Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 mar. 2010

Texto 1.13

1.13. “Pero hay influencias más significativas si cabe; cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo, cada acción incide en el mundo y en los referentes éticos, cada pensamiento transforma la piel, altera el sistema nervioso y dibuja una estrella en el iris de los ojos; la magnitud de influencia de cada uno de esos vectores que conducen a la realidad está determinada por la escala móvil de valores que establece la consciencia.”

60 comentarios:

Manolo dijo...

Si cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo, si cada acción incide en el mundo y en los referentes éticos, como afirma el autor, deduzco que todo lo que cada uno de nosotros hacemos influye en nosotros mismos y en el resto del mundo. Pero también en los referentes éticos. De todos, claro. Y, aunque siento que me muevo en terreno resbaladizo cuando hablo de estos temas, se me ocurre que los referentes éticos no deben ser muy distintos de esa escala de valores que se menciona al final del texto. Si es así, me da la impresión de que el autor nos está dando a entender que en todo esto hay una especie de proceso de realimentación, que dirían los físicos.

Es decir, las acciones de los demás, sean cuales sean, estemos o no enterados de ellas, influyen en mis referentes éticos o escala de valores además de en los de todos los demás. Pero mi escala de valores, que es la que determina el grado de influencia de cada uno de esos vectores con que me “construyo” la realidad, está siendo, a su vez, establecida por mi propia consciencia. ¿Quién es, entonces, el causante de que yo tenga, en cada momento, una escala de valores? ¿Mi consciencia o las acciones de los demás? ¿O acaso ambas estás interconectadas? ¿Cómo se produce esa incidencia de todos con todos? ¿Puede hablarse de alguna clase de conexión que nos vincule a todos a través de nuestras respectivas consciencias? ¿Hay una frontera que separa mi consciencia individual de las de todos los demás, o a un determinado “nivel” existe una mezcla entre unas y otras, una especie de magma común? ¿Tiene sentido hablar de una auténtica consciencia individual o se trata, más bien, de una versión local, de una especie de “sucursal”, adaptada a mi funcionamiento neuronal, de una consciencia colectiva?

De todos modos, y bajando ya a la tierra, no quiero dejar de señalar algo que me parece clave en este texto. Como me decía un buen amigo mío el otro día, precisamente comentando este texto: “al final te influye lo que te influye porque le das la importancia que le das a determinados valores”. Si le dieras menos importancia a algunos de esos valores las cosas te influirían de otro modo, actuarías de forma bien distinta e influirías en el mundo de otra manera. Y esa responsabilidad la estamos gestionando a todas horas, querámoslo o no.

Enrique dijo...

Cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo... y cada gota de agua o cada partícula de aire que pasa por nuestro cuerpo también dejan una huella, la huella de la memoria, la marca de nuestro paso por el espacio y el tiempo.
Porque, ¿qué otra cosa es la memoria sino una marca, que establece la diferencia entre lo que fue y lo que será?
No parece gratuito comparar los dibujos del iris con las formas de las galaxias. Es el mismo mensaje escrito de múltiples maneras. Al fin y al cabo los fotones proceden de las estrellas.

Anónima dijo...

Tengo un amigo pintor "hiper" realista que, trás un viaje a Marruecos, le dió por pintar rostros de hombres del desierto.
!Qué caras! Auténticos mapamundis de surcos y arrugas que delataban toda una vida.
Hoy trás leer el párrafo he mirado mis ojos en el espejo, he observado mi piel , he pensado en mis pisadas y me hubiera deprimido si no hubiera tenido el libro en mis manos. El párrafo aislado podría intepretarse como algo sentencioso.
Pero afortunadamente ésto no es así. Aunque es evidente que todo deja una marca o huella, da la casualidad que el autor dedica todo un prólogo a la segunda carta y un segundo mensaje a hablar de este tema y parece decir que "... contendría tintes de tragedia,si fuera inmutable, si no pudiera ser cambiado".
Nada desaparece, nada puede ser borrado, pero si transformado.
Anular o borrar no está en nuestras manos, pero si redimir y transformar.
Me quedo sobre todo con esta frase:
"En los tejidos de la piel parecen estar grabados todos los vicios del intruso que pretende detener el flujo de luz interior,.....pero están también sembradas las semillas de los lirios que indican las cien formas de recomponer el cuerpo de Osiris".

Anónimo dijo...

Entre fines del siglo XIX y principios del XX, antes de la aparición en escena de la psicología clínica según S. Freud, en un hospital de enfermos mentales de los alrededores de Paris, se llevó a cabo una investigación bajo tres sistemas de registro y acumulación de datos: Antecedentes, observación clínica del comportamiento, e imagen gráfico de gestos y actitudes corporales, es decir intento de elaboración de un documental fuera de los recursos del cine. Los registros gráficos obtenidos por expertos e incluso conocidos artistas de la época, son uno de los mejores y más completos documentos sobre las vivencias de los internos diagnosticados, por aquél tiempo, con enfermedades de tipo mental o del comportamiento, y desde entonces configura una de las mejores fuentes de observación de la expresividad enfatizada del ser humano, considerada como rastro o huella de una circunstancia motivada.
Es evidente que nuestro paso por el mundo aparente imprime rastros y huellas en torno, y en nosotros mismos, algunos de los cuales, considerados como extremos o límites, marcan huellas permanentes en la conducta, y la imagen corporal y fenomenológica de la acción.

Entretinieblas dijo...

¿Sabéis alguno qué es vivir sin fe en nada ni en nadie?
Quien tenga una respuesta que la de, si quiere; pero que nadie me largue un consejo, por favor.

Anónimo dijo...

A Entretinieblas..... Sé lo que es vivir sin fé en nada ni en nadie. La vida me colocó en esa coyuntura.
Y no me acuerdo cómo fué, ni en qué momento, pero un día me dije a mi misma:" o sigues para adelante, o te quedas".
Y una extraña fuerza se apoderó de mí y dije:
"Para adelante"
Y no me quedó más remedio que comenzar a tener fé en mi misma, independientemente de lo que me rodeaba y quién me rodeaba.
Y adquirí mi mejor tesoro. Confiar en mí por encima de "lo demás y los demás". Y empecé a comprender que estaba aquí para algo y que la vida me ofrecía una oportunidad única. "Todo y todos" me podían fallar, pero "yo" no me iba a fallar.
Con el tiempo, esa confianza en mí se fué trasladando a lo que me rodeaba. Me dí cuenta más adelante que "lo demás y los demás" no eran más y menos que una proyección de mi propio estado.

Anónimo dijo...

A veces me pregunto en donde se esconden las opiniones sobre una tematica tan interesante como la que propone el autor.

Esta mañana Entretinieblas nos dice que"nadie le largue un consejo", que le demos una respuesta a su falta de fe. A quien mira? Hacía arriba o hacía abajo?. No se, no quiero ser ruda pero estamos dentro de un blog publico que tiene una cierta resonancia, una reflexión conjunta. Desconozco su situación, talvez esta inmersa en un dolo, yo la invito a leer el parrafo y hacer un comentario.

Andrés dijo...

A Entretinieblas:
Ciñéndose estrictamente a tu planteamiento sólo cabe responder sí o responder no.
Cuando no se tiene fe en nada ni en nadie no queda espacio (vitalmente hablando) para el “sí”.
No sé si me explico.

Gaspar dijo...

A Entretinieblas: Intuyo que vivir sin fe, la falta de fe, es la infelicidad.

Zascandil dijo...

¿Cuántas veces me he mirado al espejo y mi razón ha distorsionado la imagen reflejada porque esa no podía ser yo?.

¿Cuántas veces hablo y no reconozco mi voz?

¿Cuántas veces etiqueto la mirada del otro sin darle oportunidad a mostrarse sin miedos porque ese trabajo no entra dentro de "lo que me interesa"?

¿Cuántas y cuántas capas he puesto a la cebolla?

La fe ¿ha desaparecido o solo la he perdido de vista perdida entre tanto vericueto de la razón para justificar mi estado?, y si es así ¿cómo hago para vislumbrala de nuevo?, la fe es el vehículo del amor, pero sí ese vehículo parece estar desaparecido ¿cómo hago para evocarlo?, solo se me ocurre que a lo mejor evocando el amor éste pueda evocar a la vez su vehículo, con lo cual tengo que plantearme una actitud de aventura que me deja temblando y que intuyo podría superar tratando de percibir
mi entorno sin interferirlo con el pensamiento, y eso incluye perder el interés por mí y recuperar el interés por el otro, me es complicado, lo reconozco.

