Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 abr. 2010

PRIMER MENSAJE. LA REALIDAD INCOMPLETA. Texto 1.15

1.15 “La trágica necesidad de someter conduce a defender de tal modo los miedos, que hay que levantar murallas que encarcelan cualquier posibilidad de crecimiento; entre el héroe y la realidad hay un espejo que irá perdiendo el mercurio cuando se pretenda la aventura de vivir al borde de la capacidad de consciencia. Para mirar con ojos nuevos, renunciar a recorrer los mismos trazos pintados por las rutinas, hay que saber que ha pasado el tiempo de la crisálida, porque en cada espacio hay mil mensajes que sólo tú puedes descifrar; y de cada laberinto sólo se sale volando, y en cada esquina del tiempo acaba el presente, que se puede desvanecer porque quizá no ha pasado nunca nada.”

50 comentarios:

Anónima dijo...

Se acabó el prólogo.
Comienza el mensaje.
Ha pasado el tiempo de la crisálida:
"A volar"
Hace ya tiempo, en unas conferencias sobre la infancia decía el autor que, el niño en su proceso de aprendizaje encuentra "la seguridad" en la repetición y "la felicidad" en el descubrimiento.
Ambas parecen ser necesarias para un equilibrio en esta etapa.
Pero este modelo ha insistido fundamentalmente en la repetición, hasta el punto de anular en nosotros la capacidad de aventura, y hacernos sentir falsamente seguros en pequeñas celdas de supervivencia, limitados e infelices.
Dejemos de ser niños "modelados" y desafiemos al modelo, destruyamos las murallas que levantamos para defender los miedos, y aventurémonos dejando de recorrer los mismos trazos.
Aspiremos a la felicidad intentando descubrir nuevos caminos, rescatemos los mensajes(cada uno los suyos) y completemos entre todos esa realidad incompleta que encabeza este primer mensaje.
Lo más triste que nos puede pasar ante esta maravillosa aventura que se nos presenta en cada milisegundo, es que cuando alguien nos pregunta:
-¿Qué pasa?
le tengamos que contestar:
-Nada, no pasa nada.

Enrique dijo...

Si el tiempo tiene esquinas es un tiempo que se dobla, un tiempo en el que se tocan los instantes, en el que conectan momentos del pasado y del futuro. No es un tiempo lineal, ni siquiera un tiempo que avanza. Puede que tampoco sea un tiempo circular, un tiempo sin principio ni fin que se cierra sobre sí mismo. Pero sí es un tiempo cambiante, un tiempo geométrico y dinámico, que adopta formas, igual que las adoptan las proteínas cuanso se pliegan de una u otra manera, según lo que dicta el mensajero.
Un tiempo en el que, quizás, no ha pasado nunca nada, porque contiene en potencia todo lo que podría pasar. Sería, por tanto, un tiempo en el que ya ha pasado todo. Un tiempo del que somos lectores y artífices, un tiempo en el que elegimos los compases y los ritmos para ejecutar, casi siempre con torpeza, nuestra parte de la danza.

El Aventurero dijo...

A Afrodita,
Muchas gracias por hacerme caer en la cuenta de que se me había pasado poner el título completo.

Anónimo dijo...

"Entre el héroe y la realidad hay un espejo", y al otro lado del espejo, más allá del mercurio, del azogue, del tiempo, está su realidad inmortal, su proyecto acabado. Que seamos capaces de percibir los rayos de luz que se filtran aquí y allá de vez en cuando es una tarea ardua, cuyo esfuerzo debe conducir a la frontera. El esfuerzo sirve para conducir a la frontera, para asomarse al umbral de los sentidos.

Pero vivir en ella es otra cuestión, es otra cuestión de amor, no de esfuerzo. El amor es el vehículo de la fe (y no al revés). La fe tiene que ver con la memoria de destino, esto es, con lo que está, acabado, más allá del azogue. El amor permite traspasar el umbral del tiempo, sustituye el esfuerzo por claridad.

Pero, ¡hay!, que poco conocemos lo que es el amor y de qué manera lo relacionamos únicamente con los demás. De esta forma nuestra autoimagen condicionada rebota permanentemente en el mercurio.

Afrodita dijo...

¿Por qué utilizará el autor la palabra “héroe”?
Ya en el prólogo a la primera carta hace mención al “someter” y al “dominar” y al hecho de que ambos hayan sido pilares básicos de todas las culturas judeocristianas; y a que sobre dichos pilares se ha asentado esa primera forma de consciencia que es el sentido de la propiedad. (Ojo, que cuento de antemano con estar haciendo una interpretación inexacta o incluso muy errónea, pero para clarificar cuestiones de esa índole estamos aquí, ¿no?, y para debatir unos con otros y decirnos estás en lo cierto o no; y ahí tenemos todos el texto para hacer las verificaciones pertinentes).
Y desde aquel primer texto se ha escrito mucho en este blog, tanto que resulta difícil recordar quién dijo qué en cada momento, y tarea ardua el repasar todos los comentarios para encontrar frases que se recuerdan. Pero en algún lugar, creo que era Ulises, escribía algo parecido a que la humanidad es hija de mortales y dioses; y dado que una de las acepciones de la palabra “héroe” es esa, me pregunto si el autor no la utiliza adrede. No sé si con la intención (eso ya es de mi cosecha) de aludir a la parte de divinidad que reside en cada ser humano y que se dejará ver cuando cada cual se vea a sí mismo, tal cual es, y no como se piensa, del mismo modo que el espejo nos devuelve la imagen con la que vivimos pasando por alto que no es, ni tan sólo, el reflejo exacto de la verdadera.
Ahora Anónima hace hincapié en que ha pasado el tiempo de la crisálida, y en la frase del autor que trascribe de que el niño encuentra la seguridad en la repetición y la felicidad en el descubrimiento.
Lo uno y lo otro me lleva a la consideración de que los adultos crisálida ― igual que los niños, todos los niños, que son egoístas, y que el sentido de propiedad es lo que primero se desarrolla, y que cuando se siente rodeado de “lo suyo” es cuando el niño se siente feliz ― nos aferramos también a lo conocido, a lo que identificamos como nuestro, y renunciamos muchas veces a la libertad por no prescindir de los servicios que nos presta nuestra falsa imagen.
¿Pero qué tenemos en realidad que agradecer a ese yo-otro que vemos en el espejo?
¿Por qué le rendimos tanta pleitesía?
El tiempo no es posiblemente, como apunta Enrique, algo lineal. Tampoco a lo mejor circular; quizá sí espiral, como el dibujo del juego de la oca…
Y sin embargo lo tratamos como lineal. Y tratamos a ese yo-otro del espejo como si fuera el verdadero cuando, en el mejor de los casos, sólo sería un reflejo de nuestro cuerpo.
Pero es que, además, cuando decimos o pensamos “yo” nos estamos refiriendo a nuestro cuerpo. Creo que era en un número antiguo de la revista Ananda donde ponía algo parecido a “el piloto no es su avioneta”.
Y en esa identificación del “yo” con el “mi cuerpo” se incurre – creo – en muchas confusiones y en el dejarse dominar por esos tres males tan preciados como son el poder, el dinero y el sexo.

iristres dijo...

