Presentación

Un grupo de amigos hemos decidido poner en la red el libro, “49 RESPUESTAS A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO”, porque creemos que es especial. Su autor, Eduardo Pérez de Carrera, nos sugiere a lo largo de sus páginas nuevas formas de percibir nuestra vida, de entender la Historia, de interpretar la realidad que nos rodea. Nuestro propósito es convertir este sitio en un espacio abierto de reflexión donde tengan cabida todos los comentarios que se nos hagan llegar sobre lo que a cada cuál le sugieran o le hagan sentir los párrafos del libro. Nosotros nos limitamos a publicar cada quince días un nuevo párrafo y a invitaros a que participéis.

15 jun. 2010

Texto 1.20

1.20 "El pensamiento revolucionario hacia la igualdad sólo se justifica históricamente desde una sistemática falta de respeto a las diferencias; la igualdad es una enfermedad comprensible, una protesta ante la injusticia que ha de ser administrada por el brujo de la tribu; ¿por qué hay que repetir mil veces que el hombre es dueño de su vida?, ¿a quién tenemos que convencer?; por ahora sólo se puede tener la vivencia de que cada uno es responsable de su destino, y aún, a pesar de Heráclito y Pitágoras y tantos otros, se sigue confundiendo el destino con un resultado aparente consensuado por la mayoría."

42 comentarios:

Afrodita dijo...

Ya leímos, en la dedicatoria del autor, “a aquellos que van a elegir nuestro mundo para nacer”. De lo que parece deducirse que ya antes del nacimiento existe un YO, y que ese YO goza de una libertad, y que la persona que cada cual somos lo es gracias, ante todo, a la libertad y a la voluntad de ese YO previo que nos eligió. No puede, por tanto, ser la persona dueña de su vida, ni de ninguna vida que pueda engendrar; pese a lo que diga la ministra Aído o lo que defiendan todas las feministas del mundo.

Desnortado dijo...

Casi siempre, en contra del espíritu revolucionario (más que evolucionario), se ha dado la categorización de las diferencias como la valoración extremista, xenófoba y anti democrática (esa famosa real-idad de la que también habla elautor), de los entendimientos separadores y denigrantes de raza, credo, inteligencia, diversidad económica, etc. Supongo y deseo que el autor no se refiera a esa valoración de las diferencias en contra de la posibilidad del hombre de luchar por su igualdad en el plano social, económica y legal, y contra las injusticias y crueldades que la refereida valoración diferencial ha terminado por establecer. Y hay casos extremos al respecto que claman por la igualdad de los hombres en esos planos, a falta del fortalecimiento evolutivo. Esas veces, hablar acerca de las diferencias que como seres individuales nos ilustran, se necesitan, y son defintorias, puede ser confuso y hasta doctrinal. Debería el autor clarificar esta parte de su aseveración que puede llegar a entenderse en la forma más contradictoria que aquí planteamos. Personalmente, creo que el autor se refiere a la necesaria diferenciación para construír nuestra mismidad y en la búsqueda del Yo profundo, del ser individual y no del estar personal. Espero, pero lo debería aclarar, porque sino suena todo un poco confuso, sobre todo por el énfasis otorgado. Felicito a los mantendores de este Blog por alentar estas proposiciones y la reflexión al respecto. Un saludo

Enrique dijo...

Apenas quedan brujos de la tribu; tampoco hay consejos de ancianos. Han sido reemplazados por estados y sociedades anónimas, que siguen administrando la injusticia con ayuda de la burocracia y de la tecnología. Ya no hay brujos, solo organizaciones, que proclaman su bondad, la excelencia de los logros conseguidos, repitiendo como prueba irrefutable la supuesta libertad que cada uno tiene de hacer consigo mismo lo que mejor le parezca.

¿Cuándo empezaron a confundirse la fatalidad y la predeterminación con el destino? ¿De dónde procede la idea de que el destino es un camino definido, un recorrido más o menos sinuoso entre dos puntos separados en el espacio y el tiempo? ¿Desde cuando se concibe la vida como una acumulación de logros, reconocibles y reconocidos? ¿Por qué se imagina el destino como un lugar al que llegar y no como un lugar del que se parte?. Decía Heráclito que “el camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo” y, también, que “en el círculo se confunden el principio y el fin” .

Hay un fragmento de Heráclito, “ethos antrophos daimon”, que suele traducirse como “el carácter del hombre es su destino”. Puede que la traducción sea válida, aunque ethos (morada, hábito, modo o forma de vida, inclinación…) y daimon (poderes o fuerzas sobrenaturales, genios, seres semidivinos, mensajeros entre los dioses y los hombres, almas de los muertos…) eran palabras con muchos significados y matices en el mundo griego. ¿Quién sabe qué quiso decir Heráclito? ¿Acaso lo mismo que Lao-Tse?

Todos los seres crecen agitadamente,
pero luego, cada uno vuelve a su raíz.
Volver a su raíz es hallar el reposo.
Reposar es volver a su destino.

¿ O, tal vez, lo que supuestamente dijo Pitágoras?

Padre Zeus; tú podrías liberar a los hombres de innumerables males,
mostrando a cada uno el genio que lo guía.
Y en cuanto a ti, hombre, ten confianza, porque la raza de los mortales es de origen divino,
y su naturaleza sagrada le revela todas las cosas.

Afrodita dijo...

¡Hombre!, ¡Desnortado! Si lo estás entendiendo como es, ¿por qué te haces el respondón simulando entenderlo como no es?
Si has leído, no voy a decirte el libro - que no tengo por qué -, pero sí los párrafos que van publicados en el blog, te habrá quedado claro que el autor no está, por supuesto, cantando las alabanzas de las desigualdades sociales.
Pero esto mío es hablar por no callar; porque seguro que lo has sabido ver.

Enrique dijo...

Perdón, creo que se escribe Anthropos

Desnortado dijo...

Afrodita, Diosa Mujer, que supo entonces significar la pureza con su instantánea tomada a la salida del baño en la mar, y nos la encontramos en fuentes, plaza, columnatas y demás dando ejemplo. Deberías entender que yo entiendo que el autor no resulta del todo claro halabando el hecho diferencial hasta la veneración, sino lo acota en el qué y en el cuanto, que por lo que se percibe y olfatea es, debería ser, mucho. Sigo creyendo que tal discurso se escora hacia la derecha, frente a la necesaria y cotidiana necesidad del ser humano de obtener derechos en el mundanal ruido, que no lo aboque, entre otros casos, a ser aplastado por regímenes como el dominante en el Estado de Israel y alrededores. ¿Tienen o no, los palestinos (entre otros subyugados del mundo), derecho a ponerse de pié, recibir la educación y sanidad que merecen como cualquier otro ser humano, y sobre todo sobrevivir -en su acepción básica y no confundible- ante el derecho de caza que ejerce dicho Estado sobre ellos? ¿O primero deben diferenciarse y evolucionar para superar tal conflicto?
Pues de eso se trata estimada Afro-dita.(¿Será que la Diosa fuera de color africano?)
En cuanto al ecuánime discurso del ecuánimemente discursivo Enrique, concierto en que "daimón" se refiere al espíritu o "genio" que debe animar,en cuanto voluntad creativamente diferencial, al hombre en su espacio de vida y desarrollo. Su exclusivo "genius locus" que lo eleve a la comprensión de la fenomenología universal.

Afrodita dijo...

