Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

1 jul. 2010

PRÓLOGO A LA SEGUNDA CARTA. EN BUSCA DE LOS SUEÑOS. Texto 2.1

2.1 "El mundo de los vivos se asemeja a esas lápidas pétreas, a esas tumbas que regaron los caminos de peregrinos o a ésas que adornan los suelos de las catedrales, esas viejas lajas de piedra que muestran en sus grabados, en sus símbolos y signos, cuáles han sido los hitos y las honras esenciales del que habitó el cadaver."

35 comentarios:

Enrique dijo...

Decía Jung que el símbolo es la mejor expresión posible de algo en sí desconocido. El cero es un símbolo y 0 uno de los signos que lo representan. El signo es el vehículo del símbolo, aquello que le hace accesible a nuestra inteligencia.
El mundo de los vivos es un mundo de símbolos y signos. Cada ciclo de vida y muerte es un símbolo y cada rastro que deja, su signo. Y el tiempo es la separación necesaria para poder descifrar los signos; para desentrañar el código y ser capaces de leer las múltiples maneras en las que está escrito el mensaje.

Enrique dijo...

Por un capricho de la informática, el cero (la cifra) se ha transformado en una o (minúscula), con lo cual el comentario pierde su sentido. Debería ser así:


Decía Jung que el símbolo es la mejor expresión posible de algo en sí desconocido. El cero es un símbolo y O uno de los signos que lo representan. El signo es el vehículo del símbolo, aquello que le hace accesible a nuestra inteligencia.
El mundo de los vivos es un mundo de símbolos y signos. Cada ciclo de vida y muerte es un símbolo y cada rastro que deja, su signo. Y el tiempo es la separación necesaria para poder descifrar los signos; para desentrañar el código y ser capaces de leer las múltiples maneras en las que está escrito el mensaje.

Slunging Soup dijo...

Según el autor, reafirmado por la correcta descripción etimológica de Enrique y sus derivaciones significantes, las lápidas que recuerdan a los muertos -con cierta importancia terrestre como para figurar enterrados y recordados en sitios ya de por sí simbólicos, no en simples cementerios, no en fosas comunes- son como el curriculum sintetizado de los vivos (todos), pero con carácter definitivo. ¿Qué intenta expresar con ello el autor? ¿Que los vivos están, estamos por ahora, tan petrificados como las lápidas, pero adornados con sus someras descripciones laudatorias y cronológicas posiblemente exageradas? ¿Somos poco más que letras brevemente explicatorias grabadas para siempre en la memoria aparente de la piedra?
Claro que en su argumentación oscura el autor se refiere en realidad "al mundo de los vivos", no a los vivos en concreto, sino a lo que estos han logrado producir y co-vivir mientras perduran y se afanan en él conjuntamente. Un poco triste suena tal comparación del mundo petrificado y simbólico, recordatorio de los laúdatoris post mortem, con lo que intentamos malamente construír a este lado de la eternidad. Menos mal que Enrique nos permite un cierto plazo de esa eternidad para que nos descifren mejor. Pero..., ¿quién será el que nos sintetice en cuatro palabras y tres signos? ¿Y adónde?

Anónimo dijo...

La cara es el espejo del alma. El cuerpo el espejo del tiempo y el alma el espejo del sueño. El mensaje está escrito en un infinito recreado en espejuelos de sueños.

Afrodita dijo...

A Slunging-soup:
Creo que a lo que se refiere (no sé si tienes el libro, pero en el párrafo siguiente parece muy claro) es a la piel y a que en ella está escrita toda nuestra historia.
A Enrique:
¡Qué detallista y minucioso debes de ser! Y se agradece, tanta precisión.

ES dijo...

El mundo de los vivos se muere cuando nadie recorre los caminos de los peregrinos, cuando nadie se ocupa ya en descifrar los símbolos que otros dejaron en las piedras de monumentos sagrados.

Todo conocimiento parece estar escrito en alguna parte; pero hay que ir a buscarlo, hay que recorrer los caminos a la inversa, hasta las tumbas, hasta lo más aparentemente inerte del mundo de los vivos; hay que bajar hasta las criptas de las cagtedrales para renacer de alguna manera con las silenciosas memorias de las piedras, para poder mirar hacia arriba y vivir más alerta.

Da la impresión de una larga cadena ininterrumpida de vida y muerte, desde la que cada uno de sus eslabones enriquece de misterio al siguiente.

La piedra nos cuenta su historia cuando el honbre la mira, cuando es capaz de leer en ella como en las páginas de un viejo libro.

Y me pregunto: ¿sólo queda constancia en la piedra de lo bello, de lo eterno? Lo demás quizás se lo lleven los vientos y el agua, y limpien así la Tierra.

Slunging Soup dijo...