Si miras con atención al espejo primero con el ojo derecho ¿ donde mira que sensación produce ? Y si miras al ojo derecho con el derecho y luego al izquierdo y al contrario ?
¿ y el Iris ? Si lo miras con una lupa es fascinante.
Al mirarnos nunca podemos vernos en el sentido que nos vemos,siempre es el opuesto.Y todos los rastros que se van grabando en el espejo se mezclan con los nuestros con los que estan y con los de los muertos y quedan grabados hasta quitar el azogue,la parte analítica y analógica se unen pero se puede ver la diferencia y te sorprende incluso asusta al no reconocerlo.
Imágenes superpuestas que van amurallando hasta convertirse en vaho y se mezclen con los rastros de todos pegadas al cristal cuando todos los escritos y secretos están inscritos en el Iris mirando desde dentro.

olvido dijo...

Olvido, dijo:
Un laberinto de espejos al modo de la Dama de Sangahi,y, además, sin la salida presumible que puede surgir en su recorrido; un evidente error de construcción...que la decoracón de espejos esconde.
En el sueño, un laberinto de setos con pétalos de rosa y mil salidas;
o, un laberinto de constelaciones.
En esta semana, un laberinto de espinas.
Mil posibilidades y mil vuelos en espera, como las imágenes, de las que sólo en una se fija el espejo.

Zascandil dijo...

A los comentaristas del furgón de cola del texto anterior:

Gracias a The Sun Also Rises por recordarme que el sentido del humor es necesario, y gracias también a Argonauta porque con su comentario también me hace caer en la cuenta de que no "hay que matar al mensajero" si no reconocer el mensaje.

Isistres dijo...

Nota aclaratoria del texto de Iristres:

Al mirar al espejo es Iris con Iris sin distraer la mirada a otro punto el efecto es sorprendente,observa con los dos individualmente.
¿Quien mira dentro?

Manolo dijo...

Tal como yo lo veo, es el miedo a que los demás nos sometan lo que nos hace estar a la defensiva, levantar esas murallas que menciona el autor. Con esa actitud, desde luego, no podemos crecer. Porque desde las trincheras es difícil que hagamos otra cosa que defendernos y atacar. Atacar, intentando someter a los demás. Nuestro desarrollo personal pasaría por ir aligerando nuestros miedos. Pero, ¿cómo? Podría decirse que ganando seguridad en nuestra capacidad para afrontar las situaciones iremos sintiendo menos miedo a ser sometidos. Y, ¿cómo se consigue eso? Ahí ya ni la Biología ni la Psicología tienen recetas. Quizás porque a esos niveles no valen las recetas generales y sólo sirven las soluciones que cada uno va descubriendo. El autor da algunas ideas en el resto del texto sobre cómo conseguirlo.

Parece que la clave es ir accediendo a la realidad. La que percibiríamos si pudiéramos utilizar plenamente toda nuestra capacidad de consciencia. La que hay al otro lado del espejo (de los sucesivos espejos). Entiendo que el espejo lo es solo si yo me enfrento a él identificándome con mi estado actual. En la medida en que estuviera dispuesto a abandonar mi estado y a “vivir al borde de la capacidad de consciencia”, ese espejo “irá perdiendo el mercurio” y, por tanto, irá convirtiéndose en un cristal transparente que me dejará ver lo que hay más allá. Mi relación con el espejo requerirá de mí un trabajo como de alquimista. Si me empeño en creer que soy lo que percibo de mí y que no hay más cáscaras, el espejo no me sacará de mi error. Solo si estoy dispuesto a mirarme, y a mirar al mundo, “con ojos nuevos, renunciando a recorrer los mismos trazos pintados por las rutinas”, podré ir percibiendo una realidad distinta y supongo que más grandiosa, más próxima a la real.

Intuyo que para aprender a mirar de ese modo tendría que renunciar a la protección que me brinda el modelo social, el código moral de lo aceptable. Tendría, en suma, que “saber que ha pasado el tiempo de la crisálida”, que tengo que empezar a moverme yo solito y a explorar mi propio sendero de crecimiento, “porque en cada espacio hay mil mensajes que sólo tú puedes descifrar”. ¿Y qué pasa cuando llegamos a una situación de la que no sabemos cómo salir? El autor nos dice que “de cada laberinto sólo se sale volando”. ¿Qué significa eso? ¿Cómo sabré usar mis alas en esos momentos? Sospecho que ahí no me quedará más remedio que pedir ayuda. Pedírsela a quien me la pueda brindar. Porque yo, con la parte de mi consciencia que controlo, no me va a ser suficiente. Quizás sea esa otra parte de mí que desconozco la que me pueda ayudar, llámese mi alma o llámese como se quiera. Quizás sean otros. No lo sé, pero sí sé que eso es clave.

Úlises dijo...

Hace algún tiempo leí en un Evangelio (probablemente en algún apócrifo) un texto que me hubiera gustado reproducir literalmente, pero que no he conseguido volver a encontrarlo. El texto decía en esencia que un Apóstol le preguntó a Jesús: ¿Maestro, y tú quien eres? Y Jesús le respondió: “Cuando sepas quien eres tú, sabrás quien soy yo”
La respuesta no tiene desperdicio. De nosotros conocemos nuestro estado, pero ignoramos nuestra esencia, nuestra esencia angelical, que está oculta tras los siete velos de Maya. La gran tarea en nuestra vida es conseguir que estos velos sean cada vez más transparentes. El autor del texto que comentamos dice que “entre el héroe (que yo interpreto como nuestra esencia cuando decide encarnar) y la realidad hay un espejo que irá perdiendo el mercurio cuando se pretenda la aventura de vivir al borde de la capacidad de consciencia”

Mariar dijo...