Interesante la reflexión de Enrique en su comentario de las 09:34, sobre todo las preguntas que plantea en el segundo párrafo.
Fatalidad, predeterminación y destino…
Y las personas las manejamos, o las imaginamos, a nuestro antojo o “a lo que podemos” y de maneras un tanto caprichosas. A veces echamos las culpas (cuando van mal las cosas, por lo general) a nuestro destino cruel, y nos sacudimos las pulgas de nuestra responsabilidad. Otras, en cambio, nos empecinamos en tal o en cual y, si sale, nos ponemos contentos adjudicándonos el mérito.
Pero parece inevitable, ¿no? Jugar con destinos y azares y predeterminaciones y fatalidades. Y entre tanto, la vida sigue, a su propio aire y sin que uno sepa si corre detrás o va por delante.
¿Me persigue mi destino o persigo a mi destino?
Y ese cuento creo que sufí, tan bonito, del criado de un hombre que vio a la muerte en el mercado un día por la mañana y, asustado, dijo a su amo “me marcho a Hispahan (lo habré escrito mal), que está muy lejos, porque he visto a la muerte y me ha mirado mal”. Y el hombre se fue al mercado, y buscó a la muerte, y la increpó “¿por qué miraste mal a mi criado?”.
“No lo miré mal. Lo miré con sorpresa porque debo llevármelo esta noche; pero no de aquí sino de Hispahan”.

Olvido dijo...

En el mismo día que me proponía escribir algunos reglones( en parte pesarosa de llenar el mundo no ya solo con mis palabras, que aún no son capaces de no romper el silencio, si no con letras) en un alarde de la causa-casualidad, sin propósito ni relación consciente, volví a ver la película "Alphaville", en la que se nos presenta una sociedad sometida a la ley de probabilidades, con igualdades e incluso diferencias miméticas, en donde cualquier acción o pensamiento conceptuado de ilógico era merecedor de la muerte; en definitiva, una sociedad lineal que vive un pasmoso presente.
Frente a esta visión y prisión, el autor del texto ofrece las claves de una sociedad en la que el respeto a las diferencias y la responsabilidad personal hacía nuestro propio destino nos conduzca inevitablemente a pensar, pronunciar, escribir, desarrollar y vivir palabras de contenido tan plural y profundo como amor y fe. Como dijo alguien, puede resultar cursi si no fuera tan de verdad.

Antípodas dijo...

Me gusta mantenerme al margen de las disputas, pero es que el comentario del Desnortado a Afrodita me ha podido.

El autor no me parece que alabe el hecho diferencial hasta la veneración, sino que subraya la necesidad de venerar el hecho diferencial. ¿Puedes entender la diferencia?

Dices que el discurso se escora hacia la derecha… ¡Por Dios, por dios! Eres de esos muchos que solo tiene dos casilleros encima de las cejas, en las que solo cabe una cosa o la otra, y nada más. Claro: carne o pescado; montaña o playa; tortilla española con cebolla o sin cebolla; homosexual o heterosexual, aborto si o aborto no… Bien haces en indicarnos a los pobres indecisos que el autor se escora a la derecha, así ya podemos los demás girar un poquito la cabeza a la izquierda, y acabamos con la tortícolis de la enferma, maníaca, y simplona sociedad española. El pensamiento simple se nutre de estas divisiones, ante la incapacidad de hacer una reflexión más completa, más compleja y más honesta, en la que se desenmascare la trampas de las proclamas, y se vea con nitidez la enorme cobardía y egoísmo que esconden.

¿Cómo es eso de la necesaria y cotidiana necesidad del ser humano de obtener derechos…? No siento ninguna necesidad de obtener derecho alguno, en general en este mundo, sino de cumplir con mis responsabilidad personales y sociales, entre los que incluyo rebelarme contra la injusticia y el poder, pero no creo acertado ir por ahí reivindicando mis derechos, como hacen esas gordas cuando van a cruzar un paso de cebra, que tras un mirada furibunda que llena el universo de una sudorosa mala leche, cruzan la calle con la mayor y mejor de las parsimonias, para que si te jode parar, te joda lo más que se pueda.

Para más señas, el dominante Estado de Israel y el aplastado palestino, se han convertido mutuamente en asesinos de inocentes, por un conflicto al que el mundo en el que tú y yo vivimos, propició con su conveniencia y connivencia, y al que, como siempre, ahora nos rasgamos estrepitosamente las vestiduras. Y no solo se asesinas vidas, sino también infancias, pensamientos, maternidades, proyectos, y todo lo que la mala hostia humana es capaz de imaginar.

Pero la actitud de ambos colectivos, no dista mucho de algo en lo que creo que ambos estamos sumergidos: porque mientras que nosotros comemos en un restaurante, considerando que tenemos todo el “derecho” de hacerlo pues vamos a pagarlo con un dinero que consideramos que hemos ganado con todo el “derecho”, nuestros poderes bien se encargan de con toda la “legitimidad” de un gobierno democrático, de unir sus fuerzas al resto de Estados privilegiados, para dejar morir de hambre con todo el “derecho” a aquellas sociedades que nos quieren invadir sin ningún “derecho” con sus productos más baratos. E igual con esta como con otras cosas: venta de armamento, intrigas políticas, propiciar divisiones tribales, imponer nuestros derechos humanos, etc. Y así es como nuestra “limpia” sociedad va asesinando sigilosamente, como tú dices, con todo el “necesario y cotidiano…”

P.D. Alabando es sin hache, ¿o será que quieres decir Hala Bando?

Afrodita dijo...

A Antípodas:
Pues me has sacado las castañas del fuego porque lo del "escoramiento a la derecha" me llego un poquito al alma a mí, por disparatado que lo encontré; pero ocurre que soy un poquito tocinona argumentando, me pongo la mano en la cedera y me puedo desbordar. Y por eso lo dejé, y no contesté. Pero tú lo has dicho muy bien.

Desnortado dijo...

¡Hala Antípodas (no te vayas tan lejos), vaya Bando que te has marcado! Debe venir de eso lo de halabando que achaco al autor, con escusa de mi mala ecuación gramatical. Venerar la/s Diferencia/s, y la Veneración del hecho diferencial ¿qué tienen de contradictorios si se quieren entender? Insisto: acepto y acuerdo las diferencias, pero ¿cúales no se aceptan por el autor, cuando y porqué?, eso no queda explicitado y de ahí el comentario. No vaya a ser que creyéndonos con suficientes diferencias vayamos a pasar por arriba de las señoras que nos miran torvamente en el cruce a rayas del semáforo, con toda la razón si nos excedemos a causa de reconocer antes nuestros derechos que el de ellas. ¿Y qué? No es la señora que te mira, es su vida la que debes respetar, como la de cualquier otro ser humano, animal, vegetal, y hasta intergaláctico. ¿Son esas diferencias asumibles por tu discurso en automóvil? Afrodita, no te desbordes por causas tan modestas, hay otras muchas que requieren tu desbordamiento más preclaro.

Afrodita dijo...

Qué rabia me da poner erratas. La mano es en la cadera.

Afrodita dijo...

Lo que parece incuestionable es que ni todo es blanco ni todo es negro (vaya topicazo) sino de una extensísima gama de grises y otros muchos colores. Y que no todas las opiniones se comparten enteramente, y que la razón nunca lo es por completo de alguien; y que con la misma resolución o arremango con que en ocasiones se la quitamos a tirones a alguien, podemos, en cualquier otro momento y por cualquier otro motivo, dársela, la razón, a aquel mismo alguien, envuelta para regalo.
Eso sí, que una vez desenvuelta no tire el lazo, no sea que “aquella razón que te di, que digo yo que…” Y quedaría muy mal devolverla hecha un gurruño.
Besos a todos.

aquiles dijo...

Para Desnortado: A mi juicio, como dice el texto, desde la veneración de la diferencia (párrafo 1.19) sería innecesario predicar la igualdad ante la ley. La necesidad revolucionaria de reconocer la igualdad como un derecho, surge del sistemático desprecio hacia quien consideramos diferente (por cuestiones tan chorras como raza, religión, sexo, etc). En tales circunstancias, el reconocimiento de la igualdad fue necesaria para evitar la discriminación. Sin embargo, desde la veneración de la diferencia no hay posibilidad de discriminación que deba combatirse con el reconocimiento de la igualdad.