Slunging-Soup dijo a Afrodita: Se ve que lees el libro de las 49 respuestas buscando descifrar con seguridad los nebulosos párrafos de la entrega. Creía que el blog era suficiente, o al menos mientras tanto. De la lectura de este 2.1. declarado como Prólogo a la 2ª Carta, yo sólo deduzco la analogía entre los elementos materiales o no que mantienen grabadas las variables vivenciales de un individuo. La piel a la que te refieres, Afrodita, no es la única que recibe las improntas perdurables y reconocibles de una vida. La analogía empleada sin contexto próximo comparativo, distorsiona un poco la metáfora de la marca recordatoria. El propio cuerpo, la propia alma, son ejemplos paradigmáticos de esos rastros/marcas del devenir vital, y al igual que las inscripciones en base pétrea son suceptibles de ser transformadas. En todo caso el autor nos confunde circunstancialmente al emparejar en su analogía "el mundo de los vivos..." a "esas lápidas petreas...", cuando debería habernos remitido a la homología de las marcas y signos que la vida en ese mundo produce en la sustancia diversa de los vivos. ¡Vamos digo yo! Y de ahí mi comentario anterior que confirmo. Un saludo.

Afrodita dijo...

A Slunging soup:
Bueno, creo que tienes razón. Incluso, te puedo confesar, apenas había hecho clic enviando la breve observación que te hacía me había arrepentido considerando que estaba con ella interfiriendo en las posibles interpretaciones que se le puedan dar al texto en sí mismo y ateniéndose a qué literalmente dice. Pero bueno, así se me ocurrió y así lo hice aunque, ya te digo, yo misma me pregunté luego qué tipo de conjeturas y de pensamientos me habrían pasado por la imaginación en el caso de no haber conocido un párrafo aun no publicado; y me arrepentí, sí, porque era como estar desvelando algo sin derecho a hacerlo; un poco como esas personas que cuentan el final de una película (aunque con la diferencia de que por muchos párrafos adelantados que leyera nunca podría ni sabría yo desvelar el final de algo tan complejo como es el contenido del libro; claro está).
De cualquier modo me hago el propósito de ser más prudente.

Mandrágora dijo...

Cuando la vivencia presente no resulta lo suficientemente atractiva como para que merezca una dedicación, el recurrir al escapismo de un pasado idealizado o adornar la realidad con la carga de deseo que cada uno anhela, o el hecho de edulcorar los sentimientos hacia personas que ya no están y ya no nos es posible, me parece a mí que es más común de lo que parece y sí que entonces creo se puede asemejar la vida «a esas lápidas pétreas» que cita el autor. Y siguiendo en esta línea, me lleva a pensar, por ejemplo, en la relación que se establece con un ser cercano cuando deja de vivir «en el mundo de los vivos». Las carencias, los conflictos, hasta a veces la escasa valoración que mientras se compartía se le daba, seguramente por lo cotidiano, «normal», por ser poco atractivo, hace que cuando deje de ser visible ante nuestros ojos la persona recobre una importancia y a veces una veneración que poco tiene que ver con lo vivido en su momento.

La reflexión que en este texto se nos ofrece, me sugiere que «los hitos y las honras esenciales del que habitó el cadáver» tienen más que ver con el exceso de enaltecer y la necesidad de enfatizar aquello que ya pasó y no se ha sido capaz de conquistar o, dicho de otro modo, seguramente si se buscara profundizar con la honestidad que uno puede y en función de la capacidad que cada uno dispone, seguramente que la relación con lo que acontece en la vida cobraría un ritmo y una intensidad de por sí que no haría necesario refugiarse ni habría por qué alimentar el recuerdo de un pasado, de un pasado distorsionado y generalmente adaptado a nuestras carencias.

M. A. dijo...

Magnifico análisis, Mandrágora. Me has aclarado muchas cosas.

Icono-plasta dijo...

Me introduzco en este breve prefacio y sus distintos desgranados particulares, y aparte de sorprenderme por la variedad de interpretaciones de cosa tan aparentemente sencilla y clara, me adhiero al inserto comentario maximalista de Slunging Soup acerca de a qué tipos de enterramientos recordatorios se refiere el autor, porque está claro que a los de los desconocidos de siempre no. ¿Será que sólo recurre a la cuestion como anécdota referencial más valedera, o será de verdad que los rastros de los innombrados, desaparecidos, fosacomún habientes e hijos del pueblo con cruz de madera y foto entristecida no son relevantes para tal reflexión?. Los muertos bien enterrados arrastran leyendas y signos de reconocimiento, síntesis vitales, glorificación de su rastro, que nos permiten "conocer su trayectoria vivohabiente" tal como las huellas del curriculum vitae nos permite hacer con los vivos a partir de los signos que las visitudes van dejando en cada parte de su presencia. Posición del cuerpo, rastros del lenguaje y la expresión verbal, pictogramas en el Iris del ojo, formas de caminar y estar sentado, actitudes expresivas y comunicativas, etc. etc. Para alguno de los tertulianos la cosa va aún más allá, aunque para encantamiento de M.A. Mandrágora aclara que no es cuestion de vivir en el pasado sino mejorando lo presente como se suele decir. Es meritorio en M.A. reconocer en ello cierto grado de aclaración, faltaría más, y es cierto. No vale que nos describan o signifiquen por lo mejor de lo nuestro, como solía hacerse en las lápidas en tiempos del cólera citadas por el autor. ¡Qué buenos y condescendientes han sido, y serán, nuestros deudos a poco que los trates con cierta atención!