Entiendo que la búsqueda de sometimiento nace de la necesidad de poseer, empezando por la del propio cuerpo, esa podría ser nuestra primera renuncia. Ya en el Génesis, tal y como apunta el autor en el versículo 1.1. de este libro, se invita al hombre a dominar y a someter, instrumentos para el desarrollo de una forma de consciencia que se ha mostrado torpe y primaria pero puede que necesaria. Al margen de si esta interpretación del Génesis es la correcta, el autor nos está proponiendo un cambio radical – renunciar a nuestra inercia confortable, engañosa y carcelera y volar -, intentando borrar el azogue –velos de Maya, prisión, presente - de cada uno de sus espejos; para ello nos propone vivir al borde de nuestra capacidad de consciencia… y mi pregunta… ¿para esto tendríamos que reconocer primero nuestro estado? y quizás el borde de esa capacidad se situara en ese espacio sutil donde comienza a diluirse mi identidad, donde mi energía se mezcla con la de otro ser humano; consistiría quizás en enamorarme constantemente de otros iris y soñar su proyecto, consistiría en intentar acariciar hasta el nombre de las cosas, consistiría en intentar vaciarme de mí misma y tratar de vivir en la profundidad de esa superficie que forma la realidad que nos está esperando? ¿Podría ser éste el borde de nuestra capacidad de consciencia?
Supongo también que los mensajes que yo pueda descifrar son la parte que me corresponde descubrir de mi memoria genética y pránica, y que cada uno debe tener los suyos propios, que deben formar parte, asimismo, del laberinto individual…Pues no se me ocurre otra manera de conseguir unas alas que no sean las que el amor me proporcione, concepto muy alto para mi actual entendimiento pero que trato de insinuar, supongo que torpemente, en el párrafo anterior. Pienso que quizás, con esa intención y atención en el instante, en esa esquina del tiempo, como dice el autor, se pueda lograr rescatar ese presente, que muere y nace baldíamente porque no ha pasado nada…
Y ya que pasado, presente y futuro alientan en la misma línea del espacio-tiempo, el pasado esperando redención y el futuro latiendo con vocación de libertad….sería nuestro presente-preso una de las llaves mágicas?

Alma de Cántaro dijo...

Profundizar en el estado es difícil.

Entre otras cosas supone empezar a mirar y movernos hacia horizonte nuevos, y ello desmantela continuamente la imagen con la que nos sentimos a gusto y aceptados por los demás.

Sometemos y somos sometidos a la vez. Aún siendo bastantes conscientes de que ésto pasa, hace falta valor para hechar a andar y asumir que "mirar con ojos nuevos" puede suponer también dejar de ser aceptado y admitido, que los cambios provocan tanto temor en tí como en el resto y que el "modelo" ha dejado de ser un "refugio".

slinging soup dijo...

Entiendo, o creo entender, a lo que se refiere el autor. Yo me he pasado el tiempo/vida en esas esquinas ochaviadas esperando que llegara el futuro desde la repetición de la rutina del presente, y la memoria obsesiva del pasado. En ese espacio me he vivido como crisálida que se contempla en el mercurio inventado de los cristales de las esquinas, pero sólo había parroquianos mirandome a mí, y sonriendo.

Pávidus dijo...

Señor comentarista de las 20:33, ¿qué es un chirlingüingli, por favor?.

Cándido Agudo dijo...

A Pávidus

.. ―. … ..― … ― .― ―. ―.―. .. .― .―..

Pávidus dijo...

Oye, Cándido, mi abuelo trabajó de telegrafista en una guerra y dice que eso no tiene ni pies ni cabeza. También dice que bien podría tratarse del nuevo plan económico de Zapatero, porque cuando intentaron descodificar el último que se le ocurrió se rompieron todos los moldes. Luego ha dicho ¡lagarto, lagarto!, y ha seguido comiendo torrijas.

Anónimo dijo...

Alguien me puede contestar que el el mensajero?

Slunging Soap dijo...

Todo lo contrario de Pávidus es nuestro Im-Pávidus. O sea que no es ni tímido, ni medroso, ni lleno de pavor. Parece lleno de ese gracejo mucho más que español, porque podría ser de alguna Comunidad dicharachera donde se toman las cosas a beneficio de cachondeo zumbón, y mientras tanto, en uno de los múltiples bares centrales de los mentideros. Pávidus es un Impávidus que nos hace gracia muy a pesar suyo, porque sus supuestamente definidos denuedo, valor y serenidad de ánimo ante el peligro, y carácter impertérrito, en este caso no sirven para nada. Pero nos divierte como un monogolista de la tele, o un escritor de TBO's.
Por cierto,Chirlingüngli, según el diccionario de Alteraciones Anglófilas de la Lengua (AAL), viene a querer decir:
Chirlin: Lanzamiento de vocablo sonoro.
Güngli: Menjunje compuesto y vario.
Un placer.

J.B.D. dijo...

¿ Qué es aquello, allá a lo lejos, que brilla tanto?

Aúpame, por favor, que quiero verlo mejor antes de llegar la noche.


J.B.D.

Anónimo dijo...

A veces, por sorpresa, sin saber ni como, ni por qué, se apodera de mi una angustia que identifico como miedo, puro miedo. Pero que no le puedo poner ni cara ni argumento para explicarlo. En esos momentos suelo estar solo, no estoy siendo sometido por nada externo, ni intentando someter a nadie (creo). ¿De donde viene ese miedo?.Esa sensación de vacio tal vez se deba a que no estoy haciendo un intento de quitar el mercurio del espejo, y que mi tiempo pasa y sigo en un esto larvario, funcionando con unos sentidos que no abarcan lo que deben abarcar, sin ni siquiera intentar descifrar los mensajes y que por lo tanto estoy aparcando el proyecto con el que naci. Quiza mi vida pasa, “sin que pase nada” y eso sea lo que genera ese miedo al que me estoy refiriendo

zascandil dijo...

Según el Diccionario de la Lengua Española, mensajero el la persona que lleva un mensaje o recado a otra.

El dios Mercurio es el equivalente romano del dios griego Hermes, el cual parecer que tenía entre otras, la función de guiar las almas de los muertos hacia el "inframundo", llevaba el gorro de la invisibilidad y era el "mensajero de los dioses".

En en complejo mundo de la célula , éstas copian la información de los genes, la interpretan y forman polipéptidos específicos que formarán cadenas que uniéndose dos o más de ellas formarán cadenas de aminoácidos aún más largar: moléculas completas de proteínas para la "exportación" fuera de la célula o de "uso interno" de la propia célula.

Cada célula está transcribiendo (copiando lo escrito) genes y sintetizando polipéptidos(moléculas de aminoácidos unidos entre sí en una secuencia específica), que serán descargados en estructuras celulares fuera del núcleo que las juntarán formando moléculas completas de proteínas.

Algunos libros comparan el estudio de las estructuras y funciones celulares como ver la partitura de una sinfonía por primera vez. Las diversas partes parecen no tener relación entre sí, pero adentrándose en su estudio aparece una "sinfonía" como resultado de una combinación coordinada de numerosos procesos, dictada por la "partitura musical de la célula:el código genético.

Bueno, por si le sirve a alguién

GOYO dijo...

Hay necesidades que con relativa facilidad entendemos que son creadas, que forman parte de nuestro inventario, y siguiendo su rastro vemos claramente cual es su causa. Otras se esconden más sutilmente y se enmascaran entre los múltiples aspectos de la personalidad, y se mezclan con los llamados “derechos” del hombre.
A simple vista no parecería que la necesidad de someter estuviera instalada en la inmensa mayoría de nosotros. Antes bien, siempre se nos ocurrirá decir que eso solamente es cosa de políticos, de gente de mando y que ostenta poder. En el elemental y primario juego de las libertades nadie quiere sentirse sometido, ni gusta ser señalado como sometedor. Pero en el forro de la doblez de ese traje con el que nos vestimos para jugar a ser libres, se esconde agazapada la “importancia personal”, y si alguien osara tocarla, en el temor a ser desconfigurada, alertaría cualquier argumento en pro del “con-vencimiento” de contrarios. Desde este posicionamiento se establece como un encuentro de lucha, en el que se intentará a toda costa vencer con modales y razones, “con-vencer” al otro de que lo bueno, lo justo y veraz es lo propio. En caso de no lograrlo uno saldrá con el convencimiento personal de haberlo intentado, presentándosenos aún más ufana, si cave, nuestra propia imagen.
¿ Acaso en este juego no estamos utilizando la trágica necesidad de someter y ser sometidos ?.
Sometemos y somos sometidos continuamente, pero no parece que resulte fácil percatarse del sometimiento que ejercemos sobre nosotros mismos.