Por el contrario, desde la idolatría de la igualdad como valor absoluto se corre el aberrante riesgo de que a todos nos hagan pasar por el estrechísimo agujero de lo que algunos han definido como normalidad. Esa pretensión de que todos seamos iguales en esa normalidad impuesta, conviene, por supuesto, al poder. O acaso es discutible que resulta mucho más fácil manejar a gentes encarceladas entre las estrechas paredes de la igualación, impidiéndoles atisbar su lado más poético. Ese que precisamente les hace únicos, ese que precisamente les hace diferentes. La artificial igualación es así la negación de la posibilidad de evolución, de la posibilidad de aventura.

Desnortado dijo...

Desnortado insiste por eso mismo, y porque la aleluya futurista del reconocimiento -igualitario, por supuesto, -de la diferencia aún es pan para mañana pero hambre para hoy. Estoy de acuerdo en su absoluta mayoría de edad respecto a la simple igualdad -ante los hombres en sociedad, ante la ley, ante la economía, ante la guerra de sexos, etc.-pero que será/sería/fue de la evolución humana sin el principio de acción solidaria, esfuerzo conjunto, suma de voluntades, etc.? Y aún así,la naturaleza reconoce/impone la necesidad de diversidad, sí, pero también la de unión y ayuda mutua, el ecosistema, la conjunción de esfuerzos para la obtención de metas. Tendamos hacia la diferencia, rechacemos la homología, al menos como estrategia de futuro y simple evitación del gregarismo, pero no podemos negar la necesaria igualdad en los esfuerzos y las oportunidades como camino.

Antípodas dijo...

Bueno, hombre, ya que insistes te lo explico, y de paso también a mi sobrinita que tengo a mi lado, y que está terminando la primaria, y se llama Laura.

- Laurita, cariño, tú que crees, que 2 es 2, o que 2 es 1 más 1.
- Tiíto, ¿no es lo mismo?
- De alguna manera, no es lo mismo, porque aunque al 2 se llega sumando 1 más 1, también el 2 tiene identidad propia. ¿O, no?
- ¡Sí, es verdad!, que bonito que puedan ser dos cosas a la vez.
- Claro, Laurita pueden ser dos cosas a la vez. Mira, el que cree que dos solo puede ser 1 más 1, solo ve el hecho diferencial; y el que cree que dos, además, es dos por si mismo, venera la diferencia. ¿Lo entiendes?
- Si, si, tíito.
- ¿A qué es muy agradable creer que el 2 tiene también existencia propia?
- Me encanta, ahora siento como una pequeña lucecita en mi pensamiento.

Lo que marca la propia identidad de un individuo es su particularidad específica, y ninguna otra cosa. Creer que la diferencia reside en lo que te diferencia de los otros o es un acomplejado, o un artista ingenioso.

Dicho además, no te preocupes por que, sintiéndome orgulloso de ser diferente a las señoras, que cruzando los pasos de cebra van rezumando mala leche, vaya a pasarles por encima, puesto que no ocurre. Preocupémonos de que entendiendo los derechos de la señora, no puedas hacerle ver el desprecio que ella siente por los demás, y por si misma, y siga, pues es ella la que lo hace, apoyándose en la treta de hacer valer sus derechos, para faltar al respeto a todo lo que se mueva contra sus desagradables deseos. ¿Y cómo es eso de que no es la señora la que me mira, sino su vida? Me mira ella y con un estado orgulloso de desprecio.

Desnortado, si vives en Madrid, por la A-1.

P.D. Excusa es con equis, a no ser que te refieras al escusado (retrete).

Desnortado dijo...

Tiiiito ¿Y el 3 (tres), es tres-tres uno, y/o diverso a la vez por suma de tres? Venga Tiiiiito, no te hagas de rogar, que las señoras de la cebra se van a orgullear y tú, con razón razonable, te vas a cabrear. Son estas "Escusas" las que te doy, para que me contestes en este escusado.
No, en sus Antípodas.
¡Que diver es esto!

Manolo dijo...

Parece que, históricamente, fue necesario decirles a los poderosos que no había ninguna ley, ni natural ni mucho menos divina, que les diera derecho a creerse superiores y a despreciar a los débiles. Hubo que convencerles, a ellos y sobre todo a los débiles, de que todos eran iguales. Como la Biología demostraba lo contrario, el argumento se recondujo hacia la igualdad de “oportunidades”, de “derechos” y de cosas así. Si hubiera existido un auténtico respeto a las diferencias, no habría habido lugar para el sentimiento de superioridad porque los diferentes no son comparables. Pero el argumento de la igualdad caló y triunfó. Al menos a un cierto nivel psicológico. Sin embargo, el abuso del concepto de igualdad nos ha llevado al uniformismo. Casi nadie quiere ser demasiado diferente de su entorno. El consabido “¿me estaré yo equivocando al pensar distinto a los demás?” genera inseguridad. Eso, además, les viene de maravilla a los poderes políticos y económicos porque nos convierte en un rebaño más manejable. Supongo que si el brujo de la tribu fuera como aquellos venerables druidas, un auténtico sabio, nos diría que la igualdad que, quizás, todos compartimos no se refiere a nuestra situación actual sino a la que podríamos alcanzar si cada uno desarrolláramos plenamente todas nuestras capacidades, incluyendo las que están “dormidas” y ni siquiera sabemos de su existencia. Por otra parte es curioso que, desde los poderes establecidos, no cesen de repetirnos que hay que promover la innovación y la creatividad, cuando es obvio que, si el pensamiento creativo se generalizase, la homogeneidad desaparecería y tendrían mucha más dificultad en gobernarnos. Es la prueba de que la homogeneidad nos lleva al cementerio.

Cuando se repite que el hombre es dueño de su vida, pienso que, en primer lugar se nos intenta convencer de que nadie nos somete, que la democracia es un sistema perfecto. Pero, más allá de esa lectura, existe otra con más calado. Es la que se apoya en el concepto de propiedad. Al ser propietario de mi vida (o de mi cuerpo) se entiende que puedo hacer con ella lo que quiera. Que la controlo y que no tengo que darle explicaciones a nadie. ¿Es realmente así? La evidencia demuestra, una y otra vez, que eso es sólo una ficción. ¿Por qué, entonces, las enfermedades aparecen en mi vida sin mi permiso? ¿Por qué las casualidades, la suerte o como le queramos llamar, estropean mis planes? ¿Por qué no me enamoro, o me desenamoro, cuándo y cómo yo quiero? Pero, si no soy yo el propietario de mi vida, ¿quién lo es? En mi opinión, la trampa es el concepto mismo de propiedad. Es un concepto artificial ligado a la necesidad psicológica de poseer y dominar. El autor menciona el concepto de responsabilidad. A mí me parece que por ahí van los tiros, aunque tampoco sé bien cómo entender o delimitar este concepto. Él dice que “cada uno es responsable de su destino” y a mí se me ocurre que cada uno lo es en la medida en que sus propias capacidades y los demás le dejan. Aunque sé que eso también tiene trampa, porque puede ser la excusa perfecta para no moverse y creo que siempre hay un margen de actuación. Hay dos matices que tengo claros. Que tengo una responsabilidad, al margen de que la quiera asumir en su integridad o no. Y que se extiende a todo aquello en lo que yo pueda influir. Lo primero es un desafío permanente a mi voluntad de activación. Y se combina con lo segundo, porque yo puedo influir mucho más de lo que honestamente creo y, por supuesto, de lo que quiero creer. Pero, sobre todo, porque me obliga a superar aquellas de mis limitaciones que reducen el alcance de mis contribuciones al desarrollo de los demás.

Desnortado dijo...