Altisidora dijo...

Debo confesar que llegue por casualidad a este blog y fue porque hay otro parecido y mi compañero lo lee de vez en cuando.
Hace unos días leí algo relacionado con la consciencia y siempre he tenido interés en el tema.

Me ha sugerido muchas cosas lo de la huella y su doble señal. La que uno recibe y la que uno da. Me es difícil tener un visión general de lo que se trata y comprendo que hayan comentarios cruzados porque es más fácil entrar en un especie de discusión, sobre si se tiene fe o desesperanza, que en el párrafo mismo que tiene mucha densidad y talvez requiere una profundización y una investigación exhaustiva. Hay referencias científicas y de asuntos de la sicología y de la filosofía muy sesudas y que requieren tiempo de estudio.

Bueno, felicito a los que idearon el blog porque lo veo interesante.

Lara dijo...

Si cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo, si cada sonrisa ilumina un poco el mundo, si cada mirada añade nuevos colores, si es verdad que el mundo tiene sentido y nosotros dentro de el, si nada de lo humano puede sernos ajeno; entonces tenemos contraida una gran responsabilidad, que a mi me gustaria saber conciliar con el mandato de ser feliz.

Eduardo dice en alguna parte del libro que vivir es una feliz obligacion responsable.

Tal vez nos este sugiriendo que la mayor responsabilidad contraida al nacer sea la de tratar de ser felices, aun sabiendo que moriremos en el intento.

(Perdon por la falta de acentos, no me deja el teclado)

Mandrágora dijo...

Afirma Aurobindo que si sigues los dictados de tu mente, no reconocerás a la Madre aun si esta llega a manifestarse ante ti.

Dice: «La acción de la Madre es laboriosa, persistente, integral y sin fallo; porque la voluntad puesta en sus obras es escrupulosa, infatigable y no la vence el sueño. Ella percibe y toca cada pequeño detalle, se fija en cada pequeño defecto, hueco o error; considera y pesa con precisión todo lo que ha sido hecho y todo lo que queda por hacer. Nada le resulta demasiado pequeño o trivial como para pasar desapercibido a su atención. Ella trabaja cada pequeña parte hasta que logra su verdadera forma, queda colocada en su lugar exacto en el todo. Su ojo percibe todas las necesidades de una vez y el camino para satisfacerlas. Su intuición conoce lo que debe ser escogido y lo que debe ser rechazado, y determina con éxito el instrumento propicio, el tiempo propicio, las condiciones propicias y el proceso idóneo».

El mundo puesto a disposición para transformarse, ¿qué más se puede pedir?

Anónimo dijo...

Mandragora, esta bien. Pero que parrafo nos propones comentar el de Aurobindo o el del autor?

atila dijo...

El loquito del pueblo donde mi tio abuelo Benito era el medico, se llamaba Emilio. Siempre iba corriendo porque según él era un coche. Imitaba el cambio de marchas, la bocina, el freno tan bien que realmente lo parecia. Nunca vi una mirda tan feliz y limpia como aquella.Nunca se paraba a hablar con nadie porque siempre tenia prisa. Una vez de niña acompañe a mi tio a ver enfermos y se detuvo.
-A ud. Don Benito y a su sobrina los llevo donde me digan-.Mi tio le dio unas monedas para gasolina. Jamas en el pueblo se rieron de él. Era un pueblo de pescadores mas bien soso y el le daba una nota alegre. Ahora es un lugar de moda.
Mi tio media casi dos metros, hombros anchos y andar erguida podia imponer pero si se volvia podias ver sus tremendos ojos azules llenos de bondad y limpios como los de Emilio.

El pueblo y las aldeas cercanas lo adoraban.
La tia de mi madre y el no tuvieron hijos y yo era su ahijada.Para ellos yo era su hija y pasaba muchas temporadas con ellos.
-Mi ta era muy neurotica aunque muy buena persona pero el le tenia un gran respeto y cariño. Cuando llegaba a casa siempre le traia una flor:Un clavel, un nardo, un gladiolo. y a mi una necora.
Solamente cuando le avisaban de un parto o de un moribundo, se oia en la casa con voz de trueno.
-¡Carajo! mientras se ponia las botas.
La noche que murio, una semana despues qu mia tia cogiendome la mano me dijo:
-Acuerdate, "niña de la estación" (asi me llamaba)que el desiluionar a los demás no es ni la cuarta parte de malo que desiluinarte a ti mismo. Emilio fue al entierro pero esta vez no corria como siempre.
-Los coches tambien se averian y estare tres dias sin llevar a nadie.
entre Dorinda la muchacha que estuvo muchos años con mis tios y yo al cabo de años le pregunte por Emilio.
Este pueblo no es el mismo sin su tio y sin Emilio.Los murieron como vivieron, sin molestar a nadie y dejandonos su recuerdo de amor.
Me dejaron su casa con sus vivencias pero la huella tanto de Emilio tan feliz sin esperar nada a cambio y la forma de como mi tio se comporto prrrocurando alegrar y servir a los demas, me ha seguido toda mi vida.

Cuando
.

Gaspar dijo...

Todo suceso tiene consecuencias, toda acción genera una reacción, es como si cualquier hecho provocara un viaje de ida y vuelta sin fin, alterando en mayor o menor medida todo lo que se encuentra en su camino que es todo. Ante esta situación, parece un elemento clave a considerar la responsabilidad, responsabilidad ante lo originado por su influencia interno-externa, y responsabilidad ante lo percibido para tratar de incorporar lo que se cree enriquecedor, y al mismo tiempo filtrar y tratar de transformar lo que se considera dañino.

No obstante, esta responsabilidad ante las consecuencias de una acción, no debiera propiciar la pasividad; pues considero que aún con la certeza de cometer errores, existe al nacer el compromiso mayor de tratar de aproximarse a su destino, y ésto requiere de actividad. Analogizando esta situación, creo que tiene similitud con las figuras de Adán y Eva en el Edén, donde tienen por decirlo de alguna manera la "obligación" de probar el fruto del árbol prohibido. Este planteamiento de "obligatoriedad" a actuar, considero que debe estar asociado a la lealtad, lealtad con el yo íntimo. De tal manera que aún con limitaciones y errores, que es siempre al no haberse alcanzado el grado de desarrollo pleno, se percibe una sensación de felicidad cuando uno siente que ha hecho lo que íntimamente considera que tiene que hacer.

Por otra parte, el texto introduce una nueva variable que complejiza la situación, y es el concepto del hombre en continua metamorfosis; lo que en un momento ha consideardo como un hecho oportuno atendiendo a su escala de valores, en un nuevo estado no lo es. Por lo que parece necesario tener presente la situación de transitoriedad, para considerar que un valor en un momento determinado no tiene porqué tener la misma importancia en otro momento con otro estado distinto de la persona. Esta reflexión conlleva a sentir, que en actuaciones pasadas (y seguro que también presentes) se han cometido errores de bulto. Asumir estas acciones, seguramente es necesario para generar una nueva consciencia que propicie una respiración más limpia.

Mandrágora dijo...

a Anónimo:

Para nada pretendo que se comente sobre Aurobindo. Pero es que al leer el texto del autor, me ha sugerido claramente lo que en su momento leí sobre la Madre con respecto a la incidencia de lo cotidiano en el todo o, como dice el autor, "cada acción influye en el mundo".Me parecía más expresivo su explicación que la mía. Reconozco que es más fácil; y más veraz.

Entretinieblas dijo...