Hace poco, cuando ya el sol había dado luz a la tierra, en mi despertar oí el casi olvidado canto de la abubilla. Repetía su melodía simple, pero precisa, como si pretendiese resonar más allá de las paredes de mi habitación. Recordé que era ave coronada, de torpe vuelo y andar majestuoso, que portaba la dualidad con su plumaje, y que era ave de trinitario canto,( cu –cu-cu / cu –cu-cu / cu –cu-cu ) con el que pareciera anunciar tiempos de otro estado…

Un Sr. bajito dijo...

Habia una casa de paredes llenas, colgaban toda clase de artilugios de tiempos acumulados, clavados con chinchetas algunas de colores para no perderlos.
Un día por encargo vino un Sr.Bajito con un gran mazo, rompió paredes hechas de pequeños ladrillos de miedos fijados con cemento de mucha razón.
Al séptimo golpe de mazo, un laberinto de polvo de posibles encuentros se formó en el aire disipandose, en un veloz y sutíl instante se inundó de ¨Luz¨ todo ese peso contenido.
Cuanto amor!.

Atila dijo...

Todas las puertas del redondel tenía un letrero:entrar.
Y en cada una de ellas varios caminos para elegir. La mayoría entraba por cualquiera y volvía al mismo tiempo de partida.
Una niña de unos doce años apoyada en una pared, contemplaba un poco asustada todo aquel ir y venir de gente circulando por una y otra de aquellas puertas, regresando cada vez mas nerviosa. Chocaban unos con otros y todos repetían lo mismo:
-¿Donde esta la salida?
La niña se fijo en un señor con barba que paseaba placidamente.Era el único que mantenía el rostro sin crispación. La edad indefinida, tenia la barba oscura y vestía de negro.
La niña se acerco a él:
-¿Puedo ir contigo? Yo también quiero encontrar la salida.
El señor asintió pero no tomo su mano.
-Si quieres encontrar la salida obedece a tus pies. Esta gente está aturdida, todos tienen miedo porque unos temen perder la cita con el médico que hoy les dará su diagnostico. Otros temen no llegar a tiempo para negociar su casa. Ese grupo con maletas creen que perderán el avión y la excursión planeada. Aquel señor que se muerde las uñas no va a poder llegar a París donde le espera un importante financiero.
La niña echo a andar concentrándose en sus pies. Al principio iba lenta, después mas rápido. Recorrieron juntos varios pasillos que se entrecruzaban, su cuerpo se había vuelto mucho mas ligero.
-¿Es como si tuviera alas!
-Es que se han abierto- contesto el señor Cuando no tengas miedo del que dirán de ti, perder algo o a alguien, cuando perdones a alguien que te ha herido y te perdones a ti misma, cuando te pongas en el lugar del otro, y cuando te rías de tus fracasos, entonces tu cuerpo no te pesará.
- Solo las tienen los pájaros, los Ángeles y las mariposas cuando dejan de ser gusanos, contesto la niña.
-Todos tenemos alas que están deseando abrirse.
La niña vio el letrero de salida y al pasar por debajo noto que sus pies ya no estaban en el suelo.
-¿La he encontrado!
El cielo tenia un color índigo y la niña quiso ir hacia él antes que desaparecerá pero sus pies tiraban hacia abajo.
El señor ya no estaba con ella. Se encontró en el portal de su casa.
Entonces desperté

Gaspar dijo...

Considero que la necesidad de someter se sustenta en dos pilares, el alto grado de ignorancia y en la falta de fe en uno mismo y en los demás. La ignorancia parece evidente viéndose el discernimiento aplicado; y la falta de fe es notoria, ante la actitud pasiva y remolona para tratar de intuir y despertar las posibilidades dormidas en la persona, soñando el misterio existente. Y no sé si la necesidad de someter provoca miedo, al percibir el dislate que existe entre la realidad vivida y el compromiso al nacer; ó el miedo a aventurarse a recorrer el camino que te aproxime a tu destino huérfano de escudo y espada genera la necesidad de someter; ó quizás sea un binomio que se realimenta uno a otro.

Obstinadamente se trata de asociar la identidad con la imagen reflejada en el espejo, imagen percibida a través de sentidos subdesarrollados, y en consecuencia una imagen deformada e incompleta de la realidad; esta confusión quizás venga producida, por la percepción equivocada de asociar la identidad con la apariencia y no con la esencia. Quizás con una mirada en la que estuviera presente lo sensorial y no exclusivamente lo sensitivo, propiciara una visión de la realidad más completa.

El hombre como proyecto inacabado está o debiera estar en permanente transformación, esta percepción seguramente requiere de atención para intentar reconocerse con las singularidades únicas en cada persona, y no obstante con un proyecto común en todas y cada una de las personas según el compromiso adquirido al nacer. Este tratar de reconocer el yo, debiera ir acompañado del discernimiento oportuno para diferenciar entre la esencia del yo que la considero inmutable y el estado transitorio que afortunadamente es variable, y digo afortunadamente porque de esta forma es la única posibilidad de que se aproxime a su esencia. Tomar consciencia de esta evolución haría inviable reandar el camino ya andado.
Existe un credo con cierto reconocimiento que asevera "ni pasado ni futuro, solo existe el presente". Planteamiento troglodítico, pues la única temporalidad inexistente es el presente, ya que cuando se tiene consciencia de él ya es pasado, y por otra parte el fin de la acción es incidir en pasado y futuro.

Anónimo dijo...

El texto me hace concentrarme en mi interior y me veo como una guerrera, derribando obstáculos y enemigos muy arraigados en el tiempo. Segun avanzo me hago más fuerte, voy adquiriendo poder para no ser una hoja a merced del viento. Las cosas no me hacen tanto daño, pierdo protagonismo,y voy comprendiendo sin dolor y sin rencor situaciones de la realidad que me circunda. Un jirón de mercurio cae del espejo y voy intuyendo casi adivinando esa aventura de la que todos hablamos y pocos son los afortunados

No hay retroceso en mi conquista.Siento que me proyecto hacia algo pero notengo ni idea de lo que es.



La mujer de barro

Mandrágora dijo...

Esto se va complicando.

Es un párrafo que me sugiere varias reflexiones. Me parece que toca varios palillos.