Atila dijo...

Julio Vazquez era un solterón con fama de inteligente, peleón, culto. Vivía en su finca muy grande cerca de Orense. Habia sido catedrático de derecho y después preparo a mi padre en sus oposiciones.
Vino a pasar un temporada a nuestra casa de Madrid. Mi padre lo estimaba aunque decía de el que era un hombre dificil. A pesar de sus 8o años se mantenia erguido, alto y mas bien corpulento aunque no gordo. Me impresiono su mirada llena de energía que podría volverse iracunda cuando algo le parecía mal, sin embargo con nosotros que eramos niños la mirada se volvía tiernisima.
En una comida comento:
-Este mundo se divide en gente que vibra y otros que no,estos parecen muertos vivientes y prosiguió dirigiéndose a mis padres:
-Por favor edueducad a estos niños a ser simpáticos, os lo digo yo que toda la vida fui un antipático y lo pague muy caro.
Aquello del vibrar se me quedo grabado.
Estas personas que corren y están pendientes del semáforo, que no miran a un niño precioso y a su orgullosa abuela, estas que se enfrascan es su periódicos o libro por si aparece una embarazada o alguien con dificultades. Los que solo vibran ante un campeonato de fútbol, los que miran hacia otro lado cuando el problema es de otro.
Yo creo que los que vibran y sacan lo mejor de si mismo, una sonrisa amble y una mirada puede cambiar un ambiente hostil. El plano lo recoge y así el universo puede seguir creciendo.

Gaspar dijo...

Entiendo que el ente o ser o el calificativo adecuado para nominarlo, toma la decisión de venir al mundo de los vivos por algo y para algo, y no como mero turista para admirar el paisaje. Esta precisa intención, vendría soportada como instrumento en la identidad personal, con el fin de que a través de una evolución personal, contribuir a limpiar y enriquecer el entorno. Mucho trabajo queda por realizar, abundan campos sin cultivar, estercoleros y pechos sin amamantar, y por ello entiendo que sigue siendo necesario que nazcan nuevas vidas, pero vidas identificadas con su compromiso al nacer y leales con su destino.
Abundan vidas planas y anodinas, huecas, con apariencia de turistas, con lápidas que las recuerdan, en las que se limitan a reflejar el nombre del cadáver y la fecha de nacimiento y muerte y sin nada más que contar; vidas ajenas al arte de vivir que toma sentido en función de los actos heroicos realizados.

La vida de cada persona se identifica con su hacer, toda acción provoca una reacción tiene consecuencias y deja huella. Responsables somos de nuestro hacer, y explicaciones debiéramos dárnoslas a nuestro yo verdadero; pero triste es, que una parte significativa de nuestra vida la ocupemos tratando de conseguir el reconocimiento de los demás, tratando de conseguir que te glosen en la vida y en la muerte.
La huella de cada hecho, queda grabada en toda estructura, y esta responsabilidad es la que debiera empujarnos a hacer lo que debemos sin esperar la aprobación ajena. Nuesrta vida y en consecuencia nuestro hacer, queda impreso en la piedra, y la lápida guarda la memoria de nuestra vida. Ridículo es que nuestra vida, que una vez muertos está grabada en la laja de piedra, sea manipulada por cinceles que distorsionen la realidad, obedeciendo a intereses partidistas o del modelo.

Isabel segunda dijo...

Qué obsesión laa tuya, Icono-plasta, con la memoria histórica.

Eolo dijo...

En cada ver un habitante, en cada habitante un grabado, en cada grabado una encrucijada. El muerto es solo el camino con el que una idea se petrificó convirtiéndose en obsesión, una muesca como signo de presencia… facilitando el trabajo del enterrador. El recuerdo es la manera en que las almas son retorcidas como ramas torturadas con razón y sin compasión.

Al vivo no se le puede ver en el mundo de los vivos, se hace invisible porque su luz no se puede registrar con los sentidos. Con gran esfuerzo algunos fugaces artistas fugitivos lo ven, pero solo lo pueden representar como un testimonio de su existencia, y extáticamente lo convierten en un símbolo.

Se tuvo que dormir toda la humanidad, para recordar como fue el mundo de los vivos, y en sueños alumbrar tan placenteramente la luz como para evitar todos los soplidos indignos con los que estos pretenden enterrar al muerto.

El valiente acalla las voces suplicatorias de los reptiles, dejando su garganta libre para que los pájaros trasmisores de la memoria de los vivos asalten gozosos las huellas indelebles de la existencia misma.

Soñando despierto, muriendo vivo, caminando quieto, se observa alegre la sobriedad de la mesa de los comensales en los desposorios últimos del ser ingrávido con todas las tumbas abiertas y los sepulcros vacíos.

José dijo...