A Anónimo (3 de marzo de 2010 00:34):
Que en realidad eres “anónima”, pues de tus palabras se desprende que eres una mujer.
Si pudiste llegar al momento en que te dijiste “tirar para adelante” es que previamente y aunque no lo estuvieras sabiendo estabas teniendo fe. De no haberla tenido la conclusión hubiera sido la que creo que apunta Andrés.
No todo es una proyección del propio estado. Un asesino (por poner por caso) lo es en sí mismo, y lo seguirá siendo sea cual sea tu estado al percibirlo.
A Anónimo (3 de marzo de 2010 11:39):
Que también eres “anónima” aunque no sé si la misma.
Al hacer la pregunta no estaba mirando hacia arriba ni hacia abajo, estaba tan sólo planteando una cuestión.
Cómo muy bien dices estamos en un blog público y, como en todos los lugares públicos, expuestos a toparnos con todo tipo de especímenes y personajes. A veces me ocurre, cuando entro en un bar a tomar un café o alguien saliendo por una puerta la sujeta para que yo entre, o en un ascensor. Sin poderlo evitar sonrió al dirigirme al camarero, o al decir gracias o buenos días; y me asalta siempre, también sin poderlo evitar, el temor, la sospecha fugaz, de que qué garantías tengo de no estar sonriendo a un ser absolutamente despreciable. Eso me hace bastante retraído. Se me acaba de ocurrir, así, bote pronto, que existen (también y por el contrario) almas bondadosas que incluso podrían argumentar “a lo mejor gracias a tu sonrisa ese ser quizás despreciable es un poquito mejor”. Quiero decir que todo criterio tiene su para acá y su para allá.
Es por estar en un blog público en el que no se escribe de cretinadas por lo que he cedido a la tentación de hacer mi pregunta. Una especie de experimento.
A Andrés:
Creo que has sido un pelín cabrón. Es un “cabrón” cariñoso, no me lo tomes a mal. Es la respuesta que más me ha gustado por no contener ningún tipo de consejo ni de admonición.
Así que, concretando, la puntuación queda como sigue:
Primer puesto – Andrés.
Segundo puesto – Anónimo 2º
Tercer puesto – Anónimo 1º
El cuarto puesto se lo daría a Gaspar porque su respuesta ha sido la más facilona. En contraposición a tan mal resultado te felicito, Gaspar, porque el último de tus comentarios es de los mejores de todo lo que va de blog.
A todos los demás:
No sé si os corresponde la gloria de no haber caído en la trampa o el demérito de la cobardía al eludir el responder.
Y, a todos otra vez:
Tomadlo tan sólo como una prueba fehaciente de que, como escribe el autor, “cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo”.

Anónimo dijo...

Gracias a Entretinieblas ya sabemos que es vivir sin fé ni esperanzas, y lo que es mejor, sin nada interesante para contar. Animo, que ya llegarás a gobernador de la Ínsula.

Pávidus dijo...

Quisiera ser tan alto como Blas Blas Blas...
...como Entré...Tinié...
...¡como Entré Tinié!.

Y no tirarme luego a una pisci...na na,
...sin aguá...guá guá...
...¡sin aguá, guá, guá!.

A Tiny.

José dijo...

Querido Entretinieblas, la Mayeutica de Socrates no hacía trampa. La verdad era una razón con corazón desde el principio. La huella era endeleble, no dejaba barro sobre el silencio y no escondía una piedra bajo el paladar. Es y era un dialogo.
De cualquier forma. Un abrazo,

Anónimo dijo...

La Fè es confiar en algo o alguien sin ver. Casi todos en algún momento hemos confiado por ejemplo en nuestros padres cuando nos han dado algún consejo.Cuando me monto en un avión confio en el piloto, cuando me tomo una tapa confio en la cocinera, y si me pongo a pensar hay muchas personas a las que apenas conozco que hacen muchas cosas por mí y por todos en las que confiamos nuestras vidas.
La mujer de Barro

Anónimo dijo...

Cuando mis hijos eranpequeñosiba con ellos a la playa,paseabamos por la orilla, dejabamos nuestras huellas mas o menos profundas en el camino. Cuando se cansaban les cogia en brazos, se apoyaban en mis poderosas caderas y al pisar de nuevo en la arena mis huellas se hacian más profundas.
Un observador bábil se daria cuenta que la carga libiana de mis hijos cambia mi huella,modifica mi forma de pisar.
Estos paseos han quedado grabados en nuestras memorias. Según andabamos sentiamos el sol en la piel,la arena,el olor a mar.Nuestras retinas grababan el horizonte, el paisaje. Respirabamos profundo y cuando nos cruzabamos con otros bañistas nuestras miradas les trasmitian mensajes captados por nuetros cinco sentidos transformados en otros que yo intuyo estan por encima de éstos.

Querido Manolo si te hubieras cruzado conmigo y hubieses estado atento habriamos conectado en ese "magma", que podemos llamar prana en el que todos intercambiamos energia.

GRACIAS al autor del texto, no sólo por haberlo escrito sino por ser una autoriad en aquello que nos transmite, en cierto modo siempre sera el autor de muchos de nuestros escritos.

Entretinieblas dijo...

Cuando escribí la pregunta que tanto ha indignado a algunos era del todo cierto que sentía una angustia espantosa. En aquel momento no estaba siendo un experimento, lo creáis o no. Estaba, era el día 2, además de bajo un estado francamente terrible del que no es lugar para entrar, a la espera de una noticia que resultó ser bastante peor y más sobrecogedora (en cuyos detalles tampoco voy a entrar) de lo que en principio había querido creer.
El día 3, cuando escribí como Andrés (porque Entretinieblas y Andrés son la misma persona) la respuesta, la noticia que me tenía en un sinvivir (la que había de haber recibido el día anterior por la tarde o durante la mañana de ese mismo día 3) se demoraba y, en el entretanto, aun conservaba una esperanza.
El día 4 la esperanza se vino finalmente abajo. Fue entonces cuando sin buscarlo la angustia y el nudo en el centro del pecho se deshicieron, y la congoja cedió su lugar a la entereza, a la convicción de que valía la pena el tirar adelante porque había un ser vivo para quien yo y sólo yo era insustituible.
Es por eso que mi ánimo cambió por completo y quise o bien (no sé precisarlo porque en realidad no lo sé) desnudarlo del dramatismo que pudiese tener en un principio o, que también puede ser, renunciar a posibles conmiseraciones aun a costa de desencadenar algunas iras.
En lo sucesivo nunca más seré en el blog Entreniniebla (nombre que he utilizado en momentos en que me he sentido muy, muy al límite de mis fuerzas), ni tampoco Andrés (que he utilizado cuando he querido hacerme fuerte); tal vez sí La niña de los peines o La del soto del parral (nombres que se me pasan por la cabeza) que, en cualquier caso, tampoco tendrán nada que ver conmigo porque tampoco los voy a utilizar.
A Anónimo 1º, por su buena voluntad en ayudarme.
A Anónimo 2º, por su puntito de acritud.
A Gaspar, por su comentario del todo delicioso que, lo repito, es de los mejores que he leído en el blog.
Gracias, de todo corazón, a los tres.
A todos los demás:
Hasta pronto. Nos veremos (leeremos) no importa con qué nombre.

GOYO dijo...

Hace un tiempo leí : … “la libertad es como el vuelo del águila, no deja rastros..”. Era una cita de Krisnamurti, y la imagen que me suscitó me dejó pensativo. Resultaba atractiva, hablaba de libertad, de vuelo en el aire y de un majestuoso águila; e insinuaba una utopía de belleza y bondad en la que nadie molestaba a nadie…. Tiempo después la imagen me avocó a un mundo huero y de entelequia, pues me preguntaba cómo es posible no dejar rastro si cuanto más sientes el acto de libertad más estás, a su vez, en interdependencia con aquello que interactúas.

Las manos de todo trabajador tienen callos, asperezas, manchas y pecas, rayas y surcos que delatan su particular hacer y su personal geometría.
¿ A qué, pues, tanta manifestación ostentosa de manos blancas solicitando una paz que no se trabajó ?
Occidente está sumido en pretendidas formas de corrección política, con la intención de evitar hipócritamente una responsabilidad que dice no corresponderle por no ser culpable… no ser culpable de miserias y muertes por hambre, por guerras, por epidemias, no evita una responsabilidad que fue contraída por el mero hecho de formar y ser parte integrada del mundo .
La hipocresía política anida también en cada quién. La concepción del ser tolerante y el buenismo social nos aíslan en torrecitas de marfil plastificado, permaneciendo impertérritos frente a lo que sucede a nuestro alrededor. Se ha otorgado carta blanca a la libertad estúpida, siempre y cuando se actúe en corrección, para que no nos enteremos que nuestro entorno se carga de infantilismo y caprichosos juegos de fama, que van dejando rastros de olor a imbecilidad. Huellas que no vemos, y rastros que no olemos, porque la aséptica envoltura de vestidos modélicos nos hacen parecer “bonitos” al tiempo que somos ignorantes de belleza.
¡ Cuanto duele la dura pisada en el asfalto negro cuando sólo reverbera en la planta de tu pie !