Por un lado, el asociar la necesidad de someter con el amurallar los miedos lo plantea casi como una obviedad, pero la verdad es que no hubiera pensado que estuviera tan ligado lo uno con lo otro. Me ha parecido siempre que es al revés: al tener miedos por tu propia precariedad, se busca que nada se escape a tu control y, por lo tanto, el sometimiento está servido. Pero tal y como leo, parece que primero surge la necesidad de someter y, como consecuencia, el amurallamiento de los miedos.

Por otro lado, el «renunciar a recorrer los mismos trazos pintados por las rutinas» me sugiere un intento firme para entrar en otra dinámica que despierte ese espíritu de aventura que suscita el autor: el tratar de sorprenderse, de recibir los mensajes nuevos con la peculiaridad que cada uno conlleva aunque de forma grosera se parezca igual a tantos… Pero es bien cierto que ese aprender a mirar con la sutileza que requiere y hacerse eco de los mensajes recibidos entendidos como una novedad, no es un punto de partida, me parece que requiere un cierto estado de vacuidad que no suele ser compañero habitual de viaje.

Y por otro, si «en cada esquina del tiempo acaba el presente», ¡ay, que será de mí!, porque las posteriores secuencias analíticas y el recreo emocional de cada situación vivida, poco tienen que ver con «vivir al borde de la capacidad de consciencia».

Ana dijo...

Me siento como los indios en el momento de la llegada de Colón a las Antillas. Observaban en el horizonte ciertas ondulaciones y vibraciones en el aire y en el agua, que no identificaban con nada conocido. Ahora me explico.

Si el aprendizaje que conocemos es fundamentalmente acumulación ideológica e ideográfica identificada con el ego, salir de la crisálida, supone trascenderlo. Y eso nos lleva a reconocer que toda actitud cognoscitiva reconocida por el anterior estado no anunciará ni trazos ni recorridos nuevos.

La nueva etapa debería señalizarse entonces, con sensaciones y percepciones de nosotros y el mundo no reconocibles por el pensamiento pero si capaces de crear experiencia y que sean éstas las que nos hagan volar por encima del laberinto para poder tener disponibilidad de recorrer otro.

Ya no es cuestión, me parece a mí, de mirarse en el espejo, de razonar, ni siquiera de imaginar( sin menospreciar el servicio que todas estas herremientas nos prestan). Desde estos lugares no podremos conocer el Mundo Real. Pienso que es más bien al revés: puede que, si estamos en disposición, sea el misterio el que llegue a nuestra imaginación. Quizás, de esta manera, podamos descubrir nuestra propia imagen del mundo, superando la consciencia común que limita el tiempo del ego y empezar a familiarizarnos con el tiempo del sueño, de todas aquellas cosas que no pasan por el intelecto…

Fue un chamán el que identificó lo que se avecinaba. Quizás se concentró, meditó y soñó haciendo que el tiempo y las proteínas se plegaron en geometría sagrada y así fue capaz de leer los mil mensajes que sólo él podía descifrar, reconociendo la nueva era que les abordaba. No entro ahora en analizarla, pero supuso un paso más hacia una conciencia planetaria.

Beucis dijo...

Romper murallas que cobijan miedos, que nos hacen sentir seguros y poseedores, y a la vez niños inmaduros y poseídos, jugando juegos de complicidades
y de presos y carceleros, es difícil porque llevamos mucho tiempo en estas añaganzas y es parte de nuestra rutina, es nuestro capullo envolvente, confortable, que nos retiene y debilita , sin que nos atrevamos a darnos ese cheque en blanco que se necesita para abrir puertas y asomarnos a lo desconocido. Porque de eso se trata: de dar pasos por tierras desconocidas, encontrándonos con esquinas, espacios donde otro tiempo con vestido distinto te espera con ritmos y velocidades distintas. Todo un paisaje que cambia y que seguramente no reconoceremos.

El vernos delante del espejo, contemplarnos, aceptarnos con todo lo que nos muestra de luz y de sombra, es difícil. Es la suerte de la Verónica y debe ser muy importante clavarnos, ofrecernos con porte, dignidad, con casta. Quirón, el maestro, ya nos ha preparado y nuestra energía fluye lo suficiente, es el momento de encontrarnos con nuestra profundidad, nuestras posibilidades, borrar el mercurio y contemplarnos en un espejo pulido como esas piedras grandes, lisas, de las cuevas de la Capadocia, prestas a iluminar, en su momento, al discípulo, a la crisálida que deberá convertirse en mariposa, en el momento de la muerte de nuestro ego, del minotauro.

Hay que salir, como Teseo, por los aires, bailando la danza de la grulla, símbolo de inmortalidad, como Perseo a lomos de Pegaso, caballo alado, como D. Quijote, sobre Clavileño, como Narciso que redime a Lucifer, nuestro Titán encadenado. Todos estos arquetipos, señalan caminos, rutas por nuestro interior, ascesis transformadoras, también equivocaciones a evitar. El mensajero, hermes, angeloi, se comunica con los dioses, también con el hombre para apoyar nuestras transformaciones, pero tenemos miedo, ignoramos mucho y la muerte, esa gran incógnita, espera en la suerte final y es importante llegar con la tarea cumplida, sin desvíos, sin cantos falsos de sirenas, que apartan del camino.

Un brindis para los que lo lograron y a los que estamos en el ruedo, en la brega, ¡¡¡ Que Dios reparta suerte!!!

S. dijo...

Crisálida, crisol, crisis, transformación de ninfa en imago.
Nos dicen que ha terminado el tiempo de una fase alquímica y que han de crecernos alas para salir de los laberintos.
Es una clara invitación a otra consciencia que ni atisbo ni sé por dónde vendrá, pero interpreto que es importante la intención de aventura que hará trasparentar el espejo que de momento sólo devuelve la imagen de mi propia ninfa encarcelada.
Por otra parte, ¿no serían las alas el despliegue de nuestros pulmones? (¿no son su imagen el exterior?), ¿qué hay en el aire que constantemente respiramos, que hará desaparecer el mercurio y me permitirá buscar esos rastros que sólo yo puedo descifrar? ¿podré decodificar las memorias del aire?
Realmente ¿qué es vivir al borde de la capacidad de consciencia?

Manolo dijo...

Los comentarios escritos me inspiran nuevas reflexiones. La necesidad de someter se expresa muy bien en el sentido de propiedad. Ampliar nuestras posesiones refuerza nuestra seguridad y adormece nuestros miedos. Pero, frente a lo que escribía en mi comentario anterior, quizás el miedo empieza por nosotros mismos, al creer que somos propietarios de nuestro “yo”, de nuestra identidad, y que la podemos perder. Jugamos a ser propietarios de nuestro cuerpo, de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de nuestra vida y hasta de nuestro devenir. A tratar de encerrar todo eso en el mundo de lo conocido y controlado por nosotros. Y, de paso, a proyectar una imagen de nosotros grata a nuestro entorno social y a nuestro código de valores. Todo esto también formaría parte de la cárcel-fortaleza de la que habla el autor.