El autor dice "el mundo de los vivos se asemeja a esas lápidas pétreas". Aborda un tema que sugiere el valor del símbolo, de la fuerza energética, de la comunión con la naturaleza. En los enterramientos de las culturas antiguas se buscaban lugares precisos, en esas lajas de piedra se guarda el alma del difunto para su viaje al más allá y sanar a los vivos. En las entradas, en las banquetas de piedra, en las posiciones en las que yacen los cuerpos, en la simetría de las piedras hay un cúmulo de energías "eternas". Es una vida continua palpitando en las corrientes subterráneos del agua, del alma, de los ecos, de la voz permanente de la naturaleza, de las multidimensiones que recién descubre o destapa la ciencia.

En esas "tumbas que regaron los caminos de peregrinos o a esas que adornan los suelos de las catedrales". Este tema sugiere tantas cosas que yo invito a esos contertulios, que se, que saben mucho de esto, que nos cuenten sus experiencias, sus vivencias de "piedra".

Para terminar, para aquellos que les gusta recordar versos, les transcribo uno de Miguel Hernández " Besandonos tu y yo se besan nuestros muertos, se besan los primeros pobladores del mundo"

Anónimo dijo...

Decía un filósofo que nuestro mundo está hecho del mismo material que los sueños.

Se me ocurre que aquí el autor nos está sugiriendo que el mapa no es el territorio. Que el mundo de los vivos, no es el mundo real, sino solo la parte que abarcan nuestros sentidos. Que el mandato es transitar por él atreviéndonos a rasgar el "velo de maya".

Pero también nos está diciendo que no estamos solos porque este mundo nuestro está poblado de rastros de los que nos han precedido en la aventura de la humanidad: signos, símbolos, huellas... incluso alientos que nos señalan el camino real, el que hay que recorrer.

Qué-vedos? dijo...

Anoche, escuchando un programa de radio ― un programa con participación de los oyentes, pero un programa nada chabacano sino bastante elegante y muy bien llevado ― una de las personas que llamaron contaba que está pendiente de recibir un trasplante de hígado.
La presentadora lo animaba, le deseaba suerte.
Es una actitud, ésta de la mayoría de las personas frente a los trasplantes de órganos, que siempre me produce una cierta perplejidad cuando, como en este caso, se está tratando de un órgano vital.
Hay trasplantes, sí, tras los que una vez realizados la vida sigue su curso y puede que felizmente para ambos, receptor y donante, sin mayor sobresalto; pero, cuando se trata de un órgano vital, cuando para que el uno viva el otro ha forzosamente de morir, ¿cuál es el planteamiento que los humanos nos hacemos?
Personas perfectamente bondadosas y sensibles, que tal vez no matarían una mosca; piadosas a lo mejor, incluso, elevan sus preces al cielo solicitando la ayuda de Dios. Sin el menor rubor.
Quien los escucha se muestra comprensivo, afectuoso, le da ánimos, lo invita a tener esperanza y se brinda a también rogar a Dios por él sin que, al parecer, se caiga en la cuenta de que deseando “lo mejor” para aquel al que conocemos, o con el que conversamos, estamos deseando un mal, un daño, a un alguien a quien por más que sea un perfecto desconocido a quien no podríamos poner un rostro o un nombre es un alguien que tiene forzosamente que morir para que se cumplan nuestros amables y, en apariencia, inocentes deseos.
¿Tiene más perdón desear la muerte de un desconocido que desear la muerte de un abuelo rico que, el muy puñetero, se empecina en no morirse?
Son disyuntivas ante las que nos pone el mundo moderno, con todos sus avances tecnológicos y científicos colocándonos, al mismo tiempo, frente a la situación tan delicada de tener que elegir entre el bien y el mal (y no vale refugiarse en que puesto que el muerto, muerto está, qué hay de malo en utilizar un órgano que “sirve”).
Antes o después también el receptor morirá y, entonces, ¿cómo queda el balance de “los hitos y las honras esenciales del que habito el cadáver”?
Hay peculiaridades, signos y características que no pasarán a la historia, de nadie; manchas y baldones, luces y sombras de todos y cada uno de los que habitamos el planeta de los que no quedará constancia en ninguna parte salvo en esa memoria del Tiempo, o del TODO, o del Universo o del Cosmos que, esa sí, sabrá nuestras verdades y qué hicimos para purificar la calidad de prana que respiramos; y esos hitos y honras (o su carencia) es lo que dicen al que sepa interpretarlos nuestros rasgos y lo que modifica, a su vez, de forma imperceptible nuestros rasgos.
Eolo; sin perjuicio que el resto de los comentarios tengan su “aquel”, o su atractivo o su garra, este tuyo de hoy tiene un algo, un encanto muy especial.

aquiles dijo...