Pues yo, Manolo, hombre serio,metódico, equilibrado y respetuoso, pienso, creo, confío, en cosas como las que dices, pero no en todas, gracias claro a mi propio principio de independencia y voluntad, aunque sea pequeñito e inacabado. Sí, pero, me gustaría saber cuando fue ese momento histórico en que a alguno, superior a los otros, claro, al menos en la creencia de esos otros, se le ocurrió advertir -tarde- a los ricos y poderosos, de que no eran tan especiales como creían, y que tenían que entender la comunidad humana bajo principios de igualdad, al menos el de las almas. No habrán sido, desde luego, los primitivos y ya dominantes narradores de mitologías apoyadas en la verbum popularum. Desde luego no fueron los grandes sabios de la antigüedad, ni Homero, ni los escribas egipcios, ni los gurus y santones tribales del Africa. La humanidad tardó muchos siglos en llegar a creer necesaria tan estimulante recorte de ventajillas habituales, y por ahí andaban los cristianos primitivos, y antes otros en territorios como el asiático o el indostaní, y todavía nosotros mismos y los que nos seguirán. Más bien, en los primeros tiempos se halababan tales diferencias estimuladoras entre dioses, héroes, diablillos, angelotes y demás personajes cortesanos, respecto a humanos ciento por ciento.Y así, el hombre fue creyendo/soñando con esa posibilidad de ser más y mejores, cosa que acabó discutiéndose en los campos de batalla. Sabemos que la diferencia no es la que existe entre escalones sociales y culturales o económicas de la humanidad, sino respecto a la capacidad de desarrollo personal de cada "individuo" en la búsqueda de su Yo verdadero (lo de Franco era otra historia, y es un poco penoso traerlo a cuento). Como dice Manolo tan bien, no controlamos por ahora nuestro destino, pero tampoco hemos desarrollado cabalmente nuestra responsabilidad, como exige el autor. Habiendo entendido al menos, pero no todos, que no ser capaz de ejercerla no es excusa (ahora sí). Y a partir de aquí, coincido ampliamente con las meditaciones resolutivas finales de Manolo, lo que no quiere decir, por supuesto, que entrambos seamos una unidad de destino en lo universal. Porque él, además, es alto.

Eolo dijo...

Es relevante que el autor haya hecho en este párrafo una salvedad a su atemporal expresión en el escrito. Parece como ofrecer un salvavidas, a mi entender innecesario, a la racionalidad social del común de nuestros días, con la idea de que las concepciones que incluye su manifestación no resulten en exceso escandalosas.

La aseveración de la igualdad de los seres humanos no puede sino proceder de la ignorancia, la misma que anima a los que hacen las leyes para amachambrarla con fuerza en el interior de los demás, como queriendo exorcizar con ello sus propios fantasmas.

Si algo es evidente y asequible a la consciencia cotidiana eso es la diferencia, por ello existe la comunicación, el intercambio, la relación, la existencia de los grupos, la cultura, las sociedades, y un enorme etcétera que es hasta cansina su mención. Tener que explicar la diferencia es tan básico y pueril como explicar a un universitario el mecanismo de un chupete. En cambio, más allá, de las necesidades impuestas por la sociedad, cada hombre sabe que todos los hechos en su vida son individuales, y derivados de esa naturaleza intrínseca, su vivencia es genuina y singular.

Partiendo de esta singularidad es desde donde creo que se asienta el sentido de la responsabilidad individual, y solo desde ella. En tanto en cuanto un mismo suceso puede ser vivido por tantas formas como personas lo contemplan o participan en él, e, incluso, como la Física llega a decir, que su propia y particular participación hace que el suceso sea como es, así solo se entiende que exista una irrepetible experiencia singular en cada uno de los que están. Y eso es de lo que cada cual es responsable. Responsabilidad de presencia, de percepción, de participación, de vivencia y de respuesta, y todas ellas a partir de tu singular individualidad. ¿Será por eso que el sujeto está sujeto a su subjetividad?

Cuando me preguntó qué se tiene que hacer ante el hecho vital, llego a la conclusión de lo ilegítimo de mi pregunta, pues no puedo separarlo de mi propia vida, y la respuesta he de buscarla en toda la marasma de la que se compone esta, sabedor de que en ella se está produciendo siempre y perpetuamente la respuesta.

Los eslóganes sociales y proclamas derivadas, son unos signos minúsculos de un tiempo, caracterizado por un poder con apariencia colectiva, que cada vez teme más la llegada de una libertad en conjunción.

La Inquisición, por tomar un ejemplo en el que todos estaremos de acuerdo, no solo fueron abominables procesos para perseguir las líneas torcidas del catecismo occidental, sino también, y esto no gusta de oírse, una forma más en cómo el poder actúa en el deseo de la rectitud del pensamiento único. Y, ¿qué más da, ahora, quién ostente ese poder y cómo? y ¿qué más da el discurso con el que se quiere convencer?, y ¿qué importancia tiene si el señalado es este u otro? Poder tiene suficiente clarividencia como para camuflar su propósito de diferentes formas y composturas, con tal de negar la posibilidad de que sea conocida la profunda naturaleza mística del hombre.

Gaspar dijo...

Nadie es dueño de la vida de otra persona, quizás en alguna manera responsables pero no dueños o culpables. Desde el compromiso en el nacimiento y ante la responsabilidad de posibilitar desarrollar al máximo las capacidades impresas al nacer, entiendo que el hombre es dueño de su vida y responsable de su destino. Quizás en un intento cobarde de autojustificación ante lo que es nuestra vida, se busquen excusas en el entorno o circunstancias que nos reconcilien con nuestro estado. Desde mi punto de vista doble error, en primer lugar porque la situación vivencial o estado personal no puede ser estática, y en segundo lugar porque creo que a pesar de las dificultades o circunstancias, se es responsable de la decisión adoptada. La necesidad de justificar nuestros errores, viene determinada por la identificación con nuestro estado; reconocer y asumir los errores reconduciendo nuestra vida, conllevaría a un acercamiento a nuestro yo más verdadero que daría paso a otro estado, cutrecillo él seguro que sí pero menos que el anterior. A mi modo de ver, la pregunta del texto que se comenta " ¿ a quién tenemos que convencer ?" mi respuesta es, fundamentalmente a nosotros mismos, convencernos a nosotros mismos porque disponemos de herramientas para que nuestra vida sea distinta a lo que es, a través del compromiso con nuestro yo.

Cada uno al nacer adquiere un compromiso y es responsable de su destino; y entiendo que este destino personal no puede ser por y para sí sólo, considero que el nacimiento se justifica por la existencia presente pasada y futura de otros hombres. Se confunde destino con meta como logro individual, cuando quizás el destino personal estaría más identificado con la posibilidad de limpiar y enriquecer el entorno. Poniendo un ejemplo, creo que el destino personal tiene una analogía inversa con una prueba ciclista; de tal manera, que es frecuente considerar que se ha alcanzado el destino cuando se logra alzar los brazos al cruzar la meta, y quizás el destino fuera quitar piedras del camino para que los otros participantes no pinchen y puedan llegar a cruzar la meta.

Carmina dijo...

Venerar la diferencia tiene un curioso significado si recordamos que venera es vieira, la concha que Venus cabalga sobre la espuma del mar, del que procedemos; que la Tradición atribuye forma de concha a la luz sepultada en la materia, el símbolo que ha de conquistar el peregrino en su viaje a Compostela; que materia tiene su raíz en mater, en la Madre… Se sabe que la materia no actúa ciegamente, que cada célula se especializa, en corazón o en espiga, evidencia de que conoce su destino.
Si no hay dos gotas de agua, ni dos granos de arena, ni dos copos de nieve que sean iguales ¿no es absurdo esperar igualdad en los seres humanos? Y esa expectativa ¿no nos obliga a ceñirnos a la idiosincrasia de otros para ser aceptados, exigiendo a nuestra vez parecido tributo a los demás, en un juego de complicidades que fortalece el corro y le impide girar?
Dijo un poeta: “Amarse no es mirarse uno a otro, es mirar juntos en la misma dirección”.

Atila dijo...