Salir de mi fortaleza significaría, entonces, aventurarme en el mundo de lo desconocido, de lo no controlado por mí. Como dice Gaspar eso requeriría tener fe. Pero, como matiza Ana, no precisamente fe en mis recursos cognoscitivos, en los que me devolverían al terreno de lo ya conocido. Intuyo que la fe tendría que ser en los recursos que tengo, aunque no los controle o incluso ni me huela su existencia. Tendría que reinventarme y partir de la base de que soy mucho más de lo que conozco y toco de mí. Que, como el iceberg, sólo conozco de mí una mínima porción. Yo creo que esto es lo realmente difícil: asumir que mi ser completo es una realidad, no una entelequia. Intelectualmente no me cuesta asumir que mi yo estará completo cuando haya desarrollado plenamente todas mis capacidades latentes. En este sentido mi ser completo sería como una promesa de futuro, pero no una realidad presente. Pero, ¿y si es también una realidad presente? ¿Y si el futuro también fuera presente? ¿Y si mi yo futuro, mi ser completo, también jugase en esta partida? Si asumiera que mi ser completo ya es real…tendría que plantearme “negociar” mi relación con él, y sobre todo el papel de “ambos” en el proceso de abandonar mi condición de crisálida y descifrar los mensajes que sólo yo (¿qué “yo”?) puedo descifrar. Cómo utilizar mi capacidad perceptiva, agudizar mi atención, aprender a leer mis sensaciones, a interpretar las musas y los juegos del azar. Pero para llegar a eso tendría que ir venciendo mi formación racional-materialista, que me susurra al oído que todo eso no son más que “fantasías místicas” fruto de la “contaminación” religiosa que hereda nuestra sociedad.

Amén dijo...

Ah, Beucis!, qué textos tan sugerentes e inspiradores escribes, cuánta ciencia y conciencia manifiestas. Gracias por tu inspiración.

Altos son los muros donde fijamos brazos y piernas, atención y consciencia, fuertes referentes como si su estatismo, altura y grosor configuraran alguna solidez. Y sin embargo cárcel, cárcel y cárcel.

Se me ocurre que los referentes han de ser cambiantes en cada instante y que sólo en esa inestabilidad es posible adquirir la suficiente velocidad para que un impulso nos haga elevar el vuelo.

Desplegar las alas…y reinventarme como dice Manolo, practicando la fe en lo que no conozco de mí ni de los que me rodean, quizá así el misterio nos encuentre, como apunta Ana, y yo me apunto a ello.

Anónimo dijo...

“…en cada esquina del tiempo acaba el presente, que se puede desvanecer porque quizá no ha pasado nunca nada.”

Para llegar a ese momento que se recoge al final del párrafo puede que previamente haya que atreverse a iluminar ese miedo con nuestra mirada, con la confianza de un niño, con ligereza y sencillez. Comprendiendo sin mirar atrás para no convertirnos en pesada estatua de sal, sin rebuscar en los recuerdos, dejando que estos fluyan a su antojo para ayudarnos a ver cada día más nítido, permitiendo que ese nuevo atisbo nos impulse a seguir caminando. Nuestro miedo, en el que nos hemos refugiado y protegido nos refleja nuestra imagen distorsionada, incompleta. Este miedo pudo generarse por una acción en la que convergen temores de otros que también están asustados y que por algún motivo atrajimos hasta nosotros. Conscientes del encadenamiento de miedos que han provocado los nuestros sonreímos comprendiendo que nada ni nadie pudo hacernos nunca daño, que seguimos intactos, que no ha pasado nada, que podemos salir y soltar el eslabón que nos enlazaba a esa cadena pudiendo desistir al fin de transmitir ese temor a los vienen detrás.

Eolo dijo...

Someter (designio), defender (agarre), miedo (supervivencia), cárcel (control) y razón (consciencia). Esa es la estructura secuencial que da lugar a la rutina.

Llaman la atención los tres requiebros que el autor trenza y desliza suavemente en el texto de manera sucesiva: espacio } tierra; laberinto Ѡ amor; y tiempo ῼ cosmos. Acostumbrados a la literatura del deslumbramiento cegador de los lectores, quizá pasa desapercibida la naturaleza significativa de estos términos que ofrecen las tres claves del trabajo aventurado. Pim, pam, pum.

Las formulaciones de impulso y realización nos hablan correlativamente de multiplicidad y complejidad frente a la causalidad, de vuelo frente a enredo, y de desvanecimiento frente a presentismo, en orden invertido respecto de la anterior interpretación. Pum, pam, pim.

Un doble viaje, en el que la ida corresponde al hombre, y la vuelta supone el advenimiento de la “realidad”. Cara y Cruz.

Algunos viajeros conocidos, sugieren fijar la atención y los esfuerzos en el espacio que dista entre el sujeto y la imagen reflejada en el espejo intermediador, del que puede surgir la oportunidad de la multiplicidad interpretativa a la que al autor hace referencia, también se evidencia la sensitividad temperada entre ambas realidades: ser e imagen (estado) con los acertijos intrínsecos que resolver. Y finalmente, el misterio de la transustanciación, cuya principal virtud reside en la descristalización de los minerales que están componiendo la conjunción de los estados que llamamos “yo”.

Una vez resuelto, estos viajeros, indican la importancia de la convocatoria, ya no simbólica, como hasta ahora, sino mítica, desveladora de las sustancias de los arcanos de tu propia composición neutra y eterna.

José dijo...

En este párrafo, parte del Primer Mensaje, del autor se toca el Miedo y la Valentía. Yo diría que hay, en cierto sentido, dos fases de estos dos conceptos.

En principio el hombre, en general tiene miedo o miedos. Podríamos decir que hay un primer estado de alerta para la supervivencia. Es una forma de adaptación al medio, por ejemplo el miedo a caerse cuando se empieza a caminar, a los animales peligrosos, a las enfermedades, etc. Culturalmente, también hay un concepción primaria, el temor a Dios, a los padres, etc.

Y frente a los temores primarios hay también valentías primarias sujetas a los miedos. Defender ese Dios hasta el sacrificio, luchar hasta matar en defensa de los padres y sus ¨analogos¨, como la propiedad, la fidelidad, la nación, la complicidad, etc. Es, en fin, el sometimiento de los miedos y a los miedos.

Pero luego esta la valentía del héroe, que se ha definido, por algunos historiadores y filósofos, como la parte divina del hombre. Pero más allá de eso es lo que interpreto que es ¨y de cada laberinto solo se sale volando¨. Y a renglón seguido la valentía más allá del tiempo, más allá de la historia como efemeride. La valentía de vivir entregándonos por un bien común, por unos valores basados en la armonía, en el ritmo evolutivo al compás del amor universal.

Eulalia dijo...

"Defender los miedos".
Cuan estúpido resulta defender algo que te está paralizando. Defender el miedo que, a su vez, se alía con el miedo de otro. Y luego nos damos juntos un bañito en el fango, y no queremos salir, porque ya se sabe que "mas vale lo malo conocido". Y, mientras tanto, algo en nosotros, una vez mas, llora contemplando el espectáculo.