El párrafo tiene al menos una doble lectura. La primera y más evidente es la de que todo está escrito en el mundo de los vivos. Sólo hace falta la capacidad de leerlo. Probablemente todos la tengamos, aunque sólo nos llegue a un nivel que todavía no somos capaces de descifrar en el consciente. Nos conmovemos cuando oímos a alguien expresar algo con un sentimiento auténtico. La coincidencia del mensaje con la vibración del que lo emite somos capaces de percibirla como autenticidad. Lo contrario ocurre cuando las mismas palabras se dicen sin sentimiento. La percepción de la falsedad hace que suenen huecas. Es este sólo un ejemplo de lo que ya podemos leer en ese libro abierto que es el mundo de los vivos. Muchas otras páginas están todavía ocultas a la consciencia. Esta consciencia de que existe un vasto territorio por explorar nos debe llevar directamente a la aventura del pensamiento. Esa aventura fascinante de ir descifrando páginas ocultas del libro de la vida.

La segunda lectura a la que me refería tiene que ver con la comparación que en el párrafo se hace entre el mundo de los vivos y piedras de lugares sagrados en los que se graban “los hitos y las honras esenciales del que habitó el cadáver”. Por qué sólo se graban las honras esenciales. Dicen que a lo largo de una vida hay momentos, cortos en el tiempo, pero intensos en vivencias, en los que el hombre atisba su destino. El resto de la vida es anécdota. ¿Es que acaso en la memoria del mundo de los vivos sólo se graban esos instantes mágicos en los que el vivo es héroe?. ¿Es que en la piedra sólo se graban a fuego nuestros logros esenciales y la paja se la lleva el viento?.

Siempre he pensado que tienen mucha más influencia en la historia de la humanidad los descubrimientos de Galileo que las estúpidas cuitas de sus censores (aunque en su tiempo parecieran ganar pequeñas batallas). Es esto lo que insinúa el autor cuando dice que en la piedra se graban las “honras esenciales”. En el brahamanismo, el dios Shiva aparece engullendo con voracidad todas las miserias de este mundo y cantando con voz potente sus bellezas. Quizás este sea el mismo mensaje que encierra el párrafo: todo lo que hacemos con una intención de pureza queda grabado a fuego. Abre caminos en medio de la confusión. Y todo eso aunque aparentemente resulten ignorados.

Zascandil dijo...

De las dos lecturas que hace Aquiles del párrafo del autor, la segunda se me antoja un soplo de aire fresco ante el desasosiego, subjetivo si quereis, que las palabras "pétreo", "hitos" (firme, permanente) y "honras" (que aunque la palabra quede muy digna ella y pueda tener otras acepciones, según una de las que he encontrado en el diccionario se refiere a "oficio solemne que se hace por los difuntos" y me sigue sugiriendo un holograma de innamovilidad (lo "hecho" hecho está), que cuando menos me hace pensar en un mundo de vivos denso y enmarañado.

Así imaginado la búsqueda de la autenticidad se hace cuando menos penosa. Sin embargo si el autor se refiere, al hablar en esos términos a los momentos mágicos e intensos que existen y que seguramente gracias a héroes con mayor conocimiento que se han encargado de rescatar y proyectarlos a la humanidad quedan reflejados a través de mensajes, códigos y rastros para que sirvan de luces en el camino, la cosa cambia y la palabra pétreo y tumba y que tanto me inquietan, adquieren otro sentido y levedad.

De todos modos, si solo son esos momentos mágicos que hacen referencia a lo esencial los que dejan esas huellas-símbolos y el resto (lo negativo, por así decirlo, aunque no sería esa la expresión supongo), se lo traga Shiva, pues parece un alivio, pero me temo que no debe ser tan simple, porque si todo queda, nada desaparece tanto por palabra, obra u omisión, ¿dónde va lo que traga Shiva?.

IJACAE dijo...

Me viene a la cabeza una interpretación simplista de este versículo, unido a la dedicatoria, y es que el cuerpo que se crea en el nacimiento biológico, sería como un bloque de piedra en bruto, y los que han decidido nacer y trabajan en ello, según van evolucionando van grabando sus gestas en esa piedra, hasta llegado el momento de alcanzar la evolución.
Si esto fuera así, “quien decida nacer” debería convertirse en artista e ir transformando evolutivamente el mundo, y como consecuencia, cada uno de esos cambios se iría grabando en todos los niveles de su estructura e iría conformando su propia laude.
Al alcanzar este punto evolutivo se transformaría el cadáver, el “estado” e incluso esa tumba, pasando a brillar el “ser” desde los límites del espacio tiempo.

Goyo dijo...

Piedras y tierras labradas están presentes en la historia del hombre; pero no todos los surcos de piedras muestran salida, ni todas las tierras labradas se acompañan de frutos.
Acción, movimiento y vibración animan la vida; el hombre, como ser consciente, puede llegar a entenderlo.
La del mundo de los vivos no es semejanza referida a cualquier tumba.
Hay tumbas quietas, mudas, erializadas y con herrumbre, con epitafios de memorias de vivos-muertos. Otras, sin herrumbres pero oxidadas, carentes de loas y pareceres, inspiran devoción, y animan a quien, queriendo labrar, busca el modo de enderezar el tortuoso surco.
Son estas tumbas las que surgieron de caminantes que, al paso, desbrozaron enmarañados campos y abrieron sendas para que otros las transitaran en pos de la felicidad. La geometría de la ruta quedó grabada.
El mundo de los vivos se asemeja a esas lápidas pétreas porque son capaces de despertar un alerta que movilice la consciencia para vislumbrar las infinitas geometrías con que la vida se anuncia. Y después, tal vez entre los múltiples trazados hallados, al superponerlos con los grabados en piedra, se pueda encontrar alguna coincidencia de ruta ... como las de quienes, antes de llegar al finis-terrae, fueron peregrinos.