El cultivador de rosas trabajaba en silencio podando las espinosas ramas. Sabía que alguna se quedaría clavada en sus manos, que terminaría con más de un rasguño y arañazo, y que algún pinchazo fuerte en la yema de sus dedos desprendería gotas de su sangre; pero no le importaba, se sentía cultivador de rosas. La rosaleda, sobre tierra helada en Noviembre, aparecía deshojada y desolada. Su aletargado estado permitíale, sin ocasionar daños, imaginar los mejores trazados de los futuros brotes, y trabajaba en esa posibilidad, cortando acá y allá, para que luego la rama se alargara en la dirección más soleada.
En el mes de Marzo, azada en mano, el cultivador de rosas quitaba malas hierbas, mullía la tierra y cobijaba las cepas, luego se alejaba. No le gustaba oír las lisonjas que sobre los floridos rosales, en Mayo, la gente lanzaba. El había cumplido con su trabajo de cultivador solitario, y sabía que a la flor sólo la haría bella la mirada franca del hombre que supiera leer los rastros y trazos en ella depositados.

Carmen dijo...

En el tiro con arco zen, dicen que no es la flecha la que va al blanco sino que es éste el que busca la flecha.
Quizá no sea mi pisada la que deja la huella, sino la tierra la que posibilita mi pié y mi caminar.
Quizá sea la piel la que define la caricia y deje en mi mano su huella, y en mi corazón, y en mi cerebro…
Quizá sean las estrellas del iris de los otros las que configuran mi mirada y la hacen semejante al amor y al infinito.
Lo increado aún, define la posibilidad de mi pensamiento, y el mundo espera su transformación por mi entrega.
Si somos capaces de tales maravillas, ¿por qué somos tan cobardes, tan ignorantes y tan ciegos…y tan “cuerdos”?

Vega dijo...

Gracias Pávidus, en medio de este lío montado tienes unas salidas que me hacen reir, pero te agradecería que no seas incisivo con nadie.
Y volviendo al texto, me pregunto:
¿Qué pasa con las huellas que no hemos dejado, los pensamientos que no hemos elaborado, y las miradas que no hemos hecho?
Basamos nuestros referentes casi siempre respecto a lo que hacemos, pero
!Qué poca importancia se concede en estos momentos a todo lo que omitimos!
y sin embargo, parece que tambien deja una huella o marca a otro nivel.
Carmina hablaba en otro lugar del blog de algo así como bajar o evitar una mirada para no contaminar. Pero eso implica ya una intención.
Yo me refiero más a
-cuando no nos hemos parado a hacerlo porque no nos apetecía o ibamos apresurados, y sin embargo esa mirada nuestra estaba siendo esperada por alguien,
-cuando no hemos acudido a algun lugar donde deberíamos haber ido y esas huellas no han sido trazadas,
-cuando no hemos elaborado un pensamiento a tiempo, y ese pensamiento estaba siendo esperado por la humanidad.
Esos pequeños instantes de omisión se han colado en nuestra consciencia y han dejado una huella o marca a otro nivel. Quizá no haya una estrella mas en nuestro iris, pero se ha generado una "peca" o mancha en nosotros.
"Pecado" de omisión, lo llama la iglesia.
Pero ya no están de moda las pecas y los pecosos como en mi infancia, y ni os cuento hablar de pecado.
Es probable que las generaciones venideras, no sepan ni lo que es.

salva-sea-laparte dijo...

Le recuerdo a Goyo, sobre el vuelo del águila que no deja rastros, que sí los deja en la retina y el ánimo del pastor local, acostumbrado a conocer tal vuelo y sus revueltas cuando está en juego su pequeño rebaño de cabras. Así mismo lo dejan el buitre y el cóndor en tierras de América, cuando se celebran las fiestas en homenaje a tales aves carroñeras,necesarias para el equilibrio ecológico. Se las atrapa durante un día y se celebra un antiguo rito.

Qué-vedos? dijo...

El escritor, hombre o mujer cuya profesión y oficio es la escritura, porque es la escritura lo que profesa y en lo que oficia con independencia de que el tal oficio vaya o no vaya a ser beneficio, y concretamente el escritor de historias, fábulas o inventos que no el escritor de verdades, o tesis o teorías o tratados cual pueda ser la filosofía ― que escapan todas ellas por su propia entidad, aunque a veces coincidan, a lo que es per se el hecho literario ―, se devana los sesos a veces cavilando si una misma historia va ser más o menos creíble y va a tener más o menos fuerza si se la narra en primera o en tercera persona.
Es por eso tal vez que en ocasiones se plantea algo muy simple que no tiene por qué ocurrírsele al que no es escritor – o no se vive o se percibe a sí mismo como tal, aunque a lo mejor y sin saberlo lo sea ― y que consiste en, sobre una carta, por ejemplo, sustituir todos los “yo” por “él” o “ella” y todos los “hice”, “dije”, “sentí” o cualesquiera otros verbos que el texto pueda contener por “hizo”, “dijo”, “sintió”, etc.
Lo mismo aunque en sentido diferente sucederá si por el contrario las sustituciones se hacen sobre una novela; escrita en tercera persona, que es lo más frecuente.
Resulta sorprendente el comprobar cómo aún conservándose la trama, sin modificar ni una sola situación, ni ningún hecho, ni ninguna circunstancia, la historia da un giro de 180 grados, los personajes y sus cualidades lo dan también, el protagonista con el que en un principio se simpatizase pasa a ser percibido como un ser odioso, y el antagonista como un ser encantador.
La historia, una vez terminada, será obra literaria o nada más (y en el mejor de los casos) best seller; en función de si el escritor ha sabido elegir el punto de vista, el lado en el que se debe colocar.

Afrodita dijo...

Cuando estaba esta mañana en una de las tantísimas manifestaciones contra el aborto que han tenido lugar en ciudades de todo el mundo pensaba qué fácil es, ante un hecho concreto y puntual, simpatizar y sentirme afín, amigo de las personas que estaban allí, hablando y manteniendo tesis con las que – participando o en silencio – se está de acuerdo.
Y era bonito pensarlo.
Pensaba también que, en cualquier otro lugar y en cualquier otra circunstancia, caeríamos en la cuenta – ellos, yo, cada uno – de que ya no nos caíamos tan simpáticos.
Y eso era ya menos bonito.
A veces depositamos en otros, fuera de nosotros, no quizás de forma intencional, cualidades imposibles de absolutez y eternidad.
Por lo general nos damos cuenta en seguida de que las cosas ni son tan simples ni son tan así; pero en el entretanto, en el instante que media entre la alucinación y el darse cuenta, culpamos a todo y todos los demás de no ser lo que quisiéramos encontrar siempre y en todas partes.

José dijo...

Hay en este texto, también, el concepto de la ética, de la virtud que se asocia con la belleza. Pues la mayor virtud es la armonía, el caminar con belleza, que es la constante transformación para adaptarnos.

Para llegar a la excelencia se requiere tener conocimientos pero desarrollados para el bien común, para la armonía, para la entrega social que nos conduce a la entrega espiritual.

Estamos interconectados, interactuamos con nuestros congéneres y con la naturaleza. Cada pausa, cada tono es nota que vibra en el agua colectiva, en la música del silencio.

Cuando las señales quedan en el iris la luz es crisol de imagenes, de rostros, de los vientos atemporales. Hay una proyección en los espejos sin fin que tienden a abrir otros espacios, otros caminos.

La adaptación al cambio es de de alguna manera la superación del bien y del mal. Para la época de la sequía hay que estar en armonía con la sequía, para la época de la abundancia hay que estar en armonía con la abundancia

Inés dijo...

Desde una consciencia limitada, aunque móvil, de todas las cosas, como es la que tenemos la inmensísima mayoría, pretendemos que nos influye sólo lo que creemos que existe. Desde una consciencia construida no sé si totalmente, pero desde luego en gran medida a partir de informaciones sensoriales -que incluyen la credibilidad que les otorgamos a tantos falsos informantes- que deja fuera del juego de la realidad la importancia de otras sensibilidades mucho más veraces, sólo nos merece un crédito generalmente incuestionable lo que perciben o han percibido alguna vez los cinco sentidos, al tiempo que se desecha lo demás, que es casi todo, por absurdo, fantástico o imposible. Por inexistente.

Desde esta realidad no se puede ir más allá del tiempo y del espacio, ni hacia atrás ni hacia delante, todas las puertas están cerradas y bien guardadas, y cada vez que por alguna de ellas se nos cuela en un descuido cualquier otra realidad le hacemos otro nudo a la camisa de fuerza, por si acaso. A menudo hablamos de ciencia ficción y de extraterrestres que vienen a destruirnos. Y nos vamos a Hollywood y nos montamos unas películas muy raras en las que nos invaden unos marcianos malísimos, nada menos que a nosotros. Claro que, en estos panfletos industriales, si quitamos a los malos, quitamos a los buenos y no nos inventamos un personaje que rompa equilibrio tan sospechoso, ¿nos queda algún otro para identificarnos?. Y vamos a ver estos catecismos y salimos del cine degustando la masacre infligida a los marcianos, por malos, tontos y primitivos, deleitándonos en el recuerdo de sus sesos verdes escurriéndose por las patas de sus ridículas naves espaciales. (Si yo fuera ministra de educación, incluiría tres películas de estas por curso en el guión académico. En una de ellas los héroes serían los marcianos, y la tercera la harían los alumnos).