Despues de la muerte de Franco, iba en el autobús y escuche la siguiente conversacion de dos mujeres mayores de humilde origen.
- ¿sabes que hemos entrado en democracia?
y la otra contesto.
-¿Y eso que es?
-Pues que ahora puedes hablar mal de todo el Gobierno, eso si, menos del Rey.
Y además prosiguió, ahora todos tenemos derecho a votar y vale tanto el voto del rico como del pobre, de los que han estudiado y las que no sabemos nada como nosotras, de manera que ya somos todos iguales,votar es poner en un papelito el que te gusta mas.
Si nos paramos a pensar la gente de poder compra a los medios de comunicacion que no se les mencione: ni en la television, radio, revista y algunas veces en los periódicos, sin embargo la television, radio revistas nos muestra los amoríos de gente mediocre, su intimidad,sus veraneos etc. Y la gente los sigue y en muchas tertulias salen a relucir estos personajes.
El poder pretende la igualdad. En invierno como se lleva llevar el ombligo al aire, ves montones de jovencitas mostrándolo a pesar de sus gorros y bufandas.
Todos al final vamos vestidos iguales, con el color de moda, las mujeres encaramadas a sus sufrientes tacones. Todos los políticos nos quieren convencer de lo bien que vamos a estar si los elegimos a ellos, cuando son ellos los que van a vivir mejor que nadie y el país poco les importa.
Estamos en peligro de que todos nos volvamos idiotas, pero así es mucho mas fácil manejarnos

virtudes dijo...

La dificultad de comprensión de los textos, me invita a divagar un poco sobre la facilidad. Me gustaría matizar, que probablemente, en la mayoría de los casos nos lo ponemos difícil. ¿Dónde reside el encanto de lo fácil?. ¿por qué tiene algo que serlo?.

El modelo y la razón definen y delimitan la naturaleza y el grado de dificultad y lo sitúan dentro de los parámetros de lo razonable, el destino, la evolución,están sujetos a esos parámetros de cordura, que no es más que una forma ,consensuada por la mayoría, de locura, y proyectan y fomentan un comportamiento y una valoración regia y rígida de lo que es la evolución que confunden con prosperidad progreso y suciedad del bienestar. Situación ésta que por fortuna tal vez hallan superado algunos, al menos en el plano de lo manifiesto donde el grado de responsabilidad parece bastante aceptable. Ya encontramos satisfacción y placer y no escatimamos esfuerzo en intentar hacer bien lo que nos toca , y no pretendemos:
Que nos trabajen
que nos coman
que nos traigan
que nos lleven
que nos sujeten la pluma
que nos pongan la ropa.
Pero en lo menos concreto,dentro de otras realidades mas abstractas, menos manifiestas que también tiene que ver con la evolución hacia lo esencial, a veces nos sorprendemos en una actitud de regreso a la teta. Y ahí si pretendemos:
Que nos lleven
Que nos muevan
Que nos limpien
Que nos curen
Que nos iluminen
El amor, a ver si nos lo hacen
Que nos expliquen el destino
Que nos desvelen los misterios con detalle.

Puesto que es voluntario que sea fácil.
¿Qué estímulo es para la inteligencia lo fácil?. ¿Para que haría falta el valor en lo fácil?. ¿Qué misterio habría que desvelar si fácil fuera?.

Si la inteligencia se estimula ante lo difícil, en el reto que se establece ante uno mismo de trascender la propia capacidad,quizás nos ayudara que la consciencia adquiriese la conciencia de que a cumplir el destino se va s quiera uno o no quiera y sería fantástico, convocar, en la esperanza, el valor y la voluntad de aunque así me muera, ya que si se ha de ir, sería mas práctico que cuanto antes.., sea..







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Eneadene dijo...

Atila se desmelena por éste mundo tan habitual,consabido, y hasta ordinario. Desde luego, no creo que haya escuchado esa conversación tan denigrantemente zafía en los tiempos de la transición, que suele ser habitual endilgar a las clases bajas. Más bien se la inventa con imaginación más que atada y bien atada, y en lugar de meditar sobre lo que debería hacer y saber, se empacha de críticas que bien valdrían uno de esos programas de la TV que denuesta, con razón pero poca resolución.
Virtudes en cambio prefiere una "realidad" complicada y dificultosa para sacar adelante un posible estatus evolutivo. Y así tambien se dicotomiza, y nosotros con ella, en esa dualidad del quiero/no quiero que nos asola habitualmente para no tener que resolver las cosas por nosotros mismos.En definitiva, que lo hagan los otros. Me ha gustado en particular su cesión de la carga del amor y el sexo al otro, algo muy habitual por miedo y por orgullo, y así con casi tanto todo. Que lo hagan "ellos". Y finalmente se equivoca cuando asegura que al destino se va/se llega/se cumple, quiérase o no se quiera, cuando ya sabemos que el único mandatario del destino, si bien abocetado en su inicio, somos finalmente nosotros solos. Bueno, deberíamos serlo.

Anónimo dijo...

Carmina, eso de "amarse es mirar en la misma dirección" es un poco antiguo y casi cursi, del siglo XIX o del neoplatonismo. PArece que implica cierta complicidad de defensa/apoyo mutuo y que va en contra del respeto a "la diferencia", concepto que áquí se viene discutiendo con énfasis y contradicciones, que por lo que se ve, seguimos teniendo. Al parecer tambien, amarse sería mirar para cualquier lado sin dejar de entender al otro y percibirlo sin sobarlo demasiado. Y volvemos a lo de que AMAR sería eliminar la mutua dependencia, la complicidad, y como ya se ha dicho en la historia, abrir tu casa/alma y cuerpo a la recepción del otro.

Anónimo dijo...

La falta de respeto a la diferencia comienza con la falta de respeto al SER de uno mismo, ya que por ego-ismo nos comparamos con los demás y sin pensar en que somos unos seres únicos e irrepetibles, nos intentamos igualar de forma económico-social a los demás y con esa igualación trasladamos nuestra falta de responsabilidad de nuestras acciones u omisiones a esa mayoría igualitaria.
Esto trae como consecuencia el que nos repitamos constantemente que somos dueños de nuestra vida, como excusa de nuestra falta de responsabilidad en nuestro destino, que intuimos que no es lo que estamos haciendo y que posiblemente sea una igualdad pero no en lo económico-social, sino evolutiva en el sentido del total desarrollo de nuestras capacidades, buscando la igualdad ayudando a subir la escalera a los que se encuentran por debajo de nosotros y no intentando ascender un escalón a costa de apoyarnos en los demás.
Respecto a los brujos que comenta Enrique, creo que entre los muchos que intentan hacernos creer que lo son, continúan habiendo y no han dejado de aparecer a lo largo de la historia de la humanidad, lo único que creo que pasa es que antes hubo algunos se dieron a conocer públicamente de una forma muy clara (Confucio, Buda, etc.), otros de forma no tan clara pero sus orientaciones crearon unas tendencias que marcaron la historia (Cátaros, templarios, etc.), y otros seguro que trabajaron de forma totalmente velada. Todos conocemos el famoso dicho que cuando el alumno está preparado aparece el MAESTRO, por lo que solo hay que tener INTENCIÓN DE EVOLUCIONAR para que aparezca el MAESTRO, BRUJO, o como se les quiera llamar.
Espero que lo dicho en este segundo apartado no mosquee a nadie porque considere que los mencionados NO son brujos, maestros, etc,, pero es muy posible que si no lo fueron estaban detrás de ellos guiándolos.
IJACAE

Beucis dijo...

La igualdad que predican todos los credos políticos, todas las constituciones, todas las democracias, es una igualdad muy confortable, con un rasero común a la baja, que nos evita las comparaciones molestas. El sabio, el bardo, el que hacía las leyes, ese referente de los antiguos pueblos, cuya voz era escuchada con respeto, han sido sustituidos, por gentes surgidas de la media, que no nos inducen a sobresaltos y que mandan consignas chatas y calculadas, consignas tranquilizadoras que dejan las aguas quietas, sin turbulencias.