Cualquiera dijo...

Pues a lo mejor, IJACAE, la interpretación no es tan simplista. De cualquier modo es lo que tiene todo cuanto se presta en el mundo (que es casi todo lo que hay en el mundo) a ser interpretado: que ninguna interpretación es desdeñable; esta tuya, además, tiene un aspecto más que aceptable y, si no lo fuera, bonita como metáfora (o alegoría) sí que lo es.

Ana dijo...

En esta sociedad que cultiva la disociación, provoca cierta inquietud la evocación a cementerio sosteniendo lápidas y losas.

Oculta en los hospitales o manipulada en las pantallas en función de los intereses del guión, parece que no conseguimos integrar la muerte como parte de la vida. En franca retirada la religión, y en crisis las ideologías, da la apariencia de que se petrifica el proceso de evolución de la consciencia.

Pero eso no sería así, si ayudáramos a nuestra biología. Por ejemplo, a partir de las distintas producciones del hombre del neolítico, los estudiosos empiezan a señalar, asombrados, la cantidad de puntos en común que pueden encontrar en la experiencia, las creencias y las prácticas de pueblos tan distantes como los de Siberia y los de Sudamérica. Esos puntos en común parecen responder al funcionamiento del sistema nervioso universal humano y pueden ilustrar las diferentes, y similares, formas en que las gente entiende y utiliza los fundamentos de la consciencia humana.

Los informes de las vívidas imágenes experimentadas en un estado a medio camino entre la vigilia y el sueño, la narración de las experiencias cercanas a la muerte, por no citar la extensa literatura sobre las vivencias de chamanes, místicos o santos, intentan explicar, por ejemplo, por qué delante de las huellas pétreas de Gravini, puede uno empatizar con la experiencia de hombres que vivieron miles de años antes. Y allí se respiraba un campo santo, no las losas frías de un cementerio.

En nuestra biología está la capacidad de leer y resonar con las honras esenciales de los muertos, respirar esos pocos pero significativos hitos que, un ciclo de vida tras otro, van enriqueciendo el medio, sin olvidar que nuestra propia vida ha de implicar otra novedosa marca o hito en el mapa que guíe a futuros aventureros.

Ulises dijo...

En los epitafios grabados en las tumbas, cuyos textos fueron escritos generalmente por los familiares o por personas muy allegadas al difunto, se resaltan sus virtudes, sus hazañas, los honores recibidos; pero nada se dice de sus defectos, ni de sus posibles malas acciones. Está claro que se pretende dar una buena imagen del fallecido.

En el mundo de los vivos ocurre algo parecido. A todos nos gusta dar una buena imagen. Y para ello, de una forma más burda o más sutil, unos tratan de mostrar su bondad, otros su inteligencia, otros su nivel social, otros su currículum, etc., etc.

Pero la diferencia es que los seres vivos sólo consiguen parcialmente su intento de dar una buena imagen. Porque los movimientos de su cuerpo y brazos, su forma de andar, su forma de mirar, su forma de hablar y por otros muchos cauces, están mostrando involuntariamente la realidad de su estado presente, de su historia pasada y hasta de su esencia.

Aunque todos podemos captar parte de esta información, unos más y otros menos, el poder interpretar y leer toda ella sólo está al alcance de muy pocas personas. Es de esperar que, en el proceso evolutivo de la humanidad, cada vez sean más las personas que puedan hacerlo. Y, paralelamente, cada vez serán menos las personas que puedan engañarnos mostrando una falsa imagen.

Manolo dijo...

El párrafo que comentamos me sugiere un mundo donde los vivos siempre estamos en el camino. En el camino de la vida. Para algunos, sospecho que los menos, puede que sea un camino sagrado, un camino de peregrinaje al fin de la vida, de la tierra. Al Finisterre, como marcaban las antiguas tradiciones. Una peregrinación donde, quizás, los más conscientes buscaban la transmutación de su plomo en oro, de su identidad egocéntrica en su identidad divina. Completarse como seres humanos, a “imagen y semejanza de Dios”. Para otros muchos, puede que la vida sea un camino en el que, de un modo más o menos consciente, se mezclan los momentos de lucha por la supervivencia con los de búsqueda de la Felicidad. O, simplemente, de un motivo más excelso por el que merezca la pena vivir.

Las lápidas pétreas que regaron esos caminos dejaron, en algunos casos, símbolos, mensajes, de ciertos peregrinos que, por su propio nivel de evolución, constituían ayudas claves para quienes estaban preparados para interpretarlos. Pero, además, las piedras de esas tumbas también pudieron guardar y transmitir la memoria de aquellas personas especiales que fueron enterradas en ellas. Memorias de otro tipo, quizás mucho más valiosas que los mensajes codificados en los símbolos grabados.