Y a pesar de tooooodos nuestros blindajes y tooooodas nuestras cámaras de seguridad, esas otras realidades “llegan”, y lo entrecomillo porque no llegan, sino que siempre están ahí, esperando a ser percibidas, y cambian la nuestra, y mucho o poco, van alterando la silueta de nuestra isla que se ve desde el aire. Un perfil mutante que escapa a la perspectiva de nuestros pies desde la tierra que pisan, un mapa en el que los continentes se van encontrando y nuestra sangre va volviendo a ser azul.
Y puede que empiecen a parecernos viejos nuestros principios. O hasta ridículos. Y todo el tiempo nuestra razón, ahí, reclamando un trono hecho de trizas, intentando poner orden, reinventando la escala de valores, intentando perpetuar una estabilidad que no ha tenido nunca. Tratando de que no cambie ningún referente. Es un irse volviendo loco poco a poco, a pesar de todos nuestros pesares, para estar más cuerdo cada vez.

Pero al sentido común le horroriza esta locura, y en ese horror a volvernos o ser considerados locos queremos evitarle heridas a un ordenamiento moral que quizá consideramos caduco pero que todavía nos está influyendo muchísimo más de lo que creemos; heridas que tenían que abrirse un día, y sangrar. Tampoco es amigo de viajes, y menos de la alta velocidad.
Y puede que estemos ignorando, como quisiéramos ignorar casi todo aquello que nos libera, a nosotros y a los demás, que nuestra ética recién descubierta, con la que o desde la que ahora establecemos nuestras escalas de valores, sea sólo un paso más hacia una consciencia en la que no necesitaremos de ningún referente, en la que nada está bien o está mal, nada es bueno o malo; en la que no necesitemos los idiomas, ni los lenguajes, en la que no existan los adjetivos calificativos ni las clasificaciones. Ni, claro, límites e islas. Una consciencia en la que todo sea, sin más, y nosotros con ella. Y mientras tanto, nada más pero ni mucho menos, lo que estamos haciendo es viajar hacia la estética sin poder hacer nada, en realidad y por fortuna, por detenernos.

Eolo dijo...

Rutas del aire, senderos de sueños que siembran las entrañas de los muertos, mecidos llantos esperando el consuelo de los vivos. Las vidas antiguas se almacenan en los pies del caminante, mientras vamos quemando cada gota, sin saber dónde mirar.

…¿Dónde mirar?...



Sólo me seduce la boca de la cueva, su oscuridad manifiesta, su centro en el espacio, volcando sus dedos en el rostro, manando azul. Intuyo en ella las voces que grabaron los designios de los héroes, aquellos que se aventuraron a descubrir un ser superior tras fatigar con su consciencia, y aliados de su movilidad, surcar los rincones de su esencia en pos de una verdad inasible, cuya Ley exige la entrega total. Solo eso.

No D. Antonio, mire que le quiero y le admiro. Que con sus versos retrató como nadie a mis compañeros y a mi mismo. Que me enseñó a mirar a mi alrededor descubriendo latidos, quejumbres y anhelos. Que me estremecieron sus músicas, las melodías de la España subterránea, embebida de un orgullo ancestral sabedora de la tierra mística que pisaba. Que me obligó a pararme quieto y extático ante los Pasos santos, ya sobrios, ya saeteros, en el comienzo del ascenso al Monte de los olivos. Fíjese D. Antonio todo lo que le debo, y aún le deberé en el futuro, pero, entiéndame, ya no puedo aceptárselo. Otro sentido, que no sé cuál es, ni que nombre ponerle, me ha dicho que no es así. Y, créame que le seguí mucho tiempo, a veces cabizbajo, y a veces, las menos, jubiloso, pero el tiempo me ha ayudado a descubrirlo, y no puedo por menos que decírselo con todo el dolor de mi corazón, y aún con lágrimas en los ojos del amargor que me produce pensar en que algo de esto que le digo le pudiese hacer algún daño. No D. Antonio, sé que hay camino, y qué hay final. Gracias por su ánimo para andar, porque me sirvió mucho en momentos de duda y de abatimiento, pero hay camino, mi maestro querido.

eneadene dijo...

Ay don Eolo, no sé porque abandona Usted "camino" tan antiguo por supuestas nuevas revelaciones, que las hay,ciertamente, pero son incorporables, no sustrayentes. Cuando Machado habló del "caminos que se hace al andar" no estaba eliminando lo que en el camino hayan dejado otros,o sea sus huellas, sino que reivindicaba la oportunidad que tiene cada uno de nosotros de descubrirlo e incorporarlo a nuestras propias vivencias, de la forma personal en que podamos hacerlo. Le aconsejo a Usted que vuelva a la lectura machadiana y le dé un repasito, así que pueda encontrarse con lecturas que encajan como un guante en ese nuevo camino en que usted se autositúa.¿Se acuerda, por ejemplo, de aquello de que "tus ojos no son ojos porque me miran...., etc."?

Carmina dijo...

Cuando se ha hecho a pie el camino a Compostela, volvemos con las impresiones que la consciencia ha sido capaz de archivar, ignorando el trasvase que se ha producido entre las plantas de los pies y las tierras que otros peregrinos pisaron. “Mira a dónde vas, que puedes traerte cualquier cosa”, advertían las madres, pensando sólo en chinches, ladillas y piojos. Y a lo mejor estás desayunando, y sin saberlo te acompañan las huellas de treinta, que has recogido en ése o en cualquier otro camino.
Siguiendo al autor, también ignoramos que los pensamientos que emitimos nos están dejando marcas en apariencia indetectables. Unas veces, personas, circunstancias y lugares levantan pensamientos simples y obsesivos que nos caen encima, como el que escupe al cielo, convirtiendo una capacidad otorgada para evolucionar en instrumento dañino; otras veces, el pensamiento se pone al servicio del trabajo, del estudio, del descubrimiento, y nos ampliamos en lugar de replegarnos como prisioneros de lo consabido.
Estrellas que alumbran las cabezas, estrellas que se instalan en el iris… ¿Y si cada uno de nosotros fuera un camino a las estrellas, una Compostela con zapatos, y en lo esencial, las propias estrellas?

The sun also rises dijo...

Quién-vé-dos argumenta sobre la necesaria razón de colocar a cada sujeto y acción su verbo perfecto, tiempos, hechos, bien conciliados con el transcurrir según cuando, que sino, dice, no se entiende un pepino y el autor es destructor de su popia obra (creo entender), y lo que es peor, confusor descolorido del lector. Lo cierto es que últimos escritores que aparecen y logran suceso literario, utilizan con libertad confusa los recursos que los tiempos verbales ofrecen, además de los recursos de las diversas formas narrativas, géneros, etc. Sí tal tecnología escritural resulta sugerente además de entendible,según se use, claro, no deja de ser un estímulo más para una lectura agradecida, y sobre todo percudible, sobre el ánimo del lector medio abusador de best-sellers y recomendaciones ortodoxas. ¡Vivan los heterodoxos que dejan huella en los ánimos y las ánimas, aunque sea a fuerza de transgresiones!

José dijo...

Por algunos comentarios noto que los parrafos, a comentar del autor, sugieren referencias literarias. Siempre se han transmitido las leyendas, las historias, las gestas, las doctrinas, ya sea de manera oral o escrita, con una forma armónica, rítmica a traves de los poetas, los bardos o los sacerdotes. En esto hay unos elementos de unidad de expresión que requiere un estudio detallado.

Es evidente que el autor usa una forma poética. En mi caso personal, cuando escribo un comentario, en algún momento de su elaboración, releo el texto varias veces y a su vez me produce tal inquietud que rebusco textos antiguos como el Proemio de Parmenides, todo poesía, o los colores de Goethe que le hicieron sentirse poeta científico o las enseñanzas de Buda transcritas en versos. Tambien la Biblia o el Zohar y un sinnúmero de libros cientificos.

En fin este tema tiene su complejidad. Las referencias poeticas siempre estarán en el acento de nuestros comentarios aún sin explicitarlo. Es el tono del autor, es, de alguna manera, la transmisión de la huella.

Qué-vedos? dijo...