No hay nada que intranquilice mas que la diferencia. Implica que hay alguien que nos supera, que es espejo molesto de mi poquedad, y eso inquieta y mucho. Nos puede y debería inducir a mayores estímulos, a mayores responsabilidades, pero es una puesta a punto que conlleva trabajo –soltar trabas—en el ámbito social y en el personal y puede ser incómodo, desgarrador. Hay que enfrentarse a nuestras miserias, a nuestro estado pobre, casi de larvas y, aunque no guste, aceptarlo. Y con ese pobre estado en la mochila de viajero, iniciar la andadura que nos lleve fatigosamente a escalar peldaños para encontrarnos con la diferencia. Mientras tanto, al movernos, se genera movimiento, y esto convoca inquietud y rechazo. Las aguas quietas, son cómodas, aunque cubran pantanos.

“Venerar la diferencia”, implica la búsqueda del misterio que cada cual lleva consigo; implica el comprometernos con todas nuestras posibilidades dormidas y desvelarlas, ponerlas en acción; que nuestra bóveda muestre todas sus constelaciones y nos invite a contemplarlas, a incorporarlas a nuestra personal geografía. Porque no somos iguales: cada una de nuestras estrellas, de nuestras células, de nuestros anhelos, son únicos, y por mas que el brujo de la tribu se empeñe en pastorearnos y adormecernos, lo único que puede conseguir en ese estado de hipnosis, son votos lastrados que ya se encargará la crisis de turno de resquebrajar y romper.

Dueños, creo yo, no somos de nada. Estamos cumpliendo un destino que se inició cuando elegimos nacer y terminará al morir, con las páginas de nuestro libro leídas y cumplidas, o bien, a medias, y apenas deletreadas. Ano, el dios bifronte; el que custodia las Puertas custodia el proceso. Que él, Jano, los Juanes del agua y del fuego, de la memoria y de la purificación,nos sean propicios.

Para Juan, mi amigo, hoy 24 de Junio, pasada la noche de las hogueras, en recuerdo a tu diferencia . Con todo el amor que pueda ser capaz de dar.

Ulises dijo...

Parece extraño a primera vista que el hombre sea dueño de su vida y responsable de su destino, y que sin embargo no sea dueño de su cuerpo. El cuerpo es algo así como la vestimenta que se nos ha dado mientras dure nuestra estancia en el planeta Tierra. El cuerpo merece todo nuestro respeto.

El hecho de que el cuerpo sea algo prestado, no mengua su importancia. El cuerpo es indispensable para la vida. Gracias a su ayuda podemos evolucionar y cumplir la misión para la que hemos nacido. El cuerpo es nuestro aliado. No es nuestro enemigo, como podría entenderse en una lectura superficial de lo que el catecismo llama los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne.

Aunque no seamos dueños del cuerpo, nuestro deber es cuidar de él para que pueda servirnos durante el mayor tiempo posible. Ello significa sencillamente que si en nuestra vida diaria hacemos cualquier cosa que pueda perjudicar la salud y acortar la vida, no estamos cumpliendo con este deber y seremos responsables de ello.

Todo lo anterior es la antítesis de las ideas que proclaman algunas personas, especialmente mujeres, de que el cuerpo es mío y puedo hacer con él lo que quiera, incluido el abortar si está embarazada, impidiendo así la llegada de un nuevo ser, con la gran responsabilidad que esto implica. ¡Que lamentable error cometen!

Zascandil dijo...

Los poetas....buscan conmover, deleitar el ánimo(ánima, alma)...alertar la atención hacia el misterio, la esencia.

Atención, no distraerse, ir diretamente a lo importante a la esencia.

Directo significa no deternerse en puntos intermedios, no dejarse engañar por las artimañas de los miedos, de los estereotipos, de las complicidades, de todo aquello que termina conformando nuestra "personalidad", esa que creemos tan peculiar, pero que en el fondo está usurpando nuestra verdad.

Dice el poeta (tan análogico él) que mirarse uno a otro puede que no sea más que regordear miedos, confirmándolos, cuidándolos, justificándolos, y que eso no le parece que sea amar, sino mirar entrar dentro de un bucle que se fortalece y densifica atando a los supuestos amantes dentro de una danza suicida donde en realidad de lo que se trata de eliminar lo diferente no amarlo.

"Amarse es mirar juntos en la misma dirección", sigue diciendo el poeta, y yo entiendo que por qué no, si dirección tiene que ver con la palabra "directo" e ir directos a un sitio, o hacia una búsqueda significa no quedarte enganchado en lo que no es importante, en los puntos intermedios, en las trabas que te distraen de lo esencial.


Es supone, a mi parecer dirigir tu atención y tu pasión hacia el misterio del otro, hacia su verdad, y no concibo otra forma de realizarlo como no sea entregándote a la aventura del misterio del otro y ésto no se puede llevar a cabo sino respetas su diferencia.

Entiendo que expresado así no es ni conceptualmente ni en la práctica es algo fácil de entender, por eso a lo mejor solo lo pueden decir los poetas, y nosotros tratar de romper estereotipos binarios e intentar escuchar con más atención lo que nos están queriendo decir.

¿Cómo se podría definir quien presume de desdecir un comentario y tomando prácticamente los mismos conceptos de la argumentación desdicha llega a las mismas conclusiones, a decir lo mismo? ¿Crítico por vocación?, ¿rebelde porque el mundo le hizo así?, lo digo con cariño, de verdad

Mandrágora dijo...

Entiendo «el hombre dueño de su vida» como reivindicación al espacio necesario para emprender su propia andadura y poder multiplicar los talentos que nos han sido dados. La capacidad de matización que cada situación requiere entiendo que le corresponde a cada uno, y no es posible desde el otro: le faltan datos, mejor dicho, le falta todo, y máxime cuando te vas dando cuenta de lo inabarcable que es cada uno y de lo mucho que nos puede llegar a sorprender y sorprenderse uno de sí mismo.

Esa igualdad de oportunidades me parece que podría ser válido como plataforma que permitiera la posibilidad a que cada uno recorra su camino y desarrolle sus peculiaridades, pero quién puede arbitrarlo y hasta dónde. No se me ocurre cómo compaginar el desarrollo personal sin obstáculos recalcitrantes y, por otro lado, un orden social que permita proteger a los más vulnerables, ese compaginar las reglas comunes para que todos quepamos y la excepción aplicada —yo diría de forma habitual— según cada situación, una armonía social sin entrar en colisión con una armonía individual. No sé cómo sería.

José dijo...

En este texto el autor deja claro la responsabilidad del hombre frente a su destino. Esto también se enmarca en el ámbito de la libertad y de la subjetividad. Es evidente que tendemos a agruparnos como actitud defensiva, como búsqueda de protección, y erigimos a un líder o a un modelo para apoyar nuestras decisiones o para avalarlas.

Es evidente que a lo largo de la historia, en lo que podíamos definir como nuestra educación formal, los hitos son las efemerides que conmemoran las victorias de los fuertes contra los débiles, de los llamados justos contra los llamados injustos, etc. Podríamos extrapolar esto a una ideología basada en un concepto de evolución sujeta a una interpretación dual del espacio y el tiempo. Lo que quisiera decir es que nos basamos aún, en el terreno social, en que la tierra es plana y en el que amanece y anochece solo en nuestro planeta y que nuestra virtud es ser gregarios. Ser simplemente uno más, un "humilde" ser humano atado de pies y manos a un destino "preestablecido" o como dice el autor "consensuado por la mayoría".

Como, también, dice el autor a pesar de lo que personas como Heraclito o Pitagoras, o de los descubrimientos científicos que auscultan multidimensiones, seguimos creyentes de nuestros sentidos deben mecanizarse, apacentar nuestros sueños con somniferos, vivir planamente y dejarnos llevar por los carriles trazados.

Goyo dijo...