Afrodita dijo...

José; el buenismo que encuentro en muchos de tus comentarios me ataca literalmente los nervios.
No debiera decirlo, pues parece que por el hecho de participar en este blog todos los que lo hacemos tendríamos que ser generosos, desprendidos, amorosos, comprensivos...
Pero existe la realidad, esa realidad corriente y vulgar y nada filosófica con la que hemos, todos, de convivir cada día; y tener noticia de la crueldad que existe en los seres humanos... ¿Qué es el amor universal?
¿Quién se lo cree?
Agarra un periódico y leelo, o escucha la radio, o mira, simplemente, a tu alrededor cuando caminas por la calle.

Anónimo dijo...

Es curioso, cuando surge algun mensaje, o algun tipo de pensaimento o actitud, que no tiene nada que ver con la linea habitual de las rutinas, incluso cerebrales, surge otro tipo de pensamiento que lo atrapa, como una caja registradora, y lo acomoda para sumarlo a los meritos que nos atribuimos, y sin ver de donde procede o en que consiste nos lo ponemos en el haber. Nos colgamos la medalla. No se si consiste en que lo analogico es atrapado por lo analitico, y se acabo el "chiste", no salimos volando, no atravesamos el mercurio y nos quedamos dando vueltas en el laberinto, sin llegar a convertirnos en mariposas que atraviesen el mercuriso

José dijo...

Querida Afrodita ojala conocieras el amor universal y eso del buenismo me imagino que es de tanto leer los periodicos, porque en la calle ese vocabulario no es de uso frecuente, el amor si.

Afrodita dijo...

Ayer tuve noticia, una persona me la comentó, de que hay unas gentes que utilizan gallinas como si fueran pelotas, para jugar al futbol y al tenis. No me lo podía creer y cuando subí a casa busqué en internet. Y era cierto; en un pueblo de Valladolid. No era una noticia sensacionalista sino de prensa, estaba en libertad digital.
A lo mejor para los humanos trascendentes, preocupados tan sólo por su propia evolución y su propia bondad es algo que no tiene la menor importancia; gallinas, total… ¡qué más da!
No sé si hacen más daño al mundo, al prana colectivo, las personas descreídas, como yo, con nuestra casi nula fe en el ser humano; o los mismos criminales que cometen crueldades; o quienes se meten en un burbuja, haciendo oídos sordos a qué sucede en el mundo en el que viven.
Ya sé que ocurren cosas peores. Me pregunto a qué llamamos “peor”.
Todo el mundo, y quien pueda negarlo con honestidad que lo haga, sin miedo a que se le atraganten las palabras, hemos sentido alguna vez odio o rencor hacia alguien. Y entre humanos y con medios humanos dirimimos como podemos o sabemos nuestras diferencias y desacuerdos.
Pero, los animales; ¿qué sentido tiene hacerles daño?, ¿qué se puede tener contra ellos?, ¿qué deuda salda nadie con nada cuando los martiriza?
El mundo, digáis lo que digáis, es un lugar abyecto habitado por multitud de seres despreciables. No faltan, es verdad, por entre medias, madres Teresas de Calcuta que hacen de la “bondad” y de la “abnegación” su bandera.
Personas que vivan reconociendo sus limitaciones y defectos hay algunas, pero somos pocas; y estigmatizadas.
Luego hay personas admirables, que no alardean de serlo.
De esas no puedo saber cuántas hay; y es una lástima, porque no hay posibilidad de saberlo. Pero son personas que no echan cuenta en cada uno de sus actos de cuánto mercurio han arrancado a duras penas, dejándose las uñas en el empeño, de su amado espejo.

José dijo...

Afrodita, te voy a contar algo que puede semejarse al amor universal. Los indios Navajos que viven en Arizona y Nuevo Mexico y que han sido diezmados por los diferentes gobiernos de su país, han mantenido su entereza a través de los años. Su amor por la tierra, que es como la levadura de su sangre, les ha hecho sufrir persecuciones, destierros y soledades. Esos indios tienen una filosofía de vida basada en la entrega sin honores, en el pan repartido, en la disidencia colectiva. En la segunda guerra mundial, no quiere decir que yo este de acuerdo con lo que si hizo en Nagazaki e Hiroshima, cifraron el lenguaje secreto para que los aliados vencieran pero luego no desfilaron en las conmemoraciones de la victoria. Su cultura es más fuerte que los honores. Seguramente muchos miembros de su comunidad hoy se drogan, roban, matan, etc., pero su filosofía es la paz y la armonía.

Un grupo de la tribu Chibcha en Colombia fueron los orfebres originarios, modelaron ese material precioso. El sol era para ellos la luz que resplandecía en sus manos. Su filosofía se basaba en el amor al prójimo que se reflejaba en ese espejo. Aún hoy en las poblaciones ribereñas a esos manantiales de riqueza, ahora ultrajada, sus habitantes te ofrecen el agua pura de sus sueños, la espontaneidad de su sonrisa, las hortalizas de su huerto.

Si algún día te sientas al lado de un hombre o mujer, sin prejuicios, encontraras que su respuesta es un abrazo.

Afrodita dijo...

Tus teorías, José, me llevan a imaginar que si te vieras - por ejemplo - cara a cara con un etarra lo tratarías con guante blanco, mucho amor y mucha comprensión porque, quién sabe, puede ser una pobre ovejita descarriada e incomprendida. Lo que necesita es mucho amor, una palmadita en el hombro, y decirle con mucha ternura que no hay que matar.
Por supuesto que hay personas buenas; eso ya lo sé. Pero las malas, que también las hay, envenenan el mundo, lo pudren todo, y me parece injusto y fuera de lugar que su existencia ni indigne ni duela.
Por cierto, también tu estás prejuzgando al asegurar que yo tengo prejuicios.

Una amiga en el camino dijo...

Querida Afrodita, entiendo tu desesperación ante el suceso que comentas, pero el mundo no creo que sea ese lugar abyecto que dices, sino el sitio fascinante que algunos sabios han hecho habitable (eso he oído decir) lleno de huellas y rastros esperando que nosotros los descubramos.
Y sus habitantes tampoco creo que sean despreciables, sino ignorantes e irresponsables, unos más y otros menos por supuesto.
A mi también me duele el mundo y no puedo ni pensar sin que se me desgarre el alma en lo que se hace por ejemplo con la infancia en algunos lugares de este planeta, y muchas otras cosas. A veces lloro de dolor y desesperación.
Yo tampoco lo entiendo, no puedo comprender tantos y tantos comportamientos humanos, lo único que siento verdaderamente es la enorme responsabilidad de transformarme, porque creo que esa transformación puede generar una onda expansiva que ayude al menos un poquito a evolucionar y cambiar esa pretendida “humanidad” de la que siento muchas veces estamos lejos aún.
Así que no te desanimes, vamos de la mano descubriendo nuevos caminos, y aquí estamos en este blog, comentando unos textos para mí absolutamente extraordinarios, llenos de misterio pero sobre todo transmisores de una enorme esperanza en el ser humano y sus capacidades. Si no me agarrara a esta esperanza quizá la vida no tendría mucho sentido para mi.
¿No crees Afrodita que lo que de verdad necesita este mundo es AMOR con mayúsculas, y aunque no sepamos muy bien ejercerlo quizá deberíamos intentarlo?
(Que conste que no soy nada “buenista”)

aquiles dijo...