Lo que quise decir, the sun also rises, es que no es lo mismo escribir “yo me interpuse entre el agresor y la anciana y mi vecino pensó que soy un idiota” que “mi vecino se interpuso entre el agresor y la anciana y yo pensé que es un idiota”.
La calidad y la credibilidad de la obra serán muy diferenten si el escritor es "yo" o es "mi vecino".
¿O no?

Pávidus dijo...

¡¡Ole-ole-ole!!. ¡Viva The Sun Risis!...¡viivaaaa!.
¡Ya casi no tengo miedo!. Yu-ju.

ex-colástico dijo...

A propósito de lo que el autor propone en ésta 1.13 respuesta, leo en un trabajo sobre las "Mutaciones" (corporeizadas): "Las crisis avivan las mutaciones de los seres humanos y de su entorno. (Las mutaciones pueden encontrarse a pesar de ser noche). Descubriendo el más allá del YO sano e integrado es la escondida senda que lleva al sentido profundo de las mutaciones. Situarse en la basalidad, el estar lejos pero cerca, imbuído de las posibilidades que ofrece el verse como ser humano. Todos los caminos para encontrar a las mutaciones son cauces. El agua, lo esencial del río, mana cuando lo basal se hace presente, surge espontánea,libre, sin herir la sensorialidad. No exige, sino que inunda con su presencia: ser hoja que lleva la corriente. El cuerpo suelto, conectado a la experiencia de la respiración, y el ablandarse muscular. Asentarse en la atracción de la Gravedad es enraizarse, es encontrarse." (L.P.)

aquiles dijo...

Quizá lo más importante de este párrafo sea cobrar consciencia de que todo nos está incidiendo y de que cada uno de nuestros pensamientos, acciones o intenciones están incidiendo en el mundo. Desde esta perspectiva ¿dónde narices estarían las fronteras?. ¿Dónde esas murallas que levantamos para protegernos?. Este párrafo enlaza con el comentario de Enrique al 1.12: las fronteras sólo son “una manifestación de la limitación de nuestros sentidos”. Si fuéramos capaces de percibir esa maravillosa interconexión de todo lo aparentemente separado, desaparecería el concepto del “otro”. Realmente lo que el “otro” siente y hace o no hace tiene tanta importancia para “nosotros” como lo que sentimos y hacemos o no hacemos.

Por supuesto la consciencia de la permanente interconexión con todo lo que nos rodea nos coloca ante el sentido de la responsabilidad. Cada acción u omisión, por nimia que parezca, cambia el mundo. Y quizás no sean precisamente las acciones más conocidas en sociedad, las que más incidencia profunda tengan. Quizás cualquier acto realizado con una intención de entrega tenga mayor impulso de cambio que cualquier subida o bajada de impuestos. Recordemos que, como dice el autor en otro capítulo, “ningún calor se pierde y ninguna luz es inútil ni queda secuestrada para siempre”.

Eolo dijo...

Eneadene, cariño, explícame cómo es eso de que no hay camino “es incorporable a que lo haya, y que no eliminaba lo que en el camino hayan dejado otros, sino que reivindicaba la oportunidad que tiene cada uno de nosotros de descubrirlo…”. Fíjese que mi buen amigo D. Antonio Cipriano, no solo lo expresó en los versos referidos, sino que su particular visión también lo plasmó, entre otros, en las siguientes líneas:

“¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar” (Proverbios y canciones. CC- CXXXVI-II)

Lo que usted llama “supuestas nuevas revelaciones”, no las creo tales, pues muy antiguo es que detrás del azar se esconden constantes mensajes de destino que hay que saber leer para corregir veredas y encontrar sendas más ciertas. Recordará usted aquel episodio mitológico de las musas enviadas por Júpiter para socorrer a los pastores, de los cuáles solo unos pocos subieron en aquella llamada Verdad, y los otros, la mayoría, estuvieron a punto de quedarse muertos sino es porqué Aquel mandó aguardar a la última, para que se pudieran coger justo antes de la embestida de Muerte, de la punta de los únicos pelos que tenía, situados en la nuca. A esta última musa se la conocía por Fortuna o Suerte. Desde entonces se platica el dicho de que “la Ocasión la pintan calva”.

En cambio, el valor que se le pueden dar a los versos de nuestra controversia, quizá esté en romper la pasividad que siempre acompaña a la doctrina, muy presente en el catolicismo abundante en los tiempos del escrito, y que ahora hemos sustituido por la ideología de las Porteras, cuya redención consiste en el reconocimiento de que fuimos nosotros los que le llenamos el rellano de cáscaras de pipas. Pero, me resultaron mucho más nítidos y clarividentes, que confusos y desesperados, para plasmar el fin que se perseguía, aquello de D. Federico en el Grito a Roma de:

Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Consejo me da, aunque tampoco le pedí, pero escrupuloso soy con mis contertulios cuando con la mesa puesta siempre quieren coger el mejor plato.

Cualquiera dijo...

Estaba un día leyendo en un blog de tema religioso y al salir pulsé ahí donde se puede leer “siguiente blog”. Y luego otra vez. Y vez tras otra me fui encontrando con toda una sucesión de blogs de lo más variopinto pero todos relacionados con temas vinculados aunque a veces de las formas más insospechadas con la espiritualidad. Algunos parecen ser de sectas extrañas. Otros hacen burla de la religión. Encontré algunos francamente repugnantes. Y seguí pulsando en “siguiente blog”. También encontré, aunque pocos, algunos interesantes. Y otra vez malos, y otra vez buenos y, por fin, llegué aquí.
Desde ese día lo he visitado muchas veces y siempre me ha sorprendido el que esté invariablemente actualizado. Es raro el día en que no aparecen comentarios nuevos que deben de ser además muy leídos porque el número de visitas se incrementa de forma espectacular.
Su temática es complicada, tanto que aun atrayéndome no me he sentido capaz de participar.
Hoy me animo a hacerlo no porque me haya iluminado ninguna inspiración sino porque en esta serie última de comentarios hay un denominador común que me ha llamado la atención y es el hecho de que, con raras excepciones, dentro de la polémica que late a lo largo de todo el hilo las réplicas y contrarréplicas, las argumentaciones y consideraciones de unos y de otros, están impregnadas de de una delicadeza, una elegancia francamente admirable.
También me he animado a participar porque por primera vez habéis descendido al terreno humano en el que sí se me ocurre algo que decir a la vista de cómo toda la diatriba suscitada ha venido a demostrar la veracidad de lo que el autor asevera en el texto.
Se ven por entre las palabras y serpenteando por todos vuestros párrafos rastros y cicatrices de no pocos rasguños y alguna que otra herida tanto infligida como recibida.
Se ve también que algunos, pocos gracias a Dios, os movéis por el campo de batalla con perfecta impavidez.

Eco dijo...

Cuando caminamos por la ciudad, por el asfalto que cubre la tierra como una costra o como una cicatriz, apenas lo percibimos, al andar por el campo pisando tierra, se hace más evidente: siempre caminamos sobre las huellas de otros y otros caminarán sobre las nuestras, hay un rastro de siglos que se va recargando constantemente, la piel de la tierra vibra, emite señales, se nutre de los diferentes niveles energéticos y como una interfaz contacta lo interno con lo externo, lo endógeno con lo exógeno como en un juego de espejos.
¿Y nuestra piel?, ¿de qué manera comunica?, parece ser que nuestra envoltura corporal siendo lo más superficial es también lo más profundo, el órgano que mejor refleja nuestras mareas interiores, la piel respira, inhala y exhala, incorpora o proyecta como una membrana de doble hoja, nuestro pensamiento y como consecuencia de él nuestras emociones, dibujan un mapa en la piel, vivimos -como titula el prólogo a la primera carta- siguiendo rastros, en el camino hacia Finisterre, la flecha amarilla, reflejo de las estrellas, orienta al caminante, ¿somos capaces de orientarnos siguiendo las señales, los surcos en la piel del otro?, ¿la estrella en el ojo que me ve?.
¿Qué quiere decir la escala móvil de valores, ¿sería la ideología una escala inmovil de valores? Quizá la conciencia de movilidad sea la que nos permita aligerar la pisada, transformar en sutil el pensamiento y aclarar el reflejo de la piel aproximándolo a la trasparencia.

The Sun also rises dijo...

Para Quién-ve-dos: Sí,pero quedaría mejor de esta forma.
"¿Porque me interpuse entre la anciana y su agresor, pensó mi vecino que soy un idiota? Lo será él, que vino justo a hacerlo pensando que yo era el agresor de la anciana."
Por lo menos es más divertido.

eneadene dijo...

