenas sabemos nada. O, quizás, sea una combinación de ambas. Ignorando para qué sirve el 95% de nuestro genoma, todo es posible. ¿Se trataría de experiencias tenidas por nuestros antepasados? ¿Por nuestros coetáneos? ¿Por otros seres? Es más, quizás podría no tratarse de experiencias ya tenidas sino de algo así como “óvulos de no-se-sabe-quién” pendientes de ser “fecundados” por nosotros mismos para, en definitiva, convertirlos en nuestra propia experiencia.