COMENTARIO DEL AVENTURERO
La democracia debería ser un sistema que fomentara el pluralismo. Eso al menos dicen la teoría política y todas las Constituciones llamadas democráticas. Sobre el papel debería ser un modelo que favoreciera que cada individuo aportara su propia visión del mundo. La suma de visiones individuales crearía un vector del cual surgiría una voluntad general que alimentaría el espíritu de las leyes.
Obviamente esa visión ilustrada está a años luz de lo que
ocurre en cualquiera de las modernas democracias. El poder de cualquier color aspira
a crear sociedades homogéneas en las que todo el mundo piense exactamente igual.
Cada vez que en el sistema educativo se le dice a un niño que
una cosa es así y que todas las demás opciones son erróneas se le están
cercenando sus posibilidades de un pensamiento creativo y de un lenguaje
propio.
Hace tiempo que la psicología ha señalado la importancia del
idioma en el pensamiento. El hombre, por el momento, no conoce otra forma de
razonar que no sea verbalizada, de modo que lo que no es capaz de expresar en
palabras difícilmente lo concibe intelectualmente. Solo en ocasiones un rayo
intuitivo cruza nuestra mente y nos da la sensación de que algo se ha resuelto.
Es un mensaje limpio, sin idioma, que nos apresuramos a intentar relatar en
palabras.
En este sentido tener un idioma propio significaría tener un
pensamiento propio, una visión del mundo única. Cada uno enriqueceríamos el
mundo con nuestra mirada individual.
¿Es posible una sociedad así o es precisa una mínima uniformidad?
El maestro Confucio creyó en una sociedad unida a través de una ritualización
profunda, que todavía hoy subsiste en China. Sin una mínima uniformidad y desde
una visión auténticamente individual del mundo, los conceptos de tribu o de
nación carecen de todo sentido. Según Gellner, "dos hombres son de la
misma nación si y solo si comparten la misma cultura, entendiendo por cultura
un sistema de ideas y signos, de asociaciones y de pautas de conducta y
comunicación".
La idea de la desaparición de la Nación y de su envoltorio
el Estado es sugerente pero difíl en un momento de la evolución de la humanidad
en el que existen conflictos, desacuerdos y agresiones. Por ahora, parece necesaria
una estructura organizativa que permita resolver esos conflictos, pero ¿es
precisa la Nación como soporte ideológico de "unidad de destino en lo
universal"? ¿Tienen sentido los nacionalismos con o sin Estado?