Aún resuenan de vez en cuando cantos en pro de la igualdad, voces que no hace tanto levantaban en masa poblaciones enteras. Cantos y voces de gentes que en disposición capacitiva de otras expectativas de formas de vida, y hartos de tanta miseria provocada por el descarado dominio del poder, se echaron a la calle revindicando, con proclamas solidarias y fraternales, mejor y mayor reparto de bienes. La más elemental de las necesidades de subsistencia lo convertía en prioritario. La llamada a poder ser como el otro, como el otro que era rico, tuvo su respuesta.
El cambio de timón fue espectacular. En poco tiempo las sociedades industriales de Occidente pasaron de la necesidad a la abundancia de bienes consumibles, con el trazado de un sistema que articulaba la gran trampa : a más consumo mayor retroalimentación del sistema, y menor insistencia en la búsqueda de la libertad. La uniformidad del pensamiento comenzaba a pergeñarse.

Hace unos días asistí a un encuentro de grupo que tenía como motivo proponer trazados a cerca de la“Complejidad“ ( ...el nuevo discurso de pensamiento que en múltiples ensayos se está difundiendo ). Imaginad quince personas de perfil afable, gente letrada e ilustrada con abundante lectura de libros a sus espaldas, gente avezada en los propósitos de las libertades sociales, gente con intenciones de vivir la diversidad y la biodiversidad ( y hasta la pluridiversidad, diría alguien ).… Sobre la mesa de trabajo conceptos como : empatía , aceptación de las diferencias, pluralidad e incertidumbre… y hasta el sentido cuántico de la vida. En el centro del ruedo, derrotes en la envestida, incertidumbre ocasionada por sensaciones cruzadas, entendimiento nublado, salpicadas simpatías y mucha empatía anunciada. Resultado de la propuesta : “ Sesiones de trabajo de grupo” , que el propio grupo realizaría para sentirse en “co-herencia” , como en un latido común, y así buscar destrezas que hiciesen posible una mejor conectividad en el enfoque del trabajo sobre “Complejidad”…. Era difícil encajar aquello, pues ¿ acaso se puede actuar como diferente haciéndose partícipe de una herencia común a la que hay que supeditarse ?, ¿ podía ser cuestión de destrezas, de destrezas que adiestran, lograr un ensanche de consciencia que posibilite mayor acercamiento al pensamiento complejo?...


Salí de allí con el cuerpo dolorido, amenazaba tormenta en el cielo, y mi cabeza zumbaba con tanto “cacao de estimados humanitos” que tenía que digerir .

….. Quizás la complejidad inalcanzable de nuestro organismo y la simpleza, que proporciona la ignorancia no reconocida, con la que lo tratamos, haga que nos movamos con tanta torpeza, posibilitando que nuestros propósitos e intenciones se alimenten básicamente de lo doctrinario porque aún no hemos integrado, como de manera biológica, en nuestro organismo un estado de complejidad. Tal vez por ello nuestro pensamiento nos haga acudir una y otra vez a repetir con tanta insistencia lo modélico, pues al pensar que hemos cambiado el recorrido del discurso creemos que también lo hemos hecho con el estado. Diferentes ya lo somos, pero ¿ hasta dónde llega nuestra personal consciencia de sentirnos diferentes ?

Salva-sea-la-Parte dijo...

Para todos los diferentistas extremos, me encanta reconoerlos iguales en esa confirmación razonablemente diferencial, como decía la canción aquella del verano: "Somos diferentes-diferentes,al resto de la gente que un día conocí....", etc. Cosa que creo le mola a la mayoría pero no se atreve a satisfacer de verdad, al contrario de lo que dice Beucis, que se enfada con el que cree (él) asume con alegría el sanbenito que le endilgan los demiurgos del colectivismo en sus discursos cargados de unidad, fraternidad e igualdad mal acotadas. Discursos dan muchos, y a todos los discursivos, afincados en su universo personal desde pequeñitos merced a esas metamorfósis y prognosis que se elaboran en el lar domésticus, les gustaría que los escuchantes le hicieran caso y siguieran su camino, con lo cual la diferencia tendría referencia, y no sería ciento per ciento personal. ¿La hay alguna? Entre mayores y maestros transcurre nuestra vida en gran parte, y el que no se espabila a tiempo está condenado/sujeto a seguir recibiendo consejas todo su pedriplo para llegar al cabo y darse cuenta que de su propio jubón no se ha comido ni un rosco. Yo propondría a los teóricos y apostolantes que quieren asumir y deducir el mundo para todos los otros, fueran un poco más modestos, a lo mejor no son los únicos capaces de hacerlo, ni tampoco los mejores. ¡Qué vida ésta! Habría que felicitar al que naciendo con ese poquitin más de neuronas disponibles es capaz de resolverse la vida y el encuentro con la verdad por sí mismo. Lo malo es que hay muchos que ya lo intentaron y conviene prestarles atención para ahorrarse búsquedas repetidas. Ah, sí, yo también he recordado el 24 a el Don Juan titiritero que caminaba para llegar a ser grande, y de alguna forma lo era, como casi todos. Y no hace falta ser amigo para sentirlo.

José dijo...

Esencialmente estoy de acuerdo en todo el comentario de Ulises. Pero, siendo evidente que abortar es atentar contra la corporeidad de un nuevo ser, que en realidad es de todos y que debemos cuidar, hay una matización moral compleja, en el sentido que hay multitud de formas de ahogar la supervivencia del hombre. Hay muchas formas de "matar", de hacer daño, de perseverar en el engaño de la uniformidad ética en una sociedad violenta y regida por el poder consensuado, en este caso, por una minoría. Es fácil ser blanco, caminar custodiado por el "bien" social, vivir placidamente transitando por anchas avenidas en donde se pueden tomar direcciones, sin miedo al derrape, si se conduce con prudencia.

Pero el mundo no es igual en todas partes ni en todos nosotros. Es esto lo que tambien hay que derribar, el concepto de la igualdad como imperativo legal. El error es del ser humano no de una conducta aislada y agónica. Somos responsables de nuestro destino y, porque no somos iguales, del destino de todos. Si fuéramos iguales nada alteraría el destino. Para contribuir para que nadie aborte , para que nadie haga daño debemos aceptar al otro y no juzgar, más bien debemos atender, curar, modificar, dar, mirar hacía afuera.

Anónimo dijo...

Zascandil me interpreta a su manera, que es lo que nos pasa a todos, y en eso nos iguala, a menos que sea diestro averiguador de entuertos y dislates más allá del común entendimiento medio, aparte de revisor de blogs, webs, y páginas sociales varias a la búsqueda de información transversal.
Confirmo mi apunte crítico del poeta que se inventó eso de mirar en la misma dirección para amarse, ("porque es la vía directa"), cuando el amor es combate de desasociegos, y de conjunciones como relámpagos que nos abaten para renacernos. Quiero donarle otra interpretación al respecto de un poeta, que a lo mejor Zascandil elude reconocer por pulcritud doctrinal.

"Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas (*). Yo, sin lucha, inerme,

me declaro vencido, si vencerme
es ver en tí mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,
tiras de mi raiz (*), subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brizas y la rozas con tu beso.
........."
Zascandil zascandilea desde su atalaya asegurada en la Mutua de la verdad registrada.
Desde mi entusiasmo cariñosamente crítico, por vocación, se lo digo.

Afrodita dijo...