Para mirar con ojos nuevos “hay que saber que ha pasado el tiempo de la crisálida”.

Es decir, que ya se ha producido la metamorfosis. Es decir, que ya han caído las murallas. Que el espejo ya ha perdido su mercurio. O quizá siempre fue así. Quizás las murallas nunca existieron a pesar de nuestro afán por inventarlas. Quizás nunca existió espejo que nos separara de la Realidad. Como dice Enrique, quizás en el tiempo no haya pasado nunca nada, porque posiblemente el propio tiempo sea ilusión.

Pero, ¿basta con creer que ha pasado el tiempo de la crisálida?. ¿Es suficiente con ese acto de voluntad?. “Saber” comporta conocimiento, es decir, percepción. Para llegar a ese saber es previamente necesaria la voluntad: querer saber. Quizás esto sea la fe: la consciencia de que tenemos todas las herramientas necesarias para poder llegar a saber.

Probablemente la clave del párrafo esté en el valor. El valor del héroe para querer ir más allá de la rutinaria apariencia cuando todavía sólo vislumbra que hay algo detrás del espejo.

Buen camino aventureros.

José dijo...

No me gustaría terminar este dialogo con Afrodita con la sensación de que, por no quitar el oro de mi espejo, no respondo. Pero tampoco quiero alejarme de la reflexión del párrafo del autor y de su libro.

Quizás por método, cuando leo estos párrafos, ya lo he comentado en otras ocasiones, me interesa recordar lo leído en otros autores o las referencias sobre estos temas y siempre tengo la impresión de que Perez de Carrera da un paso más. Por ejemplo, sobre este tema discutido sobre el bien, que esta implícito en el texto que estamos analizando esta quincena, me encontré el otro día con las lecciones sobre Nietsche que impartió Heiddeger en Friburgo. Me pareció oportuno, Afrodita, recordarlo, porque Nietsche se rebeló contra esa cristiandad dividida en los poderosos valientes, intrépidos, instruidos y los débiles humildes, bondadoso, serviles, etc. Y entonces apostó por esa superación y de ahí su Superhombre y la muerte de Dios, de ese Dios sustituido por ese" Hombre Nuevo". Todo esto como el "entramado" de una superación de los miedos, de dar un salto de cambio y buscar nuevos caminos. En eso, en general, se ha constituido la dialéctica, en un método de superación, de evolución.

También. de una manera general, se trata sobre el prejuicio. El prejuicio, por ejemplo en relación a la estética, en el encuentro con lo que nos conmueve en si mismo más allá de nuestra valoración, de nuestra escala de valores, de nuestra ética. El encuentro, no con lo que nuestro juicio valora como bello o feo, si no con lo que en sí y por si mismo se nos presenta y nos hace "volar". Es ese algo más lo que nos expone, para mí, Perez de Carrera en este inició del "Primer Mensaje. La Realidad Incompleta"

Carmina dijo...

Incluso desde una consciencia reducida en relación a su potencial, recordando la reflexión de Terencio “Hombre soy, nada humano me es ajeno”, lo quiera o no mi razón, la gente que veo es mi gente, y también la que no veo.
Tirando de este carro, por sendas unas veces abruptas y otras aplanadas, se experimenta la necesidad de envolverse en carne ajena, el arquetipo grupal, -del comentario anterior, es que soy algo lenta- para paliar el frío de lo desconocido, lo que no hemos recuperado todavía. Pero desde la cueva que abriga no se avanza; vemos pasar desde su boca a unos pocos camino de las cumbres, guiados por voluntad y entrega, esperando que nos saquen de la pasividad con la cuerda de su esfuerzo. Da un poco de vergüenza viajar en la espalda de otros, cuando los músculos permiten compartir el esfuerzo. Se vive encarcelado cuando se atienden voces que nos susurran ¡No hay salida! Pero existe la llave que nos transporta a lomos de Clavileño cada noche. ¿Y si nunca hubiera habido entrada?
Os ofrezco unas rimas macarrónicas, que me han salido sin pensar, causa de su macarronismo: El héroe abre caminos, rayando el mercurio con su espada, una marca del zorro, con el final de la zeta levantada. Honi soit qui mal y pensé.
Ojalá podamos descifrar un día los mensajes, aunque sean broncas: “¿Qué estás haciendo de tu vida, boba?” O sin coma = vida boba. “Yo, lo que me dicen los que mandan: buscar satisfacciones materiales; saturarme el cerebro con simplezas; odiar al que no piensa como yo; aterrarme con las desgracias presentes y futuras que vocean los medios, convertidos en “El caso”… Malvivir.
Pero si no ha pasado nunca nada, lo que tenemos entre manos es un juego al que nos hemos asomado para descubrir que… no ha pasado nunca nada. ¡Luminosas partidas, apasionante juego, indesmayable fuego! Prometo leer más a los poetas.

Bela dijo...

No ha pasado nada.....si no hacemos nada.
Si cuando morimos no nos hemos acercado ni un poco a la sensación interior de ser, en esa esquina del tiempo, es cuando nos encontramos con el para qué y el por qué, y si no hemos llegado a arañar un poquito el mercurio no habremos entendido nada.....iremos avanzando por las vidas a pasos pequeñitos,
pero morimos en cada instante.
En cada respiración nos vamos oxidando, es una muerte latente, en cada respiración puede nacer el héroe, el que se acuerde que sólo debería hacer pactos con su enemigo, el que sólo ha de buscar a Dios en su interior.
Se ve fácil, sólo hay que llevarlo a la práctica....sólo requiere un poco de confianza, en uno mismo.
La vida es un peregrinaje, hace falta ponerse en camino...echar a andar
luego la vida irá ayudando
dicen que el maestro se presenta cuando estás preparado.
A veces lo conoces en sueños,
está ahí.

S. dijo...

Ceniza, residuo de la combustión orgánica, símbolo de transformación, de purificación, como la sangre lavado por el Ángel para hacer germinar nuevos estados de consciencia.
Seguramente es su silbo el que nos quiere guiar por el laberinto, a la vez que, al haber fundido los miedos, nos propicia el despliegue de las alas.
¿Será la memoria de nuestras alas-pulmones la que mal “respirada” nos priva de la angélica voz?

Otro anónimo dijo...

La conferencia de la que habla Anónima en su primer comentario puede leerse en internet. Dejo el enlace.
http://www.tendencias21.net/ciclo/La-Educacion-en-la-Era-Planetaria_a37.html

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