Convencionalmente hay una interpretación de lo que es la vida y la muerte. La Biología, sin embargo, nos dice que constantemente se están renovando nuestras células, que permanentemente estamos muriendo para nacer distintos. Es como si cada uno de nosotros fuéramos dejando atrás sucesivos cadáveres de nosotros mismos. Con sus marcas y recuerdos. En ciertos aspectos, esa memoria nos está lastrando. Son como recuerdos pétreos que nos pesan. Tengo la impresión de que limpiar esos recuerdos e irnos convirtiendo en seres capaces de iluminar cada vez más potentemente nuestras propias vidas y las de los que nos acompañan e, incluso, de los que nos seguirán en tiempos venideros, es una parte sustancial de nuestra responsabilidad como seres vivos y como parte del mundo, de la comunidad, de los vivos.

Carmina dijo...

El mundo de los vivos… ¿cuánto abarca esa definición? Científicos punteros admiten –demasiado inteligentes para desecharlo- que puede haber otros mundos habitados. Hay quien ha visto en la Tierra a seres con características humanas y morfológicamente distintos al hombre, bautizados por alguien como Teacos. ¿Es Tea Dea, y aco hijo: hijos de la Diosa, sea cual sea su apariencia y los mundos que habitan? ¿Podría alguien aclarármelo, para pegar la hebra si veo a alguno? “Aunque eres gris, yo te encuentro guapo, y no te llamas Viernes, te llamas Teaco, que viene a ser lo mismo. Quizá te devuelva la visita una de estas noches, y organicemos una mesa redonda con esa gente de bata blanca que lo niega todo al llegar la mañana”.
En Padrón y en Noya encontramos lápidas con signos indescifrados por los estudiosos; los estudiosos del hombre tampoco saben a quién tienen delante, y la monserga del azar como origen de la vida pierde fuelle.
Si lo que es arriba es como lo que es abajo –con la consiguiente dificultad para los australianos-el aprendizaje vital y la potenciación existencial de lo aprendido tendrían que dejar su impronta. En el cuaderno de bitácora de cada uno quedarían escritas las gestas alcanzadas al viento de la aventura; salpicaduras de sal durante la navegación dificultan la respiración del poro, hasta que la cascada de agua dulce de una isla blanca nos vuelve a dejar la piel recién nacida. Y el buque fantasma, de velas rojas y mástiles negros, prosigue su singladura, mientras Teacos y hombres, más limpios y unidos, achican agua.

José dijo...

Desde el primer comentario de Enrique sobre los símbolos que me ha hecho volver la vista a las matemáticas, que también en este pasaje el autor menciona los símbolos y los signos. El cero como la nada o el infinito, o el asunto de la proporción aúrea, los números cabalisticos. Desde los babilonios o los árabes con sus álgebras, sus alquimias. Todo ese mundo que pisamos, tomamos en nuestras manos, contamos, dividimos, multiplicamos como en una constante ensoñación geométrica que luego construimos con piedra en las tumbas, en las catedrales, en las ciudades. Tomás, el arquitecto, que se se semejó al creador al construir la ciudad divina. Las ciudades para asentar y conocer nuestros ancestros, nuestra genealogía heroica. Ese parangón entre la muerte y la vida. Entre las gestas enterradas para que sobrevivan en nuestras memorias, como caminos trazados hacía el infinito. Los primeros juegos olimpicos para honrar a los muertos. La significación de la lucha para vencer o morir. El sacrificio a los dioses de nuestras vidas para el bien común, para la eternidad y la roca como estandarte, como lugar perenne que guarda y sublima el destino.

Toda esta retahíla me sugiere este párrafo que me recuerda lo que alguien muy preciado me dijó al morir un ser querido " no estamos, ni siquiera, separados físicamente, es cuestión de velocidades"

J.C.E. dijo...

Hay algo que me choca desde el punto de vista conceptual, no del poético (en este no entro por serme totalmente desconocido y solo son impresiones, sensaciones que a veces creo captar). Son las reiteraciones que hace el autor al decir “lápidas pétreas”, y “lajas de piedra”. Para mí son redundancias ya que las lápidas y las lajas son de piedra. ¿Qué sentido tienen estas repeticiones si aparentemente y por los comentarios que aparecen en el blog, cada palabra tiene un significado o mas de uno?.
Por otra parte ¿cómo puede comprenderse que las tumbas rieguen los caminos de peregrinos?, según la vida aparencial, los peregrinos son los que recorren los caminos y al morir en el trayecto riegan los caminos de tumbas y no al revés. Solo se me ocurre que se esté refiriendo a que el peregrino es como dice Blavatski, la mónada, el espíritu que habita en el organismo y que decidió nacer, el cual es abandonado sin llegar a completar su trabajo (por lo que se encarnó en este mundo) por su “tumba” que sería su cuerpo con su ego.

José dijo...

Magnifico y serio comentario que invita a la reflexión y a la investigación. Lastima que sea postrero, ya mañana entra otro parrafo, y no permita el surgimiento de un dialogo mayor. Siento entusiasmo que pueda haber comentarios de este tipo con mayor frecuencia.