Creo que Eolo desespera a veces tanto, que nos recuerda al sin par Fray Luis, y al no menos peor regocijado gongorino. Por eso es dable retrucarle, en respeto y pasión similar, con este fino verso de otro veramente alterado en esa búsqueda tal, más luego felizmente auto-salvado.

Puede ser que estemos ya al cabo de la calle. / Que esto precisamente fuese el fin / o el cabo de la calle. / Puede suceder que aquí, precisamente, / se acabe el cabo de la calle.
Puede ser que estemos ahora llegando, / que hayamos estado aquí antes, / y todo puede ser, / y puede ser que no sea esta calle.

Nadie.
¿Es que no hay nadie, es que aquí no ha quedado / nadie?
Puede ser que esto sea una sombra, / eso unos árboles, / y todo lo demás / y todo lo demás puede ser / aire, / castillos en el aire.

Alcanzadme la mano, ay, alcanzádmela / la mano.

Madre.

Puede ser que mi calle esté más arriba, /
más / adelante.

Qué-vedos? dijo...

Para The sun also rises.
Usted y un servidor no utilizamos el mismo idioma. Aparte de que su pregunta no está bien redactada.
Saludos y fin del diálogo.

Retama dijo...

Creo que las pisadas son un símbolo, y en ese símbolo, en esas pisadas, están contenidos todos los pensamientos, palabras, obras, acciones y omisiones, es decir, todo lo que deja huella tanto en nosotros como en el mundo.
La iglesia los llama pecados del hombre, o capitales, o algo así, pero no creo que siempre vayan a ser pecado, entiendo porque lo he oído en alguna ocasión, que sería pecado cuando se utilizan como freno de la evolución tanto de uno mismo como del mundo.
Es posible que la manera de utilizar esos vectores, estén determinando en todo momento mi personalidad, porque mirándolo bien creo que no queda nada fuera de ellos, nada que pueda formar, para mejor o peor, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad. Porque en todo caso, para poder llegar a la fe con las alas del amor necesitaría una buena limpieza de esas alas.
Pero entre una buena a una mala utilización, estarían lo que llamo “los pecadillos”, que no dejarían de ser una falta de limpieza. Y es, (desde mi limitado conocimiento del tema), entre estos dos factores éticos, buena o mala utilización, impuestos por la razón y modelo social del momento, donde entraría la importancia que doy a las cosas, es decir, donde construyo mi realidad.

Quiero agradecer a Mandrágora, el pasaje tan bonito que nos ha ofrecido de Sri Aurobindo sobre La Madre, porque son todas las acciones de La Madre, todos los toques de alerta que nos da, lo que nos esta proponiendo el autor de este párrafo y de los anteriores.
Sinceramente no creo que al autor del libro que nos ocupa, tenga alguna objeción en que para comentarlo, nos apoyemos en personajes de la entidad, de la sabiduría de Sri Aurobindo. He oído decir en alguna ocasión, que las obras se hacen para el mundo y que una vez en el, ya no son de nadie, son del mundo, porque siempre han estado ahí, y solo los que tienen la posibilidad de conectar con esas obras son los “encargados” de contárnoslas. Esas son las huellas que me gustaría seguir.

El Demoño dijo...

Que-ve-dos O The Sun Also Rises 2.

M. A. dijo...

Quizá los sentidos nos sirven para poder poner límites a la consciencia de tantas influencias. Quizá los sentidos están ahí (aquí) para impedirnos ver, oír, saborear, oler y tocar (vernos, oírnos, gustarnos, saborearnos y tocarnos) más de lo que quisiéramos o creemos que seríamos capaces de querer. Nos protegen y nos aprisionan al mismo tiempo. Ahí hay un verdadero nudo. Hace falta mucha, paciencia, firmeza, delicadeza y serenidad para ir aflojando un nudo tan antiguo y tan correoso, que muchas veces, además, de repente, en esa operación de intento de liberarnos de él, apretamos con saña, como el que no quiere la cosa. Esas terribles paradojas nuestras, tan humanas.

Valle dijo...

Vamos cambiando la forma de vivir. Creo que a veces hay pequeños detalles que se pueden expandir hasta llegar a cambiar a las personas de nuestro alrededor, incluso a la sociedad entera.
Recuerdo en mi niñez que mi madre me lavaba, los sábados el pelo en el lavabo y luego lo desenredaba dando tirones (no había delicadeza ni suavizante), cuando empecé a hacerlo yo hubo un periodo largo en que sólo peiné lo de arriba, la parte que no peinaba se fué ondulando. Ahora hay cantidad de chicas que para llevarlo ondulado no lo peinan en años.
Hay acciones que si se expanden y copian pueden llegar a todos.
Si cambiamos de la acción al pensamiento no lo podemos ver, pero creo que tambien podría llegar a cambiar la forma de vivir o de pensar.
Dice el autor que "está determinada por la escala móvil de valores que establece la consciencia".
Creo que podemos cambiar la forma de vivir o de pensar de las generaciones futuras, y ya sólo ese pensar es de gran responsabilidad, y a la vez creo que no puedo ni debo dejar de pensar, vivir o sentir como hago. Esa huella que puedo ir dejando querría que no tuviera restos de tristeza, a veces soy capaz de dar pinceladas de humor a todo hecho que me abate, a veces.

A.B. dijo...

Este blog es muy bueno pero sería mejor si hubiese que identificarse.

Antído-too dijo...

Pues a mi me encanta este texto, porque nada parece parar nunca y todo influye en todo, y todo se ve influido por todo. Vamos, más revolucionario anarquista imposible, y claro, a los académicos de laboratorio les va a dar un pasmo con semejante panorama, y seguro que el cubículo en el que siempre encierran la realidad se les desparrama por los cuatro costados. ¡Olé ahí! A los doctrinarios de pacotilla y a los dogmáticos conductistas de la lupa que siempre andan contando si el ciempiés tiene cien pies para publicarlo en sus aburridos y reales diccionarios.

Liberada la bilis, me pregunto qué hago bien yo de todo esto, en mi andar cotidiano. Porqué, si no he entendido mal, habría una triple función en la que directamente intervenimos cada uno; una primera parte, que sería la influencia del camino en mi, una segunda que sería la influencia de mi en mi mismo, y, finalmente, la tercera que sería la influencia de la segunda en la huella que yo mismo dejo en el camino. El orden lo pongo así para poder aclararme un poco.

Al primero lo veo como un ser culto e historiante/dor, que va recogiendo los efluvios que otros han ido dejando en el transcurrir de la especie humana y de la vida; al segundo, como a un filósofo, que como dice M.A., va tratando de desatar los nudos, sensitivos o pensantes, que para algo el aventurero nos dice que se parecen mucho, que en él se han creado o que arrastra de no se sabe bien cuando, y al tercero como a un poeta, que si logra lo que el segundo pretende, ya no pisa la tierra, sino que deja rastros que elevan el caminar sobre un terreno aéreo y superior.

A lo mejor Eolo lo que querías llegar a decir es que algunos poetas daban el tercer paso, sin haber logrado suficientemente el primero, en tus ejemplos de Machado y Lorca. Porque no se entiende a este último sin Juan de Céspedes, Cervantes, Góngora o Bergamín, y no como en el arte actual cuyos autores se pelean por redactar lo más ocurrente, y como expresa Eneadene, hasta la - su - nuestra desesperación.

Salvando las distancias, me temo que no hago bien ninguna de las tres, aunque me tiente venderme lo contrario, pero no se me antoja difícil sino objeto de propenso, profuso y profundo trabajo, por lo menos hasta que mi costado derecho no me diga lo contrario.

ex-colástico dijo...