A ver si me desenredo con el amor y el mirarse mutuamente o en la misma dirección. De entrada, cuando Carmina escribe la frase por primera vez (primera vez en el blog), parece que el mirar en la misma dirección es más deseable, que sugiere un amor más depurado, ¿o no es cierto que los amores en los que sólo parece existir el ser amado, y un sólo ser amado, dan una cierta sensación de asfixia, de empobrecimiento, de “esto es lo que yo amo y nada más”?
Luego, en la réplica de Anónimo (el de las 13:19 del día 23; que creo que no es el mismo que el que firma IJACAE) aparece la reflexión de que eso sí que es no deseable porque está implicando una especie de complicidad; y la acepción de qué él entiende como amarse resulta también bastante convincente.
Posteriormente Zascandil replica a Anónimo (que no es que me dé yo cuenta así al primer pronto, sino que lo deduzco por la alusión que más tarde le hace Anónimo) ; y la argumentación de Zascandil también tiene, a mi parecer, mucho de aceptable.
Y en la última intervención de Anónimo apunta que el amarse ha de ser combate; algo así como vivir en un ay; que también, ¿por qué no?, puede ser.
Son exposiciones diversas, distintas, contradictorias (o confrontatorias, no sé) y, sin embargo, todas expuestas con pulcritud y bien argumentadas.
Tal vez (o casi seguro) lo que ocurre con el mundo de los conceptos es que cada cual tenemos uno, el nuestro, y que por muchas vueltas que demos a las palabras y por mucho que intentemos trasmitirlo hay algo en la esencia del concepto, el que sea me da igual que se trate de “amor” o de “belleza” o de “generosidad” o de “honestidad” o de otros miles que puedan nombrarse, que le confiere la cualidad de absolutamente intrasmisible.
Pero las personas lo intentamos, nos pasamos la vida intentando hacernos entender… O a lo mejor intentando entendernos a nosotros mismos porque, en mi caso concreto, estoy ahora mismo que no sabría, de verdad, dar una definición de qué es amarse aunque me amenazasen con “pues, señora, o da usted una definición ahora mismo o la llevamos a la hoguera”.
Antes de los comentarios, sin embargo, sí tenía (o creía, al menos que tenía) una definición que poder dar.
No sé si debo agobiarme porque se me tambalea mi idea, o alegrarme porque en el trastabille me encuentro con cuatro asideros que antes no tenía.
Lo digo en serio. Y creo de veras que eso es bueno. Y que es una bendición de los cielos que tras tantas argumentaciones denostando o ensalzando diferencias nos demos, nos brindemos, al remate, los unos a los otros tantos perfiles de diferencias que, eso seguro, nunca van a empobrecernos.

Zascandil dijo...

A Anónimo


Bellos versos ¡vive Dios!

Desde mi "impulcritud doctrinal" te lo digo y así los reconozco.

No estoy asegurada en ninguna Mutua ¿doy esa impresión?, a lo mejor, y eso es algo que me hará reflexionar, te lo aseguro.

También pienso que es cierto que cada uno interpreta a su manera a los demás, en función de muchísimas cosas, entre ellas a lo mejor intereses no demasiado bien discernidos de nuestra compleja "psique", ¿tú también, no?, sería bueno tratar de no etiquetarnos con tanta facilidad.

Te lo digo cariñosamente insegura.

Anónimo dijo...

Bueno, para aglutinar un poco tanta dicotomía malograda os traduzco otro poema muy cercano hablando del amor que nos acompaña sin necesidad de mirar para el mismo lado, o mirando de vez en cuando sin darle importancia sonora.

"........
El periódico mancha mi día de tristeza.
Tu recuerdo libera mi ternura.
Invento que es verano, y que te tengo,
porque leo un poema llueve en tu cintura.

Y como el mar,
me regalas sol y yodo.
Tu nombre está
escrito en mí, de algún modo.
.........
Me lleva a tí la luz de un sentimiento,
la nube densa de mi té con menta,
el sonido secreto de tu nombre,
la espuma blanca de mi única cerveza.
........"
Saludos a Afrodita y Zascandil(a)

Beucis dijo...

Jano, los Juanes, son los guardianes de las Puertas. Custodian el nacimiento y la muerte. Lo pretérito y el porvenir. El trayecto de esa flecha que disparamos hacia la diana, el de ese río que fluye, que no podemos retener y al que no debemos intentar agarrar los juncos de sus orillas, en una lucha estéril por una falsa seguridad y por nuestra supervivencia.

Desde el instante de nuestra concepción, en el que nacemos y asumimos nuestro compromiso de destino, hasta arribar a las orillas de la muerte, Eros y Tánatos nos custodian y nos impulsan. Fluimos por el presente inaprensible, sin querer mirar hacia atrás, y sin tratar de planificar la arribada en esa meta desconocida. Hacer nuestro el presente; quererlo aprisionar, es estéril. Ese tránsito, aceptado desde nuestra intencionalidad y nuestra actitud, difícilmente comprensible, derrotará al Tiempo, Cronos , a ese Saturno que devora a sus hijos y nos puede explicar aquella pregunta ante la muerte de seres queridos: “ Qué sentido tiene? Sólo tenía meses” “Cómo es posible esta ancianidad extrema y tan conflictiva?” La flecha es disparada desde el arco y llega a su destino cuando debe ser. El trayecto está hecho de instantes. No nos es otorgado contabilizarlos, pero todos son válidos y libremente elegidos.

Cuando el trayecto está plenamente vivido y concienciado, en todos y cada uno de esos instantes que llevan a la identidad, a la esencia, se hace clara la respuesta de Jesús de Nazaret: “ Yo soy, el que soy”, “Cuando tú sepas quién eres, sabrás quién soy yo”.

Travesía hacia nuestra identidad. Veneración de la diferencia


El día 23 de junio quise escribir en todo momento Jano. Perdonad la falta de atención.

Destinatari dijo...

Si yo supiera qué es mi destino
¿lo realizaría?

Si yo conociera las piedras del camino y los tropezones en ellas
¿lo recorrería?.

Intuyo que uno de mis hercúleos trabajos es convertir mi animalidad racional en humanidad angélica, y para ello tengo que coger la escoba intensamente y limpiar mi casa, y las de los que se fueron, para que las de aquellos que vengan se vean con menos polvo.

Y es curioso que todo me huele a polvo, ¿será que estoy en el camino, o que tengo que limpiar bastante más?

No conozco mi destino pero mi yo profundo me dice Él sí y que tengo que coger la escoba y barrer, y barrer…

Afrodita dijo...

Pues parece ser que sí, Destinatari; que realizarías tu destino, pese a todo, y que recorrerías el camino tropezando en las mismas piedras que de cualquier modo tú ya sabías que iban a estar ahí.
Es un asunto extraño, ese, ¿verdad?
Parece a un primer pronto que por qué elegir la dificultad o el esfuerzo. Una noción bastante espontanea de qué es el egoísmo parece indicar que lo “bueno”, lo cómodo o lo grato, es conseguir, en el terreno que sea, cuanto más mejor y con el mínimo esfuerzo. Creo que incluso (no entiendo nada de ciencia ni de tecnología) gran parte de los estudios y avances de la física han ido siempre encaminados a eso, al máximo logro con el mínimo esfuerzo.
¿Por qué tendríamos entonces que ser los humanos tan tontos? O, a lo mejor, tan poco egoístas en el fondo.
¿O es que dentro del ser humano existe una especie de “gran egoísmo inteligente” que lo induce a afrontar la dificultad en pos de un logro de tal calidad, o de tal calibre, que sabe de antemano que merece la pena alcanzar?
Y no alcanzarlo para la propia inmediatez del uno mismo que, a fin de cuentas, se solventaría con un egoísmo bastante pequeño, a la medida de la propia y personal pequeñez.
No sé si cada vez que he escrito “egoísmo” estaría siendo más acertado “ambición”.
De cualquier modo ahí está, ese “lo que sea” que no tiene tal vez ningún nombre conocido o conceptualizable para el entendimiento humano; ese algo que nos hace tener una especie de consciencia aunque olvidada de que la empresa que nos traemos entre manos es demasiado grande e importante como para poder abarcarla y ver sus frutos en nuestra existencia de… ¿Cuánto puede vivir una persona; noventa y tantos años?
No estoy, por supuesto y Dios me libre, tratando de explicarte nada ni de responder a tus preguntas. Solo he tratado de plasmar (muy mal) qué me ha sugerido tu planteamiento.

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