Beucis dijo...

Como comenta Mandrágora, queremos atrapar a nuestros muertos, a los recuerdos que de ellos tenemos, saldar encuentros y desencuentros; este mundo que revive las existencias que fueron y las que perviven en la memoria de las piedras, en la decantación de lo mejor, de lo heroico, de los hitos dignos del conmemoración, de toda la luz y la gloria de los seres, que al morir queremos solo recordarles en sus momentos y lado positivo.

Todas estas lápidas, lajas, piedras del camino de peregrinos, que nos habla el autor, son un espejo, un reflejo de nuestro mundo. Yo me pregunto por las piedras verticales del cementerio judío de Praga; piedras con movimiento que las hace vibrar, como si fuesen llamas, y que en el recuerdo evocan las figuras talladas en madera de Berruguete, en el coro de la catedral de Toledo.

El recuerdo de este cementerio de Praga me lleva a rememorar la lectura del “Cementerio judío” de Federico García Lorca, donde nos habla de “barcas de nieve…”, “…barcas de los cementerios”, las lápidas, las lajas, como naves de esperanza, de abrirse al mar, y un judío que abre la verja, entreabre la verja a la esperanza; pero él no es todavía puerto, no es meta a alcanzar. “El judío apretando los ojos se cortó las manos en silencio…”, manos que deberían unirse en plegaria, integrando, cuyos dedos, dactilos divinizados, eran sacerdotes de la diosa Rea; manos que acarician, que crean y que el judío sacrifica por “los hombres muertos y aquellos que van a elegir nuestro mundo para nacer”, como dice el autor en el prólogo del libro.

En este mundo de los vivos que interactúa con el de los muertos, con fronteras poco definidas, se debe invocar y convocar la redención nuestra y la de los demás para, con pisadas de peregrino, “abrir el camino a la consciencia, a la felicidad”, en resumen: lo que se llama la Comunión de los Santos.

Afrodita dijo...

Pero, José, ¿hay algo o alguien que te impida mantener, con motivo como en este caso del comentario de J.C.E., todo el diálogo que desees?
Existe, creo que en todos los que participáis (y no me incluyo porque a mí no me ocurre) en el blog, una no sé qué sensación de celeridad, o de premura, que hace que sintáis como tiempo perdido, como pensamiento desperdiciado o como palabra que cae en saco roto, todo aquello que no se llegó a decir en los quince días, sólo y exclusivamente en los quince días en que cada uno de los textos está de actualidad.
No pienses, aunque me dirijo a ti por ser el último que ha hecho esta mención, que eres el único que comete lo que a mi humilde entender es un error, porque, ¿de verdad nos creemos que en las dos semanas que cada texto ocupa el primer lugar en la pantalla y en nuestra atención, en esas dos semanas ya hemos extraído de él todo lo que hay que extraer y reflexionado, o compartido con los demás, todo cuanto cabe reflexionar o compartir?
No sé, pero es un sentido (o sentimiento) utilitarista de la inquietud por el saber que me parece que se contradice con la propia raíz de ese saber.
Y lo digo por todos. Por esa especie de fobia no ya a mirar hacia atrás, sino, tan sólo, a detenerse un poco.

José dijo...

Afrodita. Gracias por tu amable y oportuno comentario.

Orah dijo...

Vivos – memorias vivas de tierra, de agua, de aire, de fuego, del pasado y del futuro, de los que se han ido y de los que aún no han llegado.

Lápidas pétreas, ¿cómo es la memoria de la piedra, la de esos cristales con las huellas del pasado?, ¿también contienen las del futuro?

Caminos de peregrinos, de los que no están fijados a ningún punto del camino. Caminos recorridos, llenos de huellas, de rastros ¿de cuántos tiempos?

Lápidas de piedra en el interior de las catedrales, silentes, testigos mudos de otras vidas y otros mundos, ¿qué quieren decirnos con las honras que nos muestran? ¿Qué si fue abadesa, guerrero o rico rey?. ¿Es importante que sepamos cuál fue su oficio en esta tierra, en este tiempo?.
Más importante, creo yo, sería que las lápidas orientaran hacia las huellas que dejaron y nos llegaron, y que seguramente nadie relatará nunca.

A lo mejor son pistas para aquellos que de verdad estén recorriendo su camino y que pueden llevarles a otros hitos importantes. Quizá sean de alguna forma mojones herméticos para los que saben leer otros lenguajes.
La posibilidad la tenemos todos.

Pero, ¿qué es decodificar memorias?, las mías mismas, las más cercanas, mis memorias biológicas, y las espirituales, y las del aire que respiro, y las del animal que me como.

No me agobia, en algún momento se disipará la niebla y quizá podamos marcar lajas de otra manera

Olvido dijo...

Propongo realizar un currículum con el formato de R.I.P o, para entendernos, esquela; olvidarnos del asunto, tema recurrente, y, simplmente, sumirnos en la vida, sin vivos ni muertos.

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