Me sumerjo con periodicidad en estos abundantes comentarios sobre el texto, y el contexto, del libro que se usa como referencia, casi como nos acostumbramos a hacer a través de la Universidad, en particular en las especialidades de Literatura y Humanidades.
Lo primero es dar un agradecimiento constructivo al autor original de estos largos pero expresivos comentarios acerca de las paradojas, hechos y realidades a las que el hombre se enfrenta en su transcurrir ¿terrestre?, muchas veces sin lograr trascender capacidades y responsabilidades asignadas. Y ahí nos quedamos, cosa que para el autor de "49... ", con razón, resultará ser, por lo que se ve, y lee, como algo bastante penoso por su limitación, y la pérdida, por falta de esfuerzo, fe, y constancia, del "camino" que se podría seguir, y la(s) "meta(s)" a las que se podría llegar. Percibo cierto ánimo desesperanzado en el autor, aunque pleno de amor y confianza sobre nosotros, los mortales sujetos a/de esta historia.
Por otra parte leo, oigo, recibo, diariamente, como casi todas las personas de esta civilización, las constantes llamadas de atención desde todo tipo de medios, organizaciones, grupos, amigos, familiares,incluso gobiernos, etc., y hasta se nos ruega, la necesidad de ser "Más Humanos". Humano, según el Diccionario de la Real Academia Española, viene a ser interpretado como "Perteneciente al hombre, o propio de él".
O sea que eso incluye la posibiidad de completar, llenar, agotar nuestra capacidad o virtud inicial de serlo. Pero también viene a querer decir que no lo somos del todo, porque contínuamete se nos reclama que lo seamos.
¿No parece esto un contrasentido, sobre el que el autor de lo que comentamos vuelve a cada rato? Pues sí. Pero si podemos, queremos y buscamos ser más humanos de lo que somos, es evidente que primero tendremos que reconocer, en dura tarea, cuánto somos de humanos para poder entender como seremos si logramos zafarnos de nuestras ataduras y contradicciones.
¿Pero es realmente el ser "humano" el límite de nuestra búsqueda y capacidad final, o el completar esa posibilidad prescrita de ser, nos conducirá a otro estado, mucho más allá de lo humano?
Supongo que casi todos los que escriben pensamientos y conciliábulos en este interesante blog, creen que sí, o al menos lo intuyen.

José dijo...

Es interesante el debate que se ha suscitado sobre los sentidos y sobre la identidad. Tradicionalmente se ha diferenciado el saber de los sentidos y el de la razón. Algo así como si los sentidos fueran los poros por donde respira la razón pero esta fuera como la tasadora del valor de lo que se inhala.

A su vez se ha considerado al hombre como una unidad dentro de un conjunto armónico preestablecido. Cada unidad cumpliría su función libre pero con un eco establecido en el conjunto. Como si el hombre pudiera soñar pero su ilusión se matizara por la identidad establecida. Como si los sentidos desearan pero agonizaran en en la unicidad de la razón "suficiente". Y así la Política, la Etica,etc. Quizas la fuga sea la Estética, el espacio por donde entra una luz incierta, una mano vacía, un palpito sereno. Algo nuevo, "la huella en el pie al mismo tiempo que en el suelo"

Beucis dijo...

Nuestras pisadas, nuestras huellas, nuestros laberintos, inciden en nosotros, a la vez que nosotros incidimos en lo que nos rodea. Transformamos y nos transforman. Nuestra piel se altera, también nuestro sistema nervioso y sobre todo transformamos la realidad y pudiera ser que, en la medida que se transforma la escala de referentes éticos, esa realidad se vaya transformando y “ ese mundo real... sujeto al espacio—tiempo visto por los ojos del Rey...” se someta cada vez menos a la voluntad del rey y cada vez mas a los valores cambiantes que establece nuestra consciencia, nuestras alteraciones. Es posible que así nos acerquemos más a la libertad y a percibir el arco eletromagnético en cada vez mayor porción de espacio. En la medida en que nos sometamos menos a la voluntad del Rey nos enfrentaremos menos a las leyes de la Física, Matemática o la Filosofía como se nos ha dicho anteriormente.

Nuestras percepciones están sujetas a lo emocional, que dicta el cerebro límbico y el sistema neurovegetativo, pero debe ser que de algún modo tengamos la posibilidad de ir equilibrando este caballo desbocado. Una vez oí que había que ser osado para conseguir ser humilde; osadía en la búsqueda, humildad en el encuentro. Algo parece deducirse de lo que dice el Autor: se está hablando de huellas, de pisadas... y esto parece indicar un caminar, un nomadismo espiritual, transformador, que busca y se interconecta y que cada vez se aligera y gana velocidad y que, creo yo, cada vez se posibilita más el hacer la pisada menos grávida, y se aligera el paso, de este modo, es posible que, el Rey se diluya de esta Realidad que ha ido controlando y ceda, como hizo Arjuna, las riendas del carro de combate a Krishna, el dios, para poder ganar la batalla y, si es posible, que la escala móvil de valores éticos, vayan dando paso a valores estéticos y nuestro iris reflejen nuevas constelaciones, caminos de Santiago, estrellas, como nos dice Carmina.

Altisidora dijo...

El otro día leía a Cualquiera y luego me entretuve a leer los comentarios, por aquello de los rasguños, las cicatrices y la elegancia del debate.

Después del repaso noté también que hay algunos que defienden, cual Sancho a su Caballero, a unos y otros a otros. Hay unos que representan, algo así como el poder, y otros que defienden al vulgo.Bueno, no exactamente pero, muy poco, también se nota el gustirrin por el poder. Yo creo que el autor no va por eso, al contrario. Es mi parecer que lo que se busca, como en El Quijote, es un mundo más cotidiano, más lleno de pequeñas cosas, de anécdotas cargadas de lustre, de vida

Peregrina dijo...

Que extraño fué la primera vez que ví a alguien asombrarse de su huella.
Fué en la playa, era negro y casi seguro que había pasado el estrecho en una de esas barcazas a las que llamamos patera, intentaba con un sol de justicia y totalmente vestido y calzado vender bolsos, cinturones, gafas y un sinfín de prendas que llevaba reliadas en los brazos a los alineados bañistas. De pronto al percatarse de su huella pasaba de vender y sólo se fijaba en ella, la hundía más, la doblaba, la volvía a pisar, jugaba. Hasta que me vió y al sonreirle nos echamos a reir.

Todo está unido, no lo vemos, lo poco que atisbamos nos lo demuestra. Su caminar, su mirada, mi pensamiento, nuestra risa, la brisa, el sol, el juego o la danza, las olas rompiendo casi a sus pies....
si además atisbáramos la estrella en el iris del otro...
si pudiéramos llegar a ver su recorrido por el camino.....
si su amor nos alcanzara.....

NEITH dijo...

La primera huella está en el aire,en la piel del que nos saca.
La segunda huella la dejamos en el agua.
La tercera huella cuando reptamos tragando las primeras letras de tierra.
La cuarta al dejar pequeños trazos plantares al pisar cualquier arena.
Si hiciéramos un mapa de nuestras huellas seria trágico y divertido;
las huellas de niño corriendo al oír a tú madre llegar
las huellas al arrastrarte para llevarte al colegio para estudiar,del primer medico al no poder tragar.
La huella del primer sentimiento,del primer beso,de tú primera mirada,del primer miedo,de la primera muerte,del primer quien soy,de todos los primeros,segundos,terceros..De todos tus tiempos.
De todas las capas de tú vida ¿Que cuadro saldría?
Como un trozo de tierra cortado veríamos sus colores,sabores,sus brillos...sus rastros.
Si el aire fuera un cristal y nuestras huellas quedaran grabadas al pasar y otro se impregnara de estas,quizás,nos sorprendería de cuanto dolor,sonrisa,esperanza,inquietud,miedo,tristeza,amor dejamos al pasar.
Almacenamos cuadros grabados en el aire,a veces bellos dibujos,a veces rompemos obras de arte.
Cristales rotos en el Iris del otro al no escuchar un instante.
Calcetines robados de alquitrán,pesan mucho, enterrarlos bajo tierra quizas nuevas memorias nacerán.

NEITH dijo...

Parece que las fronteras de nuestras vivencias no solo están marcadas por nuestra cultura,religión,familia,clima..
¿Qué nos pasa?
¿ Por qué un día de Sol nos dá frío?,o con la barriga llena nos dá hambre,o despertamos riendo,o estando con mucha gente nos sentimos solos o junto al amado nos da tristeza o en un entierro nos entra risa,o estando solo no cabe nadie?
Tantos o como momentos.
O un día amas y amas,o quizás estemos locos,o tan cercanos a otros que nos entran sus historias,sangre a sangre,sus estados y los nuestros no correspondiendo a esos momentos.
A veces estando callado,se nota la huella del silencio,huella del pasado,del ahora,huella del mañana; Sedosa,vibrante,gratificánte,tierno,tenue,frágil,se siente de puntillas,como aire fresquito en la cara, aire, mezcla de muchos aires,de pequeñas y grandes cosas,que entran en la primera bocanada y en la ultima del que se va.
Y entre medias estas tú,tú mirando,leyendo,gritando bajito,andando tus palabras,dejando la huella en un trazo de agua,tú solo tú y en muchos sientes,escucha el ahora,el pasado,el mañana,mi palabra se hizo de las vuestras,
Intimo.

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